TIERRA HABITADA UN SUEÑO INSPIRADO – José Eizaguirre

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José Eizaguirre

jeiza@biotropia.net

El mundo tiene hoy muchas necesidades. Una de ellas es que necesitamos aprender a vivir de otra manera, de una manera más respetuosa con nuestra casa común, más compasiva y solidaria con las personas que sufren las consecuencias del despiadado sistema de producción y consumo en el que vivimos y más integradora de todas las dimensiones de la persona: la salud corporal, afectiva y mental y la profundidad espiritual. (De nuestro «sueño inspirador»)

Presentación

Somos personas enamoradas de la vida, de la naturaleza, la belleza, la justicia, la fraternidad, la acogida… y de Dios, que es todo eso y mucho más.

Nuestro «sueño inspirador» es resultado de una confluencia. La de José, que lleva tiempo explorando y divulgando formas de vida sostenibles, solidarias, saludables y espirituales, y la de Pili, que, después de sucesivas experiencias de voluntariado, se da cuenta de que no puede seguir viviendo como antes y, a su vez, sueña con una comunidad donde compartir vida, oración y acogida.

De esta manera, como medio para dar respuesta a una de las necesidades que tiene hoy nuestro mundo y poner en práctica nuestra particular llamada, queremos habitar una tierra donde:

  • Vivir en armonía con la naturaleza y sus ritmos.
  • Poner en práctica un estilo de vida sencillo y respetuoso con el medio ambiente.
  • Compartir la pasión por Dios en un ámbito de retiro y oración.
  • Vivir unas relaciones humanas armoniosas y fraternas.
  • Acoger a quienes necesitan refugio y calor humano.

Un lugar también de formación y divulgación de esta conciencia, actitudes, espiritualidad y forma de vida.

Hemos encontrado en Cañicosa (Segovia) esa tierra que buscábamos habitar. Y estamos convencidos de que este lugar puede ser una buena noticia para la sociedad y para la Iglesia. 

El nombre de tierra habitada hace alusión a una triple dimensión:

  • Ecología. La tierra, la «hermana madre tierra», de la que venimos y en la que vivimos. Nuestra casa común que nos cuida y que debemos cuidar. 
  • Espiritualidad. Tierra habitada por una Presencia que lo llena todo y en la que vivimos, nos movemos y existimos. Una presencia que nos habita y nos anima.
  • Acogida. Una tierra habitada por personas que hemos querido poblar este lugar, habitarlo y darle vida, abriéndola a quien quiera compartirla.

Sueño inspirador

«Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas» (Carta de la Tierra).

El mundo tiene hoy muchas necesidades. Una de ellas es que necesitamos aprender a vivir de otra manera, de una manera más respetuosa con nuestra casa común, más compasiva y solidaria con las personas que sufren las consecuencias del despiadado sistema de producción y consumo en el que vivimos y más integradora de todas las dimensiones de la persona: la salud corporal, afectiva y mental y la profundidad espiritual.

El tiempo apremia y todos estamos llamados a reaccionar. El papa Francisco, en su encíclica Laudato si’, llama «conversión ecológica» a este cambio en la manera de pensar, sentir y comportarnos. Una conversión que abarca todos los ámbitos de nuestra vida personal y social: la manera de mirar y de pensar, la conciencia, la espiritualidad, el estilo de vida, el sistema económico y político, la educación, la acción comunitaria.

En la línea de esta conversión ecológica, algunas personas llevamos años explorando, intentando poner en práctica y divulgando formas de vida conscientes y consecuentes, junto con una particular espiritualidad de fraternidad universal con todas las personas y con todas las criaturas. Hasta el punto de reconocer esta llamada como una vocación de vida y misión, una llamada a vivirla con una intensidad especial que pueda ayudar a otros a orientarse en esa dirección. 

Sentimos como un medio privilegiado para poner en práctica esta vocación la de una comunidad de personas en torno a esta forma de vida y a esta misión, en un lugar concreto en un entorno rural. Un lugar que manifieste que otro mundo es posible:

  • Un lugar donde se pone en práctica un estilo de vida sencillo y austero, que en su forma de alimentación y consumo procura decididamente lo que más cuida la vida de otras personas y del planeta, con un ritmo de vida equilibrado y en contacto con la naturaleza.
  • Un lugar de retiro y oración, donde compartir la pasión por Dios, reconociendo la riqueza de vivirla de maneras diferentes, abiertos a nuevas comprensiones y formas de expresión, en comunión con todo lo que nos rodea. Donde se respire y practique una espiritualidad de conexión: con el propio cuerpo, los otros cercanos y lejanos, las demás criaturas, la Tierra y el cosmos. 
  • Una comunidad humana donde intentamos vivir unas relaciones armoniosas de unos con otros, compartiendo, en función de las personas y del proyecto común, espacios, tiempos, talentos y recursos materiales, formando parte del tejido social local, con un núcleo de personas viviendo permanentemente en el lugar y otras participando de otras maneras, en red con otras iniciativas similares.
  • Un lugar que físicamente habla de sostenibilidad y armonía con la naturaleza. Por la belleza del entorno, los materiales de construcción locales y naturales, el uso sostenible de la energía y del agua, el tratamiento integrado de los residuos, el cultivo de la tierra, el acceso en transporte público.
  • Un lugar que también habla de solidaridad, un espacio de acogida de personas excluidas y vulnerables que, aunque no estén motivadas a vivir así, necesitan cobijo material y atención humana.
  • Un centro de formación y divulgación, con las puertas abiertas a cuantos quieran hacer temporalmente la experiencia de vivir de esta manera, con instalaciones apropiadas desde las que se ofrezcan actividades que contribuyan a la difusión de esta conciencia, actitudes, espiritualidad y forma de vida. 

Estamos convencidos de que un lugar así puede ser una buena noticia para la sociedad y para la Iglesia.

Para quien quiera profundizar, te sugiero mi libro Todo en todos. Una espiritualidad de conexión, publicado en Desclée de Brouwer, que desarrolla todo esto mucho más.

Y, también, nuestro centro de ecología, espiritualidad y acogida que lleva por nombre Tierra Habitada, donde intentamos vivir esta espiritualidad en nuestra vida cotidiana y compartirla con todos los que pasan por aquí.