YA ERES ESPERANZA – David Gaspar Lasuén

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YA ERES ESPERANZA

David Gaspar Lasuén

Coordinador pastoral Colegio Compañía de María

http://dgaspar@ciamariaz.org M.ª Luz Sarabia Lavín, odn luz.sarabia@cmaria.org

Vivimos tiempos de desesperanza, seguro que has escuchado esta frase en algún momento y seguro que alguna idea te habrá venido a la cabeza. Vivimos tiempos de desesperanza, pero también son tiempos esperanzados. ¿Cómo puede convivir la desesperanza con la esperanza al mismo tiempo? Por la misma razón que conviven la alegría y la tristeza, porque son necesarias la una para la otra. La esperanza es una espera activa de algo que ha de venir, que necesito para mi propia vida de una manera más o menos urgente. Pero no puedo desear nada que no haya vivido anteriormente por mí mismo, por eso te invito a que revivas y recuerdes aquellos momentos que fueron fundamentales en tu vida y que necesitas que vuelvan a aparecer de una manera u otra con fuerza para continuar tu camino y proyectarte en un futuro de paz y alegría.

¿Cómo puede convivir la desesperanza con la esperanza al mismo tiempo?

Hablar de desesperanza y en este momento para ti que amaneces en el mundo de una manera consciente desde hace no mucho tiempo es hablar del periodo de obscuridad que te ha tocado vivir en estos dos últimos años desde marzo de 2020. Por un lado, te has encontrado con la incertidumbre que supone no tener certezas de lo que va a ocurrir mañana o pasado o en un periodo más o menos corto de tiempo, esto te ha forjado un carácter, una forma de pensar. Las seguridades han perdido forma. Antes eras capaz de pensar qué voy a hacer, dónde voy a ir, con qué personas me quiero reunir y qué lugares voy a frecuentar y eso se ha convertido en una probabilidad. Supongo que, por costumbre, habíamos imaginado que las cosas iban a ser como siempre habían sido, como habías visto hacer a tus hermanos, a tus primos, a tus amigos o como te habían contado tus padres. De pronto, de manera casi inmediata, te ves rodeado de noticias, resoluciones formativas, datos que se toman y que ayudan a tomar decisiones; así, día a día y en la mayoría de los casos, de semana en semana tu vida es determinada por situaciones que no controlas, por acciones que no hablan de ti pero que te afectan directamente.

Marcar este párrafo con fondo de color. Se trata de una propuesta de trabajo relacionada con el texto anterior que tiene que ir distinta.

Proponemos que pienses en aquellas pequeñas modificaciones que has ido incorporando a tu vida de una manera más o menos natural en este tiempo, qué ha cambiado en ti, en las relaciones con tus amigos, en tu ocio, en tus estudios, en las relaciones con tu familia, en tus relaciones afectivas y sexuales…

Pero la incertidumbre también te ha traído cosas positivas. Entre ellas, la capacidad que te ha dado de tener que improvisar según las circunstancias externas, como sabiendo qué posibilidades te daban las diferentes coyunturas en las que te movías. Te has vuelto más creativo, seguro que has encontrado nuevas maneras para disfrutar del día a día, para relacionarte con tus amigos y para seguir sonriendo a pesar de todo. Incertidumbre que se volcaba también sobre la salud de las personas de tu familia, tus padres, tus abuelos… También te hacía más consciente y te ha hecho más consciente del amor tan profundo que sientes por ellos, de la necesidad del cuidado, de la responsabilidad que tenemos unos sobre otros. También seguro que has pensado en tu propia salud, en tu propio cuerpo y te has comprometido de una u otra forma a cuidarlo. Y, sobre todo, has descubierto que cuando alguien te preguntaba qué tal tu familia y tú contestabas que muy bien, como que de momento no habíais tenido ningún susto importante, cómo se te llenaba el corazón de alegría y de alivio por lo que podía haber sido y, gracias a Dios, no fue… y te das cuenta de que sea suerte no depende de ti, como que seguramente tampoco es voluntad de Dios. Pero es su presencia, te tranquiliza y te conforta.

Marcar este párrafo con fondo de color. Se trata de una propuesta de trabajo relacionada con el texto anterior que tiene que ir distinta.

Te proponemos que pienses ahora en todos esos aprendizajes que has tenido en este tiempo, que pienses en esos descubrimientos personales que has hecho respecto a lo que tú sientes sobre los demás y lo que sientes sobre ti mismo respecto a las herramientas que has descubierto que ya posees. Enuméralas y compártelas con los demás, en persona o en grupo.

