SALIR CON OTRA – Joseph Perich

Joseph Perich

Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor: empecé a salir con otra mujer. En realidad había sido idea de mi esposa.

Tú sabes que la amas me dijo un día, cogiéndome por sorpresa La vida es muy corta, dedícale tiempo.

-Pero yo te amo a ti… protesté.

-Lo sé. Pero también la amas a ella.

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde hace unos años, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente. Esa noche la llamé por teléfono para invitarla a cenar.

¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? – me preguntó.

-Creí que sería agradable pasar unas horas contigo, le respondí ¡Los dos solitos!   

Cuando llegué a su casa, vi que ella estaba muy emocionada. Me esperaba con el vestido de su último aniversario de bodas. Fuimos a un restaurante. Tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían las letras grandes.

Era yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas?

Durante la cena tuvimos una agradable conversación.

Saldré contigo otra vez, pero sólo si te dejas invitar dijo mi madre cuando la llevé a su casa Asentí y la abracé.

Días más tarde mi madre murió de un infarto. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado con una nota que decía:

La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y tu esposa. Jamás podrás saber lo que aquella noche significó para mí. ¡Te amo!”

 

REFLEXIÓN:

Podría parecer frívolo que con lo que está pasando estos días en Libia, en Japón o con la misma crisis económica, ahora me dedique a comentar hechos humanos caseros, nada noticiables. Me pregunto hasta qué punto el impacto sensorial de los grandes dramas que contemplamos sucesivamente en las pantallas del televisor consigue mucho más que una expresión de «pobrecitos», mezclado con un sentimiento de indignación o impotencia. ¿Puedo resignarme a que, cuando yo muera, el mundo siga como si yo no hubiera vivido?

Un proverbio chino, pronostica sabiamente: «todas las flores de mañana son las semillas de hoy». O dicho de otra manera: «Gente sencilla, haciendo pequeñas cosas en lugares poco importantes, unidas, hacen cosas extraordinarias», como sentencia Moacyr Grech, obispo en la selva amazónica.

Dos botones de muestra:

  • Jorgina, madre de familia, como voluntaria, semanalmente va a jugar al dominó a una residencia, con una anciana. Me comenta: «la dejo ganar pero no siempre, para disimular. ¡Es tan feliz… pero yo también!».
  • Toni, cada sábado por la mañana, baja de Gerona al Centro Juvenil de Ca la Guido para hacer de monitor voluntario de chicos discapacitados psíquicos de una asociación. Vuelve a su casa, sin cobrar ni la gasolina, pero habiendo «cargado las pilas» para toda la semana.

Estoy convencido de que la onda expansiva espiritual de Jorgina, de Toni, y de tantos otros, se irradia más allá de su servicio concreto para llegar provocativamente a su entorno familiar y social.

«Empezar a salir con otra», en el sentido que le dábamos más arriba, ¿no podría ser una de las mejores opciones cuaresmales?

Mucha gente estos días está con el corazón en un puño para ver si desde Japón se esparcen o no maléficas radiaciones nucleares. Afortunadamente me acaba de llegar una «radiación» de fuerte contenido espiritual, desde Tokio, donde pasa unos meses el jesuita Juan Masiá.  Relata su implicación solidaria en ese país con una invitación: «No te quedes mirándome en la cruz y llorando, sube aquí a mi lado, mira como se ve el mundo desde la altura de una cruz que es resurrección, y baja de ella para descrucificar a los crucificados».