SONRISA Y CORAZÓN. ESA ES LA FORMA DE ACOMPAÑAR DESDE JESÚS – M.ª José Rosillo

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SONRISA Y CORAZÓN. ESA ES LA FORMA DE ACOMPAÑAR DESDE JESÚS

M.ª José Rosillo

rosillotorralba@gmail.com

Una propuesta pastoral y acompañamiento LGTBI+ 

Acoger: acompañar en el proceso de autoconocimiento, autocomprensión, autoaceptación, autoestima, autorrealización y empoderamiento.

Este es el camino que hace Jesús, el Señor de la Vida, con cada una y con cada uno de nosotros. Nos acoge en sus brazos, nos mira con una sonrisa de ternura y nos acompaña en nuestro proceso personal de encuentro con nuestra realidad, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras esperanzas y nuestros sueños.

Nos ayuda a confiar en nosotras/os mismas/os y nos sostiene esa fe nutriéndola con cuidado providencial, amor de las personas que tenemos cerca y exigencia de tomar decisiones y asumir consecuencias.

Y nos repite una vez más: confía y espera. Todo ello trato de aplicarlo cada día en mi trabajo como educadora social y counsellor en los procesos de acompañamiento personal y familiar a personas con diversidad sexual. Busco en la Palabra referentes que guíen este proceso y que me recuerden desde dónde me sitúo.

Jesús sabe descubrir en cada situación, incluso la más desesperanzada, a la persona concreta, porque ve en ella unas posibilidades que ni siquiera esta es capaz de encontrar (Jesús «ve la fe» de los que traían al paralítico, Mt 9,1-7).

Jesús no rehúye el encuentro, sino que busca con la mirada: te mira, te llama por tu nombre, se dirige a ti en persona y te invita a dejar que te acompañe. Donde antes había un personaje o una máscara que encubre los prejuicios que etiquetan, Jesús encuentra a la persona; no para condenar, sino para invitar a seguir confiando y esperando, para acoger, para serenar y aliviar la carga de la incertidumbre. Por eso se produce el cambio radical en la persona que se encuentra con su mirada: Zaqueo (Lc 19,1-10), Nicodemo (Jn 3,1-21), las hermanas de Lázaro (Jn 11,17-44), la samaritana (Jn 4,4-26), la mujer hemorroísa (Mc 5, 25-34).

Su presencia es un lugar de encuentro: el pozo de Sicar, Cafarnaúm, el monte de las bienaventuranzas, la casa de Marta y María, el sicomoro donde Zaqueo sube para ver pasar a Jesús…

Ser homosexual y católica es posible. En estos momentos de radicalización de posicionamientos irracionales se vuelve a plantear la disyuntiva, la dicotomía, la eliminación por oposición de posturas. Pero esto no es real. La persona es completa, es una totalidad en la que se integran diversidad de dones, rasgos, tendencias. Somos seres completos y complejos y, sobre todo, hechos a imagen de lo Divino. Esto tuve que aprenderlo en carne propia, recuperando de mi memoria todo el bagaje recibido desde mi infancia en un colegio católico. Allí aprendí a amar a mi Iglesia de la que me siento parte; allí me enseñaron a hablar con Jesús y considerarlo mi mejor amigo; allí aprendí los misterios del rosario que luego en la vida adulta me acompañaron en más de una ocasión emocionalmente aguda. Allí aprendí los valores cristianos y su significado. Después de años volví a aquel colegio y a aquella institución que me acogió en su noviciado durante varios meses. Esa etapa formativa en la vida religiosa la recuerdo con intensidad, serenidad, inmenso cariño y profundo dolor. Porque fue allí dentro de mi noviciado donde el Señor me enseñó el secreto mejor guardado de mí misma: mi identidad lésbica. Allí dentro fui capaz de ponerle nombre a mis emociones, a reconocerme y a aceptarme. Desde este profundo sentimiento de autoconocimiento y el inmenso amor recibido por Él, ser capaz de tomar la decisión más dolorosa: volver a casa con mi nueva identidad y seguir las indicaciones que el Maestro me repetía incansable:

«Ahora, mi princesa. Te necesito fuera. Necesito que seas pescadora de almas y que les digas que les amo incondicionalmente, como te amo a ti. Tienen que saberlo»

​No es fácil regresar a un hogar que dejaste hace meses por un proyecto de vida. Demostrar que no te has equivocado, sino sencillamente que te has reconocido por fin y que, desde la coherencia de valores, has de salir. Y si mi opción es la vida religiosa, previamente debería aclarar algunos preceptos. 

Retomé mis estudios de Psicología. Recuerdo que debía estudiar los tratamientos de electroshocks para curar la homosexualidad. ¿Es que estoy enferma? Aprobé la asignatura y luego quemé el libro en una noche de san Juan.

Tenía prisa por saber si en el mundo, o al menos en mi ciudad, existían «otras personas extrañas como yo, homosexuales y cristianos»·. El Señor es paciente. Paso a paso me iba conduciendo con cariño por el camino adecuado. Un día puso a mi lado a las teólogas feministas, la Escuela EFETA, la Asociación Europea…Conocí entre ellas a mujeres increíbles, algunas también lesbianas y profundamente religiosas. Y no solo católicas, sino de otras confesiones cristianas, musulmanas, hindúes, judías… No estaba sola. Después vinieron los contactos con los movimientos cristianos homosexuales de diversas partes del país. El mundo es un pañuelo y nos conecta cuando nuestra alma está en sincero proceso de búsqueda. 

Desde entonces he procurado que mi trabajo de acompañamiento a personas homosexuales, transexuales y sus familias esté centrado en los valores del Evangelio y los pilares del enfoque humanizador en el que me he formado, apoyándome en la sincera empatía, la escucha desde el corazón, la autenticidad y la coherencia. Mi objetivo es uno: conseguir que la persona que salga de nuestro centro se sienta verdaderamente comprendida y escuchada. 

A lo largo de todo este proceso han sido varios los seminarios, talleres, ponencias, publicaciones que se van compartiendo en espacios pequeños y que va creando conciencia de gran familia cristiana y multicolor. Dice la hermana Glenda en su canción Quién te separará de mí:

«Quién te podrá separar de mí

Quién estará contra ti

Quién te acusara

Si Yo soy quien te justifico.

Quién estará contra ti, si Yo estoy contigo

Quién te condenará, si te elegí…».

A partir de estas palabras de Romanos hechas canto…¿Quién puede dudar de Su Amor?

TEXTO DESTACADO

Jesús sabe descubrir en cada situación, incluso la más desesperanzada, a la persona concreta

Mi objetivo es uno: conseguir que la persona que salga de nuestro centro se sienta verdaderamente comprendida y escuchada

 

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