SING STREET – José Mª González Ochoa

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Fresca, optimista, pasional, indefinida, idealista, espontánea, auténtica, vitalista, son todos adjetivos que sirven para enmarcar Sing Street, y que también permiten definir el mundo adolescente que retrata. Adjetivos que pocas veces en el cine acompañan a esa edad… Afortunadamente, John Carney, el director irlandés que nos regaló en 2007 una joya maravillosa como Once (ver RPJ 441, enero 2008), vuelve a incidir con el género musical en esta comedia romántica, protagonizada por unos jóvenes suburbiales de Dublín, que contiene bastante más que lo que aparenta, y eso que es mucho.

El protagonista, Conor (Ferdia Walsh–Peelo), es un quinceañero que sufre en carne propia la crisis económica y social de los ochenta: sus padres, en pleno proceso de descomposición conyugal, lo cambian a un colegio católico para ahorrar gastos. En el nuevo centro aprenderá a sobrevivir frente al abuso de compañeros matones y sacerdotes pederastas, con el pop–rock y la creación de una banda, pretexto o instrumento para enamorar a la chica de sus sueños. La música será el escudo afectivo y revulsivo vital de Conor, pero también actúa como hilo narrativo y descriptivo del ambiente emocional y social de los jóvenes. La potente y maravillosa banda sonora, en la que suenan composiciones propias de Carney/Clark y de los grupos de moda de los ochenta –The Cure, A–ha, Duran Duran, The Clash, Hall & Oates, Motörhead, Spandau Ballet, Police y The Jam– ilumina toda la película derrochando vitalidad y empatía, tanto con el público más joven como con los más maduros, como quien escribe, reviviendo una juventud tan lejana como feliz.

Entre canción y canción, unos personajes llenos de ternura y simpatía, estrafalarios y ruidosos, desorientados y convulsos, adolescentes en estado puro. Pero que no se rinden ni se resignan, que pelean por lo que quieren, enfrentan las arbitrariedades, buscan su destino en un mundo que se derrumba y tocan la música con la que sueñan su vida. Y la viven. Casi nada para tener quince años.

Todo contado por un director honesto, que utiliza su cada vez más depurado estilo con sincera naturalidad, manejando bien la caligrafía y las emociones, sabiendo cómo y qué quiere relatar.

Permitirme el último párrafo para lo que más me conmovió de la película: el personaje de Brendan (Jack Reynor), el entrañable hermano mayor. Un tipo infeliz que se culpa por no seguir su vocación, perdido en la tierra de nadie, y cada vez más alejado de sus sueños de juventud. Pero en vez de rumiar su desolación con amargura y en soledad, ve en su hermano Conor todo lo que él pudo llegar a ser y no se atrevió. Así Brendan se convertirá en su guía musical y vital. El crecimiento de Conor vendrá marcado por el ritmo de los discos que le recomienda su hermano y por ese empujón final con el que quizá sellará su amor y su destino… Para abrazarlo.

 

ALGUNAS PISTAS DE TRABAJO

– ¿Te ha gustado o no la película? ¿Ha conseguido emocionarte y hacerte reflexionar?

– ¿Qué crees que es lo más interesante y el mensaje principal del relato?

– ¿Qué es lo que más te ha gustado de la historia? ¿Qué es lo que más te ha hecho reflexionar? ¿Y lo más original?

– ¿Te has sentido identificado con los personajes ¿En qué aspectos sí y en cuáles no?

– ¿Por qué crees que es tan importante la música para los protagonistas? ¿Qué papel juega la música en tu vida?

– ¿Has vivido situaciones de acoso, marginación o aislamiento de algún tipo? ¿O conoces algún caso cercano? ¿Cómo has reaccionado? ¿Qué te ayudó a superarlas? ¿Ayudaste de alguna forma a superarlas?

– Analiza la figura del hermano mayor, Brendan, en la película. ¿Qué te sugiere? ¿Tienes hermanos mayores? ¿Son importantes en tu vida? ¿Cómo es tu relación con ellos? ¿Te han ayudado a crecer y a tomar decisiones importantes? ¿Y cómo es tu relación respecto a tus hermanos menores?

– ¿Qué te parece el final? Coméntalo en grupo.

Otras recomendaciones

Por trece razones. El reverso oscuro de la película Sing Street es la serie televisiva Por trece razones, que en menos de un mes se convirtió en visión obligada para todo adolescente que se precie. El relato de una joven, Hannah Baker, que tas su suicidio ha dejado trece cintas a las personas a las que culpa de su muerte. La serie, llena de recovecos y aristas, ha calado de manera profunda entre nuestros adolescentes, por lo que, de primeras, debe ser vista también por los padres. Ha triunfado y ha funcionado rápidamente, como todo lo que ocurre en el mundo juvenil, por su discurso directo, de tú a tú, y con numerosos subtemas tan cercanos a la etapa vital a la que va dirigida (acoso, sexo, culpa, amistad, relaciones paternofiliares, escuela…).

Hay que decir que la serie es tramposa, juega con el comportamiento incoherente de los personajes, abusa en los sentimientos de culpa y en los comportamientos más oscuros e innobles, llegando casi siempre a lo absurdo. Desde el punto de vista técnico es simplona y los actores, salvo la protagonista, Katherine Langford, poseen escaso talento. Pero ahí están nuestros chavales, viéndola y hablando de ella, por ello es recomendable que padres, maestros y catequista la vean y la comenten con ellos para dar luz sobre algunos de los temas y comportamientos que de tan emborronados confunden.

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RPJ Nº 522 -Sing Street – Chema González Ochoa

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