Si lo piensas, eres capaz de convivir con el dolor y con el placer, con la alegría y con la tristeza, con la desesperanza y con la esperanza. Pronto descubrirás que una cosa y otra están íntimamente ligadas. Que no hay liberación sin esclavitud, que un pueblo como el de Israel, que no ha conocido el desierto, la opresión, la injusticia, no puede anhelar la vida floreciendo a su alrededor, la libertad y la paz interior. Por eso precisamente necesita a Dios, porque es consciente de que solo no puede, de que hay situaciones que le sobrepasan, como en la que está, totalmente determinado por su situación en el espacio y en el tiempo de la historia y por eso precisamente necesita de un sentido, de una orientación, de una mano amiga, de una luz que le obligue a caminar, a salir de esa casa donde nació y buscar otros terrenos fértiles donde cultivar, crecer y ver crecer a las personas que ama.

Igual eso te pasa a ti también, que has nacido en un momento de la historia en el que hay situaciones que te sobrepasan; hoy es el coronavirus y mañana puede ser cualquier otra circunstancia. Para algunas personas esta pandemia ha supuesto la pérdida de algún ser querido, el trauma y el miedo generados por alguna hospitalización, y, para otros, simplemente la experiencia de la falta de libertad provocada por agentes externos. En definitiva, da igual lo que hayas vivido, porque hemos vivido como sociedad las mismas cosas con diferente intensidad, con diferente grado de tragedia. Esperemos haber experimentado que no había distinción entre unos y otros, que esta situación podía incluir a cada uno de nosotros independientemente de nuestro nacimiento, nuestra inteligencia, nuestras competencias. Por eso tú también necesitas a Dios, para que te acompañe en esta incertidumbre, para que te sostenga en la palma de su mano, cuando tú no puedas más o cuando en tu vida no había más que arena y falta de horizonte.

Marcar este párrafo con fondo de color. Se trata de una propuesta de trabajo relacionada con el texto anterior que tiene que ir distinta.

Te proponemos que pienses y que expreses lo que hayas sentido en estos momentos de crisis social, política, de salud pública y de humanidad. Que seas capaz de decirte a ti mismo qué has necesitado y a quién has necesitado en este momento. Compártelo y pídele a Jesús que te acompañe, porque ya entiendes su impotencia respecto al mundo que le tocó vivir y porque quieres que te dé fuerza para seguir con alegría y resolución.

Tiempo de esperanza en ti

Es tiempo de esperanza para ti porque has hecho grandes descubrimientos:

  • El descubrimiento del hoga En estos momentos te diste cuenta de que tenías un espacio en el que poder descansar, refugiarte. Ese lugar que se convirtió en un espacio íntimo para poder ser tú mismo. Tuviste que convivir entre las cuatro paredes de tu casa y pactar tiempos de soledad y tiempos de encuentro. Y allí sentiste en el cuerpo, el calor de estar protegido, arropado y en un lugar seguro para ti. Supiste a ciencia cierta que si querías volver hacia ti mismo en algún momento solo tenías que cerrar la puerta y abrir la ventana para respirar en calma.

 

  • El descubrimiento del silencio que escuchaste en las calles desiertas, llenas de paz y recogimiento. También se hizo presente el silencio en medio de los ruidos de las luces y las sirenas de las ambulancias y la policía. Podías escuchar desde tu ventana hasta los ruidos de los cambios de los semáforos. Y allí te inundó la calidez de escuchar la hondura de la noche. Supiste que el ruido enmascaraba la vida profunda y silenciosa de nuestro corazón. Y que fueses a donde fueses en la vida querías volver escucharlo cada día, aunque fuesen unos instantes.

 

  • El descubrimiento de la mirada en los demás, por encima de las mascarillas. Desde ahí descubriste sonrisas, desagrados, encuentros y desencuentros con tanta nitidez que bastaba fijar tu vista en las pupilas de la persona que tenías en frente para ver más allá. Te miraste en los ojos sin sentir vergüenza y encontrando lenguajes nuevos en esos segundos compartidos y cómplices. De alguna forma eso se te quedó en tu manera de ser. Mirar siempre más allá de la superficie para atisbar lo más hondo.

Mirar siempre más allá de la superficie para atisbar lo más hondo

  • El descubrimiento de la sencillez: intuiste que la vida puede ser más sencilla con menos cosas, con menos artilugios de distracción y que quizá todo pase por poder vivir el presente de cada momento, viviendo sin más, sin ninguna pretensión más que respirar y aceptar los acontecimientos de cada día y saborearlos y sacar la sustancia de cada uno de ellos. Seguramente para tu esperanza será uno de los ingredientes de la fórmula: vivir con menos es vivir con más.

