Santiago, No para dominar sino para servir – Iñaki Otano

Los dos hermanos Zebedeos, a pesar de llevar ya un tiempo siguiendo a Jesús, necesitan purificar sus motivaciones. En este relato todavía tienen una idea de ventajismo material para seguir a Jesús. Ellos creen en un Reino de Dios de carácter político o material. A través de su madre, ponen en evidencia su ambición. En el reino que ellos sueñan, el seguimiento de Jesús les va a dar poder político y prebendas materiales. Parece que ese seguimiento de Jesús va a colmar todos sus anhelos egoístas y les va a ahorrar esfuerzos e inconvenientes.

Entonces Jesús les propone cambiar de óptica: no pienses en la ventaja material que vas a sacar sino en el servicio que vas a hacer: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?

Y ya dirigiéndose a los otros apóstoles, que mostraban las mismas ambiciones, dice que no ha venido a que le sirvan sino para servir y dar su vida.

En una de las primeras homilías de su Eucaristía cotidiana, el Papa Francisco, además de lamentar el “carrerismo” clerical, afirmaba que “el triunfalismo en la Iglesia detiene a la Iglesia. El triunfalismo en los cristianos, frena a los cristianos. Una Iglesia triunfalista es una Iglesia a mitad de camino… Una iglesia que solo piensa en los triunfos, los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos”.

Lo que pide también Jesús es unos discípulos servidores, no ávidos de honores. Que desechen el menor atisbo de prepotencia. Magdalena de Jesús (1898-1989), fundadora de las Hermanitas de Jesús, que viven el carisma de Charles de Foucauld, decía a sus hermanas: “Como Jesús durante su vida humana, hazte toda a todos: árabe en medio de los árabes, nómada en medio de los nómadas, obrera en medio de los obreros…, pero, sobre todo, humana en medio de los humanos”. Ella misma reconocería que Jesús, a quien ella siguió “ciegamente”, se sirvió de su debilidad, no de su poder o de su fuerza: “Yo estaba siempre enferma y nadie hubiese imaginado en mí una futura fundadora”. Lo importante no es la fuerza y el poder sino el afán de servicio.

      

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?”. Ella contestó: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. Pero Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”. Contestaron: “Lo somos”. Él les dijo: “Mi cáliz lo beberéis, pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”.

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos”.  (Mt 20, 20-28)

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