CECILIO DOMÍNGUEZ: EL TRABAJO COMO VOCACIÓN – Luis Manuel Suárez CMF

CECILIO DOMÍNGUEZ: EL TRABAJO COMO VOCACIÓN

Luis Manuel Suárez CMF

luismanuel@claretianos.es / @luismanuel_cmf

Dentro del recorrido que estamos haciendo en este año por el capítulo 8 de la carta Christus Vivit (ChV) del papa Francisco, nos acercamos a un testimonio de un trabajador con recorrido. Él es Cecilio. Le hemos pedido que se lea los números 268–273 de ese documento y que haga un eco de algunas de esas frases de acuerdo a su experiencia laboral, en el camino de vivir el trabajo desde su vocación cristiana. Esto es lo que nos ha contado.

 

Hola. Soy Cecilio Domínguez Serrano, tengo 41 años, estoy casado y tengo un hijo. Soy miembro de la Acción Católica General y laico de la parroquia de Valmojado (Toledo). Nacido en una familia de profundas raíces cristianas. Actualmente trabajo como profesor de Secundaria y Bachillerato, aunque este no ha sido siempre mi trabajo.

Comienzo por el número 271: «El trabajo para un joven no es sencillamente una tarea orientada a conseguir ingresos. Es expresión de la dignidad humana, es camino de maduración (…) y es también dar gloria a Dios con el desarrollo de las propias capacidades».

Todo trabajo nos tiene que aportar cosas, no solamente económicas, nos tiene que transformar a nivel personal, tiene que dar sentido a nuestra vida, nos tiene que hacer ser mejores personas. En mi caso, comencé trabajando como Ingeniero Técnico de Obras Públicas en pequeñas empresas y poco a poco llegué a un puesto relevante en una constructora de mi región. En todas las empresas intenté dar lo mejor de mí mismo, no solo a nivel profesional sino también personal, intentando ser fiel reflejo de Cristo para mis compañeros. Así conseguía crear ambientes propicios de trabajo sacando lo mejor de mis compañeros.

Con 28 años, unas condiciones laborales inmejorables, siendo jefe de grupo y gerente de una UTE en la que gestionaba una obra de más de diez millones de euros, la empresa empezó a pedirme una serie de actitudes y comportamientos que iban en contra de mi manera de ser y de mis principios. Por eso, en ese momento de mi vida, tuve que parar y pararme a discernir qué era lo que realmente Dios quería para mí. Al final opté por dejar ese trabajo, tan bien pagado, y dar un giro a mi vida. Dejé el mundo de la construcción para centrarme en mi otra pasión: la música. Tenía el grado medio de trompeta y comencé a trabajar como trompetista de orquestas de verano, haciendo giras por toda España. ¡Menudo cambio! La verdad es que parecía una locura.

Para preguntarME / Para preguntarNOS:

  • Después de leer esta reflexión (y, si es posible, Christus Vivit 268–273), si estás estudiando, ¿a qué trabajo aspiras desde los estudios que estás haciendo? 
  • Y si estás trabajando, ¿en qué se parece y en qué se diferencia tu experiencia de la de Cecilio? 

Descarga aquí el artículo en PDF RPJ-550-CECILIO DOMÍNGUEZ: EL TRABAJO COMO VOCACIÓN

 

​Aquí conectamos con el punto 273, en el que el papa nos invita a «gozarnos en el trabajo»: «Saber que uno no hace las cosas porque sí, sino con un significado, como respuesta a un llamado que resuena en lo más hondo de su ser para aportar algo a los demás, hace que esas tareas le den al propio corazón una experiencia especial de plenitud».

Y os puedo asegurar que, desde ese momento, no ha habido ni un solo momento en el que no me haya divertido y disfrutado en el trabajo. La música me llevó a viajar por toda España, conociendo lugares y personas completamente diferentes a mí, en ambientes poco cristianos, pero ahí me había puesto el Señor para ser luz.

En una orquesta en verano, donde hay fiestas en toda España, tienes trabajo; pero no pasa lo mismo en invierno. Así que, de nuevo, tuve que reinventarme. En mi época en la construcción descubrí que una de las cosas que más me gustaban era la enseñanza: me dedicaba a enseñar a ingenieros y arquitectos fichados por la empresa a realizar el trabajo de jefe de obra. Opté en ese momento por buscarme la vida como profesor de trompeta y complementarlo con clases particulares a estudiantes de Secundaria.

Así empecé también a centrarme en otra de mis pasiones: los jóvenes. Y así estuve varios años, aumentaban los alumnos y la cosa iba muy bien, eso sí, las condiciones no eran para nada las que tenía cuando trabajaba en la construcción. Pero de esta época aprendí una gran lección: si yo me divierto y disfruto con mi trabajo, conseguiré que los que están a mi alrededor también se diviertan y disfruten. ¿No es esto contagiar la alegría y el amor de Dios?

Por último, os dejo el punto 272, en el que el papa nos invita a seguir siempre buscando cuál es nuestra verdadera vocación: «Es verdad que no puedes vivir sin trabajar y que a veces tienes que aceptar lo que encuentres, pero nunca renuncies a tus sueños, nunca entierres definitivamente una vocación, nunca te des por vencido. Siempre sigue buscando, al menos, modos parciales o imperfectos de vivir lo que en tu discernimiento reconoces como una verdadera vocación».

Yo quería mejorar mis condiciones laborales, que eran muy inestables, y decidí apostar por la enseñanza reglada, por lo que volví a reinventarme de nuevo, estudiando un máster de educación y afrontando el reto de cursar el grado superior de trompeta en el conservatorio, mientras lo compatibilizaba con el trabajo. Un reto que superé con mucho sacrificio y esfuerzo, y que me lleva a mi situación actual: trabajando de profesor de Secundaria en un colegio diocesano de Toledo, dando clases, entre otras cosas, de Matemáticas y Dibujo en Bachillerato, actividad que me encanta y me divierte mucho. De nuevo uniendo mis grandes pasiones y sintiéndome siempre llamado por el Señor.

El #Tweet de Francisco: «José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente» (Del Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2021).

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