Trinidad B, Vive lo que sí entiendas – Juan Carlos de la Riva

No me acuerdo de quién es la cita. Pero sí recuerdo bien cuándo me la dijeron: fue en un retiro espiritual a los que tuve la suerte de ser invitado por el colegio mientras hacía el bachillerato. La frase decía «Vive lo que entiendas del Evangelio»

Esa frase desmontó un prejuicio que yo tenía para la fe: lo quería entender todo. Cuando pensaba en estos temas religiosos, aparecían miles de dudas y argumentos que oscurecían mi experiencia de fe. Pero esta frase llegó en el momento justo. Déjate de argumentos y racionalidades:¿ entiendes el perdón? ¡pues vívelo!, ¿entiendes el amor? ¡pues vívelo! Y así, así de sencillamente, se me empezó a disipar la nube que para mí era Dios. Si Dios es amor, y el amor más o menos lo entiendo… pues probemos a Dios.

Además se me abría ante mí una verdad diferente, no racional, que consistía precisamente en probar y comprobar, en experimentar a Dios. Se trataba de entrar en un misterio para comprenderlo desde dentro. Efectivamente los misterios se comprenden desde dentro, viviéndolos. Y Dios es misterio. En la fiesta de la Trinidad hablamos de Dios como un misterio. Ojo, misterio, no truco ni enigma.

Los trucos se explican desde fuera, con una cámara oculta que te descubre el Making off del truco. Pero Dios no es un truco.

Los enigmas no se explican nunca, quedan ahí con su poder de atracción despertando la curiosidad: ¿habrán hecho los extraterrestres las pirámides? ¿Había una maldición en la tumba de Tutankamón? Y ahí quedan, sin resolver.

Dios no quiere quedar ahí, sin resolverse. Dios quiere ser experimentado. Dios quiere que entres en él a vivir como él.

Me atrevo a ponerlo aún más atrevidamente: Dios quiere también entrar en el misterio que eres tú, y experimentarse como Dios, pero dentro de ti, con su Espíritu en tu ser. Y así, Dios va a vivir una gran aventura desde ti, contigo, para que tú también descubras el misterio que eres para tí mismo. Sí, tú, que tantas veces te preguntas ¿quién soy? a lo mejor lo descubres más fácilmente si sientes que el Espíritu está dentro de ti, para revelarte que tú, también, igual que Dios, eres amor.

En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

 

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