Una pastoral juvenil con mirada feminista – Raquel Lara Agenjo

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Partiendo de mí corta, pero intensa experiencia en la pastoral juvenil, descubro cinco aspectos que deberían de cuidarse en orden a desarrollar una pastoral integral que tenga en cuenta el momento presente y esté dispuesta a acoger la nueva sensibilidad que aporta el «feminismo». Con ello quiero hacer mi pequeña aportación al impecable trabajo que están llevando a cabo tantas compañeras en todo el mundo.

A ti que te has atrevido a comenzar esta lectura, te animo a crear tu propia opinión contrastándola con la que yo te ofrezco en mi condición de ser mujer, joven y cristiana. ¿Te animas?

La pastoral juvenil debería pretender «despertar», «hacer descubrir» en el corazón de cada joven:

  • Lo esencial del Evangelio, es decir, el proyecto humanizador del reino que Jesús inauguró con su vida, muerte y resurrección. Jesús mismo es el Evangelio, es decir, «buena noticia» para todas las personas, pero con una predilección especial a las más empobrecidas, las que están faltas de libertad, las que padecen cualquier clase de opresión o exclusión. Hoy esas personas son principalmente jóvenes, mujeres y migrantes. El Evangelio nos propone poner en el centro a la persona para liberarla, ponerla en pie, «acuerparla», cuidarla y hacer posible su desarrollo integral. Objetivo que también pretende el movimiento feminista.
  • La fe no es un código moral o un conjunto de dogmas sino una forma de vivir, de ahí la importancia de poner en contacto a cada joven con el «estilo de vida de Jesús». Una pastoral que fomente un lenguaje más testimonial que discursivo, que ayude a tener una experiencia de fe unida a la vida con capacidad de compromiso. Capaz de proponer el Evangelio con toda su fuerza y radicalidad, que desinstale nuestros viejos esquemas y nos libere de prejuicios, que nos provoque, nos rete, nos interpele… y así podamos responder en libertad y corresponsabilidad.
  • La fe en Jesús es un «regalo» que, al ser acogido, es capaz de generar procesos de vida digna haciendo protagonistas a las personas, dotándolas de una mirada profunda y crítica ante la realidad y de unos valores con poder de transformar la sociedad según el proyecto humanizador de Dios. El Dios de Jesús quiere personas que generen vida, una vida que sea digna de ser vivida, por eso, Jesús alza su voz ante las injusticias y a nosotros, ante los silencios que el sistema «patriarcal-machista» nos impone, nos invita a alzar la voz y a movilizarnos para generar dinámicas que nos permitan a todas/os desarrollarnos como hijas e hijos del Dios de la ternura.
  • Descubrir el gozo de vivir en comunidad de iguales, sintiéndonos personas interdependientes unas de otras, sin sometimientos ni ataduras, para construir juntas/os un mundo más humano y más justo. La comunidad, la organización, es una mediación necesaria para el crecimiento de la persona y para la transformación de las estructuras excluyentes que el sistema «patriarcal-dualista» ha generado durante siglos. Jesús nos invita a llevar la buena nueva «de dos en dos». Por ello, a pesar de nuestras posibles diferencias… la «sororidad» debe ser el quicio de todas nuestras relaciones y proyectos.
  • Cultivar la actitud del servicio para hacer presente el tan esperado reino de Dios. Un reino que se construye desde el respeto a cada persona, el reconocimiento de la diversidad siempre dispuesta al diálogo, cultivando la lógica del don, así como la espiritualidad de la compasión y el cuidado. Tarea que vienen realizando en el día a día mujeres de todo el mundo y cada vez más hombres para juntos ser capaces de salir a la calle para reivindicar que «otro mundo es posible desde Jesús». Ellas fueron para Jesús referentes y las consideró sujetos capaces de transmitir los valores del reino. Mujeres valientes que confiaron y permanecieron fieles hasta el final al proyecto que Jesús les confió y que hoy para nosotros siguen siendo referentes de entrega, de capacidad de sacrificio, de lucha… y por todo ello signo de esperanza.

Creo no equivocarme si afirmo que la causa feminista ha supuesto la mayor revolución del siglo XX, ahora bien, para que dicha revolución haga efectivo su potencial emancipador es necesario un cambio de paradigma antropológico, ético, cultural, económico, social, político y religioso donde tanto mujeres como hombres fomentemos unas relaciones basadas en el respeto, la libertad y la justicia. Hombres y mujeres nuevas es la propuesta del Evangelio y, para ello, es preciso promover un auténtico cambio en el interior de cada persona. Y tú, ¿te animas a engendrar esta revolución desde tu propio interior?

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