TERCER DOMINGO DE NAVIDAD, BAUTISMO DE JESÚS – Juan Carlos de la Riva

¿Por qué Jesús se bautiza? ¿Un bautismo de penitencia y conversión?

Parece que el bautismo de Jesús les era molesto incluso a los propios evangelistas, que lo narran como dato histórico que es. Jesús en la cola de los pecadores. Jesús buscando un camino de penitencia y conversión… ¿por qué?

Lo primero que tenemos que corregir es esa idea de la cola de pecadores como si fueran la escoria de la sociedad. Se trata del resto de Israel, son los anawin, las personas pobres y sencillas que siguen atentas y expectantes, que sueñan, que mantienen vivo el deseo. Es ese deseo que nuestra sociedad adormila, esa capacidad de afectarse por lo bueno y sorprendente que pueda acontecer, que hoy no se lleva y que se apaga: esto es lo que hay, parecemos decirles a las nuevas generaciones… Y apagamos ese deseo bueno de utopía y sorpresa, esa capacidad de imaginar algo diferente. Jesús participa de ese pueblo fiel que sigue imaginando un final feliz para la historia y su posibilidad de hacerlo presente.

Lo segundo es que sin duda Jesús ve en Juan Bautista la verdadera voz de Dios, aunque su profecía no se da en el contexto religioso del tiempo, y que entiende ese mensaje de conversión y cambio, que se concreta en justicia y solidaridad, como voluntad de Dios. Es la humanidad entera la que necesita volverse a Dios. Y Jesús participa de ese deseo y se bautiza. El pronuncia en plural su confesión de pecado, lo hace solidario con todos, en nombre de todos, no en el de su pecado personal. Jesús sintió el dolor de los pecadores y el de las víctimas de esos pecadores. Dolor solidario por los pobres. Pero también le duele que los que infringen ese dolor no vivan como hijos. Jesus se bautiza porque es hermano tanto de los pecadores como de sus víctimas. No da a nadie por perdido en su deshumanización.

¿Tenemos alguna experiencia de formar parte de ese resto fiel y esperanzado? ¿Compartimos con los sencillos del mundo esa esperanza? ¿En qué se concreta que estemos en esa cola de gente que desea un cambio?

 

Experimentar a Dios como Padre-madre.

La teofanía invita a pensar que Dios asiente a su confesión, la acepta, y perdona a la humanidad. Dios es totalmente bueno, por lo que empezará una actividad bien distinta a la de Juan. Dios no va a condenar, sino que en Jesús va a dar plenitud a su Alianza con la humanidad.

Esta experiencia de Dios como padre querido no le encierra a Jesús en una piedad individualista y excluyente. Ese Padre es el Dios de todos los pueblos, el Padre cariñoso de todas sus criaturas. Jesús lo llamaba «Padre del cielo» porque no está ligado a un lugar sagrado, ni pertenece a un pueblo o una raza concreta. No cabe en ninguna religión. Es Dios de todos, incluso de quienes lo olvidan. «El hace salir el sol sobre buenos y malos». Desde este horizonte amplio le vivía Jesús a Dios. En esa teofanía, comienza una imagen de Dios sana, ante el que no hay que hacer sacrificios expiatorios: comienza el amor.

Tampoco se encierra Jesús en una experiencia egocéntrica de Dios. No le busca para tranquilizar sus miedos, compensar sus vacíos o desarrollar sus fantasías religiosas. Lo único que busca es que la justicia, la misericordia y la bondad de ese Padre se contagie a todos, y la humanidad pueda conocer una vida más digna y más propia de hijos e hijas de Dios. Tentación de que la fe parezca una terapia espiritual. Sin asumir la sobrecogedora novedad de Cristo, como Dios.

¿Podemos volver a hablar de ese Dios sano que nos libera de nuestro ego y nos invita a vivir como hijos/as y hermanos/as? ¿Cómo traducir a ese Dios con palabras y con hechos?

 

Se llenó del Espíritu Santo. Ojo a los cristianos sin espíritu.

Jesús siente esa fuerza de Dios que le lleva a hacer realidad. Toma una decisión y marca una diferencia.

Hoy necesitamos llenarnos de Espíritu en el sentido de Fuerza. Nos roban la disposición, la decisión y la diferencia. Ateísmo interior de algunos cristianos. La Iglesia no es un «espacio inmunizado». Hay practicantes que de hecho no cuentan con Dios. Pueden pasar tranquilamente sin él. Dios no estimula su vida ni inspira su comportamiento. Viven una religión vacía de comunicación con Dios. En la práctica, Dios no existe para ellos. Sin advertirlo, se están instalando en la «cultura de la ausencia de Dios».

El realismo del evangelio se les antoja exagerado, y sin embargo es real, con la fuerza del Espíritu. Reconozcamos la diferencia de Jesús, con su capacidad de turbar y de dar frescor. Se nos habla de la justicia y la paz que trae este Jesús.

¿No nos estamos haciendo cada vez más indiferentes a la indiferencia religiosa que parece invadirlo todo? ¿No ha llegado el momento de reaccionar?

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,13-17):

EN aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor