Sinodalmente – Nerea Pena

Todo comenzaba en septiembre de hace un año, alguien me repetía por el teléfono la palabra sínodo. Yo solamente podía pensar, ¿joven y en un sínodo? Creo que se han equivocado, los jóvenes no participamos en ninguna de esas cosas, nosotros no tenemos que opinar de la Iglesia, nuestra opinión no es importante…

Así empezaba una aventura, diferentes proyectos, momentos compartidos en @ciudadjedha, asambleas locales, provinciales y llegaba el gran momento. Jóvenes de diferentes países se embarcaban en una asamblea europea en Salamanca. Días de compartir, días de experiencias, de momentos que estoy segura que los que hemos estado allí no podremos olvidar. Todos juntos con un objetivo común los jóvenes tenemos mucho que decir.

Durante esos días, muchos de nosotros expresábamos diferentes puntos de vista, diferentes opiniones y compartíamos. Lo importante es que compartíamos. Y es que joven no implica dejar a un lado las ganas de cambiar el mundo y en este caso algo que para muchos de nosotros es tan nuestro, la Iglesia. Me preocupa que muchos tengamos el mismo sentir, pero también me alegra porque implica que estamos dispuestos a aceptar el reto del cambio.

La Iglesia ha ido viviendo diferentes etapas y momentos, pero en todos ellos los jóvenes han tenido su lugar y estoy segura que han producido muchos de los cambios que se han conseguido.

Si pienso en lo vivido allí, no tengo palabras para poder expresarlo. Diferentes personas unidas en una Iglesia en silencio, no necesitábamos nada más que estar juntos y sentirnos queridos, escuchados, siguiendo el mismo camino. Creo que cada uno de los que hemos estado allí nos hemos sentido en nuestra casa, dónde hemos reído, cantado, jugado, llorado, dónde hemos conocido experiencias que han marcado un antes y un después. Las palabras del padre general Pedro Aguado, el concierto de Álvaro Fraile, compartir bailes de cada uno de nuestros lugares de origen, diferentes comidas, diferentes culturas, pero todos con un sentir común, un sentimiento que mueve montañas, que nos hace sentir miembros de una misma comunidad, de una misma familia, nuestra FE.

Pero, ¿sabéis? Por suerte aquellos días no han terminado allí, muchos de nosotros seguimos en contacto, muchos nos hemos convertido en partes esenciales de nuestras vidas, somos acompañantes y somos acompañados por personas que han estado siguiendo nuestros pasos aquellos días allí.

Otros seguimos embarcados en esta aventura y nos hemos reencontrados en el Consejo Joven de la revista que ahora mismo estáis leyendo. Pero os preguntaréis ¿por qué? Porque seguimos creyendo que los jóvenes tenemos mucho que ayudar a nuestra comunidad, debemos poner nuestros dones al servicio de los demás. Eso mismo estamos haciendo un pequeño grupo de jóvenes alocados que ayudamos a este gran proyecto dentro de esta revista, con nuestras pequeñas ideas, con las redes sociales, con el diseño de la web, con publicaciones, pequeños artículos… simplemente entregando nuestra vida a lo que Dios quiera de nosotros, confiando y permaneciendo.