Y nuestros planes – Miguel Jaimes

Con diferentes grupos hemos realizado procesos participativos, dedicando tiempo y recursos como una inversión valiosa para el futuro. Pero, en la crisis actual de la pandemia surgen cuestionamientos acerca de la pertinencia del plan elaborado por todos ¿Es válido? ¿Los objetivos si responden al impacto del COVID 19? ¿Lo mantenemos o cambiamos de ruta? Y una pregunta fundamental ¿De qué sirve planear en tiempos de un futuro lleno de incertidumbres?

La cultura de la planificación participativa está orientada a la construcción colectiva del conocimiento para transformar realidades. En espacios de intercambio de experiencias y saberes, los participantes hacen un plan que oriente su misión.

Nuestro punto de partida es el análisis profundo de la acción que realizamos. Se priorizan los desafíos dentro del contexto social y se diseñan las líneas de acción que harán concentrar los esfuerzos buscando siempre el bien común. En este breve artículo, pretendo iniciar una reflexión abierta acerca de estas cuestiones. Veamos:

  • Atender lo urgente sin sacrificar lo importante: Salvar vidas es lo urgente en este momento crítico y la única forma efectiva de cuidarnos unos a otros es quedarnos en casa siguiendo las indicaciones de las autoridades.  La pandemia covid 19 nos coloca de cara a nuestra condición: La fragilidad de nuestra vida, la fragilidad de nuestros planes y la interdependencia los unos con los otros o nos salvamos juntos o no hay futuro.

 

Pero tener un panorama nublado por causa de la tormenta no debe desviarnos de cuidar y alimentar lo importante que en un plan participativo esta expresado en las opciones fundamentales; es el espíritu del plan que recoge aquello que da sentido de vida a los miembros de esa institución. La opción por los pobres, la justicia, el cuidado de nuestra Casa Común, los migrantes. No hay que perder de vista el norte, el rumbo que hemos definido como fruto de un discernimiento serio y profundo en fidelidad al Evangelio.

Los temas generadores de historia en América Latina que han sido detectados en varios ejercicios participativos que he acompañado nos señalan constantes como la corrupción, la crisis socio ambiental y las desigualdades sociales; ahora se han hecho más dramáticos por el coronavirus. Solo por poner un ejemplo el precario sistema de salud puso en evidencia las malas decisiones de privilegiar la inversión en armamento y la privatización convirtiendo un derecho fundamental en una mercancía a la que tiene acceso digno una porción reducida de la población.

Hay que atender lo urgente, sanar heridas, recuperar los vínculos de confianza, alimentar la esperanza, acompañar las luchas de nuestro pueblo en medio de la pandemia. Es posible que en el plan participativo encontremos líneas y criterios que nos orienten en esta función histórica; aun así se requerirán de nuevas luces y alternativas para hacerle frente a la crisis.

  • El potencial creativo y solidario: Buscar formas alternativas de mantenerse activos en el acompañamiento a las comunidades requieren de una dosis alta de creatividad y espíritu solidario. El uso obligado de los medios tecnológicos piden nuestra actualización urgente en un mundo virtual de posibilidades.

 

También, la creación de nuevas formas de educación, celebración de la fe, emprendimientos económicos, acciones socio ambientales y expresiones artísticas nos recuerdan que en el ser humano habita un potencial creativo y solidario que emerge en las situaciones más críticas.

Todo plan tiene que estar abierto a ajustes y cambios deacuerdo a una lectura de las tendencias de la realidad. Lo que hemos planeado debe ser flexible pero sin perder la columna vertebral para no quedar paralizados.

  • Adaptación al cambio: Es posible que dentro de un año se escuchen expresiones como “El coronavirus arruino mi vida” o “Todo en mi trabajo iba perfecto pero la pandemia acabo con mis planes”. La adaptabilidad es clave para responder de forma rápida y asertiva a las situaciones críticas.

 

El seguimiento y la evaluación constante, son prácticas que van incorporadas en el proceso de planificación participativa. Hay que estar atentos a los cambios que se están produciendo por la pandemia para tomar decisiones acerca de lo que hay que mantener, adaptar, ajustar e incluso eliminar de nuestro plan inicial. La adaptación al cambio requiere acciones como : Fluir, Improvisar, Aceptar y tolerar.

La dinámica de la corriente del agua fluyendo por un río, con subidas y bajadas, buscando la manera de no detenerse por los obstáculos como piedras y troncos, encontrando siempre pequeños espacios para seguir su cauce nos animan a no estancarnos y buscar salidas a esta situación límite con creatividad y esperanza de construir juntos tiempos mejores.

En conclusión

Frente a la pregunta fundamental ¿De qué sirve planear en tiempos de un futuro lleno de incertidumbres? Los planes tienen que ser dinámicos, flexibles y abiertos a una realidad que nos desafía. Nuestra confianza siempre tiene que estar puesta en el Dios de la vida que nos acompaña en nuestras luchas y nos sostiene con su amor misericordioso. La incertidumbre está presente en la vida pero estamos llamados a ser cocreadores y sujetos activos de transformación abiertos a los acontecimientos históricos.

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”

                                                                                              Enrique Pichon – Riviere

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