¿TECNOLOGÍA PARA LA ESPIRITUALIDAD? Descarga aquí el artículo en PDF
Antonio Ricardo Alonso Amez
En un mundo dominado por la superficialidad y en el que el «yo» está puesto en el centro de todo, nos asalta una de tantas dudas que tiene que ver con un horizonte o perspectiva de futuro. Este interrogante alude a la posibilidad de cambiar las tornas de lo que estamos viviendo en tanto en cuanto empleemos esos teóricos enemigos de la interioridad y, dándoles un uso razonable o con unas intenciones sanas, podamos utilizarlos en un beneficio posterior.
Estamos hablando de llevar a la tecnología hacia un camino o perspectiva que sirva para tejer redes de bien común en las que la persona sea puesta de nuevo en el centro, pero no como un individuo en soledad, sino como un ser relacional que necesita del otro porque lo ama, porque lo siente como una parte de sí mismo. ¿De verdad es posible lograr esto? ¿Acaso un aspecto tan a priori deshumanizador puede conseguir unidad en el bien común? ¿Y lograr que se evidencie la importancia del cuidado de la interioridad o la oración?
En realidad, la tecnología llega a la vida del ser humano para facilitarle la vida, para hacerla mejor. Lo que ha ocurrido es que en demasiadas ocasiones este manejo de lo digital ha sido llevado a extremos no deseados en ese «plan inicial». Y esto se refiere a que la propia tecnología ha sustituido al ser humano en múltiples facetas, algo que hoy en día se percibe de mejor manera con el auge de la inteligencia artificial. Y es que esta deshumanización, en cierto modo de la vida, ha dejado a un lado lo más esencial del ser, su propia identidad, lo que le hace diferente a las demás criaturas de la Creación: la espiritualidad. Algo que crece y se cultiva, se educa, se mima y se quiere en comunidad y que no precisa de ninguna máquina para habitar en uno mismo.
Sin embargo, dadas las circunstancias de nuestro mundo actual, sí que es posible utilizar estrategias tecnológicas que, si bien no pueden sustituir jamás la esencia humana en el cultivo de su espiritualidad o interioridad, son facilitadoras a la hora de contribuir a la consecución de pequeños logros en este aspecto. ¿Acaso una narración del Evangelio a través de la radio no ha conmovido a nuestras abuelas o a nuestros padres cuando era este el principal medio tecnológico existente en las casas? ¿No llega adentro la retransmisión televisiva de la Eucaristía dominical a quienes no pueden presenciarla en persona? ¿No son bienvenidos los cientos de emails cargados de consejos pastorales y que comparten experiencias exitosas en este ámbito?
Podríamos seguir con innumerables ejemplos en los que la tecnología nos ha venido a aportar nuevos canales de comunicación y de transmisión de buenos propósitos, recursos positivos y estrategias ponderables para el cultivo de la espiritualidad, así como el crecimiento interior de la persona. Lo que no quita que sea la propia persona la que sea necesaria en esencia para la transmisión y crecimiento de todo este cúmulo de buenas intenciones, obviamente. Porque no puede jamás ser descartada ninguna ayuda para conseguir un objetivo tan loable como es el crecimiento espiritual, el fomento de la interioridad, el volver la mirada hacia uno mismo con los ojos de Dios. Es una labor que merece la pena y que no ha de descartar nada para ser llevada a cabo. La música, la lectura, el arte, el silencio, la expresión corporal… todos han sido recursos empleados con éxito para llegar adentro de uno mismo. Sin embargo, hubo un tiempo en que no eran vistos como algo válido para tal fin. Un tiempo no muy lejano. ¿Y si está ocurriendo lo mismo con la tecnología? ¿Y si esta se puede convertir en un instrumento más que Dios emplea para llegar a nosotros?
Un vídeo que nos llega a emocionar, un recurso visual digital que nos conmueve, una red social que interconecta a quienes están ávidos de Dios o no lo conocen, una aplicación o gamificación para que el adolescente descubra que hay más allá de su propio yo y más adentro de lo que a simple vista ve, una presentación que despierta emociones e interconecta con mi esencia humana, una animación pastoral para comprender un mensaje complejo… Todos ejemplos válidos sin duda alguna y que evidencian un nuevo camino que tal vez merezca la pena recorrer juntos para caminar con esperanza hacia un mundo que no cimenta en lo deshumanizador su propia existencia, sino que emplea todo recurso como herramienta hacia algo bonito, bello, mejor. Es posible recorrer este camino siempre bien acompañado, siempre bien formado, siempre de la mano del otro y siendo conscientes de que es la persona quien controla a la máquina, nunca al revés. Dios nos ha dado esta capacidad infinita de saber, de descubrir. El Espíritu Santo, con sus dones, nos ayuda en el caminar. Caminemos, pues, sin temor y con esperanza. Es posible. Lo estamos viviendo, aunque a veces no lo veamos.







