Una civilización mundial que se pasó de rosca – Ignacio Dinbbier SJ

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Algunos comienzan a hablar del Papa Francisco como oportunista, populista o excesivamente espontáneo. Ya hemos visto que tras sus palabras hay intenciones claras y fundamentos sólidos. En este sencillo acercamiento a unas palabras expresadas hace más un año y medio en Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, pretendemos poner de manifiesto que el Papa habla con sentido hasta cuando parece que improvisa. Lo que hace el autor una afirmación lo podríamos aplicar a la mayoría de sus “espontáneas palabras” de discursos, Ángelus, ruedas de prensa…

Sucedió en el encuentro con los jóvenes argentinos que participaban en la JMJ de Río, el mes de julio de 2013. Con un estilo espontáneo, el discurso de Francisco estuvo plagado de expresiones que llamaron la atención sobre situaciones reconocidas que aglutinan un sentir generalizado. Fue en ese encuentro cuando habló de “una civilización mundial que se pasó de rosca”.

¿Se trata simplemente de una expresión provocadora o un titular fácil? ¿Es un slogan que busca conectar con una sensibilidad juvenil cuyo interés se pretende captar? El debate ya se está dando y algunos, quizá desconcertados e incómodos con este nuevo estilo, hablan de populismo.
Para los que están familiarizados con la espiritualidad ignaciana les resultará fácil identificar en sus palabras una visión que responde a la experiencia de los Ejercicios Espirituales. Y ciertamente, detrás de sus palabras no hay populismo.
En esta experiencia espiritual, configurada desde los Ejercicios, la contemplación como oración fundamental no es sólo una forma de orar sino también una forma de percibir, situarse y aproximarse a la realidad. Los Ejercicios Espirituales de san Ignacio proponen en sus distintas contemplaciones realizar los llamados «preámbulos»: «traer la historia», «composición viendo el lugar» y «petición».
Lo que pretenden los preámbulos de la contemplación ignaciana es situar al orante ante la historia que va a contemplar y situarle objetiva, atenta, activa e implicadamente. Desde esta perspectiva nos acercaremos a aquellas palabras que Francisco compartió con los jóvenes argentinos.
Traer la historia que se ha de contemplar
En este primer preámbulo se trata de hacer presente la historia que se va a contemplar con la máxima precisión y fidelidad posible. «Traer la historia» es hacer memoria del contexto y el proceso que hay detrás de la situación que se vive o contempla. Contexto y proceso son, por tanto, dos elementos esenciales a toda historia que deben ser considerados.
¿Cuál es la historia que propuso Francisco a los jóvenes argentinos? La de una “civilización mundial que se pasó de rosca, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos”.
El contexto de esta historia es el de una “civilización mundial” porque nuestra conciencia ya es global y sabemos que nada ni nadie puede sustraerse de ese complejo entramado que configura y afecta cada historia particular. Por tanto, todos somos sujetos pacientes de esta civilización pero no es lo mismo ser sujetos pacientes que sujetos pasivos. Esto es ante lo que reaccionará Francisco, empleando un lenguaje provocador: en este contexto debemos ser sujetos activos.
Junto al contexto, nos encontramos con los procesos que genera esta civilización mundial y que Francisco no duda de calificar de exclusión. Frente al discurso que pretende maquillar dicha exclusión, es necesaria la reacción que saca del aletargamiento y aturdimiento en el que hemos podido sucumbir. La pasividad es inaceptable, la queja insuficiente. Su llamamiento no dejará lugar a dudas: hay que salir, hay que hacerse valer.
La composición viendo el lugar
La «composición viendo el lugar» es el segundo preámbulo de las contemplaciones ignacianas. Se trata de caer en la cuenta del conjunto de los escenarios en los que transcurre la historia que se ha de contemplar. Si el primer preámbulo nos llamaba al rigor y exactitud, el segundo es una llamada a la atención, porque los detalles son importantes, no son banales.
Estamos hablando no de una mirada ligera, superficial, rápida, sino de un auténtico contemplar: ese mirar que nos permite llegar al fondo de las cosas, que nos permite alcanzar el “conocimiento interno” de la historia que vamos a contemplar. Esa mirada contemplativa nos saca de la globalización de la superficialidad en la que nos vemos inmersos al ser una mirada penetrante que atraviesa los discursos ideológicos, supera el nivel de los posicionamientos viscerales y evita dar por válidas las respuestas manipuladas por los grupos de interés.
Francisco propone dos escenarios de exclusión. En primer lugar el escenario de los ancianos: “Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber una especie de eutanasia escondida, es decir, no se cuida a los ancianos pero también está una eutanasia cultural. No se les deja hablar, no se les deja actuar”. El otro escenario es el de los jóvenes: ”Exclusión de los jóvenes, el porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo y sin empleo es muy alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, o sea esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas que son el futuro nuestro”.
Componer el lugar de estos escenarios es mucho más que una representación imaginativa de los mismos o, en el peor de los casos, una fabulación inconsistente. Componer el lugar tiene como fundamento la historia que consideramos en el primer preámbulo y que ahora nos lleva a identificar el entramado que lo teje. Son rostros concretos, son situaciones reales, son consecuencias palpables. Pero también son poderes que legislan y justificaciones que se esgrimen; son consecuencias sociales e impactos personales; son intereses perversos y esperanzas que no se doblegan… y todo tiene nombre y apellidos.
La mirada contemplativa de la realidad se hace penetrante, incisiva y va despertando una forma de situarse que acabará en una toma de postura, en un posicionamiento propio ante la historia que se contempla: “Entonces los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer; los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos”.
La petición
Finalmente, la «petición» que se propone en los Ejercicios Espirituales será siempre una petición de «conocimiento interno»: contemplamos para conocer en profundidad, con un conocimiento que nos lleve hasta lo interior, hasta el fondo de lo que contemplamos, y con un conocimiento que nos llegue también a nosotros mismos hasta lo interior.
Sólo desde ese conocimiento interno dejamos de ser sujetos pasivos y objeto de manipulación. Sólo desde este tipo de conocimiento nos convertimos en sujetos activos, en medio de una historia de exclusión, que reaccionan, proponen, se movilizan, se comprometen con un criterio propio y, por tanto, con capacidad de elección.
No es populismo. Es mirada contemplativa sobre la realidad que permite desentrañar lo que hay más allá de las apariencias y las evidencias. ¿Acaso no era ésta la mirada de Jesús sobre la realidad?, ¿acaso no fue justamente ese modo de mirar lo que le permitió reconocer que “el Reino de Dios está ya en medio de nosotros”?

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