SOMOS ENLACE – Santi Casanova

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Ciertamente, es fácil hablar del deseo de Dios de salir al encuentro de los hombres cuando tenemos delante a Jesús de Nazaret. Pero es muy bonito descubrir la fuerza y la hondura que tiene el «encuentro» en todo el Antiguo Testamento, cuando todavía la segunda persona de la Trinidad no se había encarnado. ¿Y después? ¿Y desde que Jesús murió y resucitó? Pues estamos en el tiempo del Espíritu donde ese deseo de encuentro se materializa en la Iglesia y en los sacramentos.

El encuentro es uno de los ejes básicos de la relación de Dios contigo. ¿No es lógico entonces concluir que eso que quiere Dios para Él, lo querrá también para ti? El encuentro con el otro, el encuentro entre nosotros es eje básico de tu ser persona, de tu felicidad.

Este tema del encuentro con otros es clave en la vivencia personal y de fe en las redes sociales. Como su propio nombre indica, las redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter, Whatsapp, Youtube, Tik Tok…) promueven el encuentro entre personas. Ese es su objetivo primario. Sería ingenuo pensar que las compañías que hay detrás y que ganan dinero a base de nuestros perfiles, son tan altruistas. Evidentemente no. Pero, aun así, la filosofía de fondo de cualquier red se sustenta en el «encuentro». Estar solo, vivir solo, comunicar solo… en una red social no tiene mucho sentido.

¿Puede alguien decir que está solo en la red si tiene muchos seguidores, si interactúa con muchas cuentas, si recibe muchos comentarios y si le cuesta contar los likes de cada día? Es una pregunta interesante. Sobra decir que ya hemos conocido varios casos de youtubers, instagramers, tiktokers famosos que lo dejan por depresión, que acaban en el suicidio o que, simplemente, deciden salirse de la burbuja porque están hartos de la presión a la que se ven sometidos. Debemos suponer que no, que ser un influencer no te convierte automáticamente en alguien feliz y dichoso.

El encuentro sobrepasa el like, el comentario, el seguimiento. Encontrarse con el otro es estar dispuesto a escucharle, a conocerle, a respetarle, a acompañarle… y también es aceptar ser escuchado, conocido, respetado y acompañado por él o por ella. Solo hay encuentro si hay verdad. Este es el punto clave para hacer de nuestras relaciones en la red algo que nos haga crecer y ser mejores.

Relacionarse en verdad, en la red como físicamente, es arriesgado. Esto es así. Por eso es conveniente ir poco a poco, dando pasos, buscando conversaciones y personas que me interesen, que valgan la pena, que sean respetuosas. Es ir quitando capas a los perfiles, que lo enmascaran todo, e ir buscando maneras de conocerse mejor. Si no hay verdad, no hay encuentro. Si no hay encuentro, las redes sociales se convierten en un vertedero de mentira y podredumbre, un entretenimiento vacío que alimenta el vacío que hay en cada uno de nosotros.

El vacío hace crecer el vacío y la soledad. El encuentro hace crecer el corazón. Hay que elegir.

Un abrazo fraterno.

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