 

  • El descubrimiento de la fragilidad: porque tuviste miedo y temiste por ti y por los tuyos. Y si conoces a alguien cercano que sufrió las dramáticas consecuencias de la enfermedad constataste que estamos hechos de incertidumbre y debilidad, que somos frágiles ante cualquier embestida en el tiempo y que vivir cada día se convierte en un regalo. No quieres que nunca se te olvide esto.

 

  • El descubrimiento de la solidaridad: te emocionaste viendo surgir lo más bello de los seres humanos ayudando a otros, personal sanitario, comerciantes, trabajadores esenciales, personas anónimas que se esforzaban en ayudar y en cuidar de los que más lo necesitaban. Viste donaciones de tiempo, bienes y dinero para tratar de paliar el dolor y la desesperación. De alguna forma quieres devolver todo el amor que has recibido. Esperanzado en un mundo fraterno y solidario donde tú también estés.

 

  • El descubrimiento del encuentro con el sentido: porque descubriste en el silencio, en la mirada, en la sencillez, en la fragilidad y en la solidaridad la presencia de Dios. En cada una de esas personas, situaciones e instantes de vida estaba Él, expandiendo la esperanza en cada uno de los encuentros y experiencias de cada uno de nosotros. Hablaste con Él en momentos difíciles. Le pediste que no te soltara de la mano y él te respondía de inmediato con el calor de la mirada y la ternura de tu familia, tus amigos y de gente que descubriste en ese camino.

 

 

Por eso, aunque pasen muchos desiertos a lo largo de nuestra vida y se te vayan olvidando algunas de las sensaciones que tuviste a flor de piel, en ti siempre permanecerá el anhelo de volver a sentir y ver con los ojos que has visto.

En ti permanecerá la esperanza porque sentiste la oscuridad. En ti permanecerá la esperanza porque desesperanzados fueron algunos momentos. Pero le viste la cara a la Vida.

En cada una de esas personas, situaciones e instantes de vida estaba Él

Tiempo de esperanza (campos de cultivo)

Es evidente que nuestros alumnos y nuestras familias han pasado por momentos difíciles que seguramente se habrán quedado de alguna u otra forma sellados en su corazón, en su cuerpo o en su alma, o quizás en los tres. Han experimentado la desesperanza tal y como hemos indicado, pero también la esperanza profunda y los ingredientes que la conforman. Esperanza es ver más allá de lo que hay estamos constituidos para ser capaces de representarnos de otra forma que, seguramente, se parece a la esencia de la que estamos hechos. Por eso es esencial crear pequeños espacios de la esperanza en nuestros colegios y centros con el aula de interioridad.

El aula de interioridad es uno de los espacios que podemos priorizar y privilegiar en estos tiempos para que sea una realidad. En el colegio pude ser un lugar donde recogerse, donde estar en silencio y donde encontrarse a sí mismo y a los demás. Un espacio donde leer, reflexionar, moverse, bailar y orar. Un espacio donde practicar la mirada interior. Por eso te animamos en estos momentos tan llenos de experiencias profundas y de necesidades tan palpables a que favorezcas un lugar que sea hogar, refugio y armonía. Puede ser una capilla o algún espacio privilegiado en el colegio que se dedique exclusivamente a eso: a ser tierra para abonar la esperanza que ya se halla entre nosotros.

Podremos aprovechar un espacio que ya tenéis: un espacio específico, la sala de interioridad y también podíamos hacer que nuestra aula fuese en determinados momentos, en determinadas horas, un aula dedicada al mismo fin. Pero para eso es necesaria la figura del maestro/a que eres tú, el que muestra la esperanza a los demás y el que se muestra también en camino para vivir siempre desde ella.

Será necesaria una programación para poder abordar los aspectos donde la esperanza se plasma: la emoción, el cuerpo y el espíritu.

Sobre las diferentes dinámicas para cultivar el silencio, la sencillez, la mirada, la solidaridad y el encuentro con ese Dios del que han tenido experiencia podrían orientarse a estos contenidos que podemos secuenciar e incluir en nuestras programaciones dentro de cada ámbito:

  • La respiración.
  • El silencio y el encuentro.
  • El uso de las imágenes.
  • El cuerpo como medio de conocimiento.
  • La contemplación y la mirada.
  • La música como un elemento de mirar el ritmo interno.
  • La palabra escuchada y escrita.

