XVI domingo ciclo a: mirar de otra manera – Iñaki Otano

Dice Rabindranath Tagore (1861-1941: “No llores porque el sol se oculta, que las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.

            Las lágrimas ocultan las estrellas cuando no hacemos más que llorar y castigar con severidad mental o material los defectos y la fragilidad de los que nos rodean. Todos, incluidos los intransigentes, necesitamos que nos dejen respirar.

            Debemos cuidar de no amar nuestro sueño de pareja, de familia, de comunidad de vida, de amistad más que a las personas concretas que forman parte de esas realidades. Pensando quererles a ellas, podemos estar queriendo nuestros ensueños que, como dice Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), “nos hacen orgullosos y pretenciosos”. Se corre el riesgo de volverse implacable e inmisericorde para con todos aquellos que se considera como cizaña porque se interponen en los propios sueños.

            Quien valora a los demás con arreglo a la propia quimera exige su realización a Dios, al prójimo y a sí mismo. Todo cuanto ocurra contrario a su voluntad, lo llama fracaso. “Las cosas van mal” porque no se hace siempre lo que él quiere. “De ese modo se convierte en acusador de sus hermanos; después en acusador de Dios, y, finalmente, en desesperado acusador de sí mismo”.

            Es necesario que el inflexible arrancador de cizaña cambie de actitud y mire a los demás y al mundo de otra manera. Por de pronto, necesita introducir en su mente y en su corazón el elemento de la gratitud. Esta confiere un rasgo de bondad a las cosas, Chesterton observaba que “todas las cosas parecen mejores cuando uno las ve como dones”.

            Hay estudios psicológicos que muestran que la gratitud constituye un eficaz antídoto contra la depresión. El sentido de gratitud es inversamente proporcional a la envidia. Sabemos los estragos que esta última produce a la hora de apreciar lo bueno que hay en los otros y a la hora de disfrutar uno mismo de la vida.

            Somos invitados a no convertir nuestra vida en una condena continua e insoportable. Que el tono vital sea de acción de gracias por lo que hemos recibido de Dios y de los demás y por lo que Él ha obrado en ellos. “No nos quejamos por lo que Dios no nos da, sino que damos gracias a Dios por lo que nos da a diario”.

 

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente: ”El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’. Él les dijo: ‘Un enemigo lo ha hecho’. Los criados le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’. Pero él les respondió: ‘No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’”  (Mt 13, 24-30).