Tocar a Jesús desde la interioridad – Ana Guerrero

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Sin duda que es una experiencia única: «tocar» a Jesús. Experiencia vital para quienes tenemos la suerte de vivirla. Sin embargo, como muchas de las experiencias trascendentales, necesita de un corazón preparado, abierto, esperanzado y capaz de experimentar. Esto es lo que busca el trabajo de la interioridad con los jóvenes, preparar la tierra para poder sembrar, abrir el interior para estar conectado con la vida aquí y ahora, abrirlo a la sorpresa, a las emociones, a los encuentros y por supuesto al ENCUENTRO.

En este artículo nos hablan directamente personas implicadas cotidianamente en esta educación de la interioridad en diferentes centros educativos. Alumn@s, educador@s, madres y padres han tratado de expresar por qué se embarcan en esta aventura de acompañar en el crecimiento interior, o qué es lo que aprenden, en qué crecen… Con sus palabras, nos expresan, en definitiva, por qué merece la pena crecer en la interioridad.

 

«Si alguien nos pregunta qué nos parece que nuestros hijos practiquen mindfulness en el colegio, nuestra respuesta es: nos parece estupendo. Yo llegué al mindfulness después de muchos años de búsqueda. Viendo a nuestros hijos antes y después de sus sesiones de interioridad, creemos que son muy afortunados. Consideramos que a su edad (los dos son adolescentes) es especialmente positivo, porque les ayuda a centrar la atención, a conocerse mejor, a vivir el momento, canalizar toda explosión de energía que tienen a su edad y liberar tensiones. Ellos se sienten realmente bien después de cada sesión. Viendo el efecto tan positivo que tiene el mindfulness nos gustaría sugerir que se aumentara el número de días que lo practican, en lugar de una vez al mes fuera al menos, una vez cada diez días».

«Estas sesiones me ayudan a conocerme mejor y a aumentar la confianza y seguridad en mí misma. Además, sé que puedo recurrir a las técnicas que aprendemos en situaciones de agobio, como ante un examen o si no me puedo dormir. Y, sobre todo, después de cada sesión me siento muy bien».

«Conseguir que una clase de Secundaria se concentre en seguir una melodía de flauta, el recorrido de una pluma o el canto de un pájaro me parece algo extraordinario. Dar oportunidades a estos chicos de tener experiencias en las que puedan detener el ritmo frenético al que se ven expuestos, de pararse a sentir, a escucharse me parece ofrecerles un regalo para toda su vida».

«Para mí estas sesiones son muy útiles e innovadoras. Mediante ejercicios y técnicas aprendo, no solo a relajarme, sino a sentir la música o simplemente a dejarme llevar. Además, me ayuda a manejar mis sentimientos. Cuando estoy en una situación de estrés o me noto nerviosa, sé que puedo aplicar lo aprendido en estas sesiones. Aunque muchos piensen que es una actividad habitual, en mi anterior colegio no hacíamos esto y yo creo que merece mucho la pena».

«Es uno de los más hermosos regalos que he recibido en mi vida. Este acompañamiento ha hecho «ponerme las pilas» porque no se puede ofrecer tranquilidad estando intranquilo y no se puede ofrecer paz siendo impaciente. Tampoco se puede transmitir bienestar estando mal, ni transmitir quietud estando inquietos… Esto ha supuesto aplicarme el cuento».

 

«También yo estoy aprendiendo muchísimo de todo esto, pues detectando sus necesidades de parar y entenderse, identifico las mías».

«Además de aportarme tranquilidad y relajación, muchos de los ejercicios me hacen reflexionar y pensar que podría mejorar en ciertas cosas (no discutir con mi hermano, ayudar más en casa) y saber que, si eres constante, puedes conseguir lo que te propongas. A veces, cuando voy a hacer una presentación o un examen, aplico las técnicas de respiración aprendidas o también antes de irme a dormir y así me quedo dormida más rápido».

«Me sorprende la necesidad. Refieren continuamente una necesidad de faros, luces, que les iluminen. No siempre los encuentran y eso les desanima. A nadie le gusta caminar en la oscuridad ni rodeado de tinieblas. A todos nos gusta la luz y la luminosidad. Ellos también la quieren. Si les aportas una chispa, en muchos casos, es más que suficiente. Esa necesidad brota, profundamente sentida, desde lo más hondo de su interior. Allí es donde más luz hace falta y donde, aunque parezca contradictorio, hay luz más brillante».

«La educación de mi interioridad me permite buscar la calma en los momentos de mi vida de más estrés. No es fácil, pero gracias a ella he sido capaz de gestionar mejor mis emociones en momentos de agobio. Soy consciente de que me falta mucho por aprender, y por supuesto que no siempre me ha sido efectiva. Por eso, agradezco mucho que se trabaje desde las aulas y que haya gente con muchísima más experiencia que yo que me apoye y me sirva de guía. Todos estos talleres me han hecho plantearme el porqué de las emociones y por qué a veces nos vemos sobrepasados por ellas. Me sorprende mucho su poder sobre los seres humanos y cómo pueden llegar a cambiar una persona dependiendo de las que esté sintiendo en ese momento.  Por todo ello, y porque mi experiencia con las sesiones de interioridad ha sido mayormente positiva, aconsejo a todas las personas que traten de probarla en algún momento de su vida. Eso sí, siempre acompañado de alguien con más experiencia que uno mismo que te pueda guiar».

 

«Cuando termina la sesión y los escucho expresar cómo sus sentimientos han ido cambiando a lo largo de una meditación, cómo la respiración les ayuda a centrarse o te cuentan que esa técnica la aplican antes de un examen o cuando no se pueden dormir, me convenzo de que vamos por el buen camino. Y agradezco profundamente tener la oportunidad de acompañarlos en ese camino y crecer junto a ellos».

Gracias Lucía y Lucía, Jana, Irene, Lorenzo, Elena, Arturo y Ana por poner palabras a lo que otras muchas personas vivimos y creemos: vamos por el buen camino. Educar la interioridad, acompañar el crecimiento interior, dejarnos acompañar en el interior… es una gran aventura que prepara para otra aún mayor. Tocar a Jesús.

 

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