Es más sencillo de lo que piensas. Solo tienes que querer disponer de este momento y este lugar para poder crear ese territorio común donde experimentar la esperanza juntos. La estructura de una sesión tipo podría ser la siguiente:

  • Primero hay que buscar un título O una frase con el contenido a experimentar en cada una de las sesiones y, si se puede, acompañar con un gesto que aluda a ese mismo contenido. Entran en la sala, se acomodan en círculo.
  • Nos colocamos en círculo y podremos explicarles (15 minutos) el tema que vayamos a trabajar en la misma y los pasos de la dinámica.
  • El momento de hacer la respiración, visualización, juego, etc. Son 10 o 15 minutos aproximadamente.
  • Luego nos juntamos otra vez todos en círculo para expresar cómo nos hemos sentido (5 o 10 minutos)
  • Al final, cada uno de ellos podrá anotar en un cuadernillo, que previamente ha traído como material para la sesión, las reflexiones personales que invitamos que hagan.

 

Eres Esperanza y estás llamado a ser Esperanza para los demás

Con esto tienes que tener muy claro que cultivas la esperanza y sus semillas porque estas ya están en cada una de las personas que te rodean, de las que tienes a tu cargo y que también están en ti. Que las puedes seguir cultivando para qué se hagan tan grandes como ese árbol de mostaza del que habla la parábola del evangelio de san Mateo:

«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas».

Eres Esperanza y estás llamado a ser Esperanza para los demás.

Sobre la esperanza social, ¿qué es y en qué se fundamenta?

Y saldremos de esta y de las que vengan, de cualquier adversidad, si somos capaces de generar y compartir resiliencia y, además, somos capaces de aprender de ella, de ellas, de cada adversidad en la que estemos inmersos.

Es verdad, nadie nos preparó para este tiempo que tanta desesperanza ha desparramado por todos los rincones del planeta, quizás hemos sabido, ahora, que esa asignatura, la de saber vivir en uno y con los demás, en las duras y en las maduras, es una asignatura pendiente. Bien, no dejemos las manos en los bolsillos, no nos dejemos o no dejemos a los demás caídos, dejémonos mirar por Aquel que siempre nos quiere de pie. Dejémonos mirar por Él y que esa mirada inunde cada partícula de nuestro ser, que recree todas nuestras esperanzas personales, invitémosle a ser huésped de nuestra vida y de nuestra historia y, como buen Maestro, nos enseñe a su estilo, a aprender de todo aquello que hemos descubierto en estos años de pandemia, descubrimientos, muchos de ellos casuales, pero otros muchos, frutos de nuestras búsquedas y anhelos más profundos.

El dolor no se supera, eso lo tengo claro, creo que lo he dicho en más de un foro, el dolor se atraviesa y, claro, salimos no igual, salimos diferentes y para saber en qué nos vamos convirtiendo, en qué consiste esta nueva realidad, dejemos asirnos de la Palabra, del encuentro y abrazo amoroso y compasivo del Dios todo amor. Este es el Dios de Jesús, que se expresa en miles de momentos y detalles de la vida cotidiana.

La tarea que tenemos por delante es la de aprender de la adversidad, de hacer acopio si estamos en consolación de ella, para otros tiempos intempestivos; no es posible que una nueva adversidad nos vuelva a coger desprevenidos y fuera de nosotros mismos. La historia que vivimos es una historia con trascendencia. De ella y con ellas nos podemos preguntar, en este tiempo de tantos aprendizajes las siguientes cuestiones:

  • ¿Qué aprendimos de nuestros amigos, de nuestras familias, de nuestra comunidad, de nuestros vecinos y vecinas de esos tiempos que ya empiezan a ser parte del pasado?
  • ¿Cuáles fueron los factores que nos ayudaron a ser resilientes? ¿Factores internos, factores externos?
  • ¿De dónde me venía la ayuda que necesitaba? ¿A dónde iban a parar mis gestos de tender la mano?
  • ¿Qué aprendimos de nosotros mismos? ¿Nos sentimos más fuertes, más seguros de nosotros mismos, mejores personas que antes de atravesar esta situación tan adversa?
  • ¿Tenemos una mirada interior de nosotros mismos, de nuestras emociones y de nuestras relaciones interpersonales?

Tomando como referente las palabras de Cyrulnik, «para que haya resiliencia se necesita que se den tres cosas: disposición de recursos externos, adquisición de recursos internos y sentido o perspectiva histórica». Yo añadiría sabiduría o fe para hacer una relectura creyente de la realidad. No se trata solo de que cada uno y cada una de las personas con quienes convivimos y nos sentimos interdependientes aportemos algo al bien común, creo más bien que se trata de construyamos de forma conjunta aquella sociedad que prime por encima de las particularidades, el bien común.

Dios habita esta historia y la habita trabajando. ¿No es el momento de pedir conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo, para que nosotros, enteramente reconociendo, podamos en todo amar y servir a Dios?

La tarea que tenemos por delante es la de aprender de la adversidad

 

 

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