TECNOLOGÍA – Francisco

   Francisco, Dios es joven, Planeta, Barcelona 2018

La tecnología es más un bien que un mal. Es justo que estemos contentos con los grandes pasos hacia delante que han dado la tecnología y la ciencia, cada vez más relacionadas la una con la otra; después de todo, en los últimos dos siglos se han dado continuos y cada vez más importantes cambios: hemos pasado de la máquina de vapor al telégrafo, a la electricidad, al automóvil, al avión, a las industrias químicas, a la informática; y últimamente a la revolución digital, la robótica, a las biotecnologías y a las nanotecnologías. Todos ellos, sin duda, han sido grandes pasos hacia delante para la humanidad. Pero hagámonos una pregunta: ¿qué ha hecho el hombre para crear todas estas cosas? La respuesta está en una sola palabra: la creatividad.

Quisiera citar a Juan Pablo II, quién en 1981 dijo: “La ciencia y la tecnología son un producto maravilloso de la creatividad humana, que es un regalo de Dios”. Si hablamos de tecnología, debemos recordar siempre que esta, en sus innumerables facetas, ha sido un verdadero progreso, un remedio para numerosos males que afligen al ser humano.

Al mismo tiempo, también es cierto que todas estas tecnologías le han dado al hombre un enorme poder respecto al pasado; y en concreto es importante analizar hasta qué punto quien tiene ingentes posibilidades económicas puede disfrutar y dominar de una manera impresionante todas estas tecnologías.  La humanidad jamás ha tenido tanto poder sobre sí misma. Lamentablemente, la pregunta que me hago a menudo es: ¿la humanidad está usando bien todo este poder? Habiendo empezado la frase con un lamentablemente, no creo que sea necesario añadir nada más.