RPJ nº 520 Editorial Participación sociopolítica – Juan Carlos de la Riva

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Hace un par de años, el papa Francisco dialogaba con unos jóvenes de Gante, Bélgica, y les decía: «Para mí, el alma del Evangelio son los pobres. Hace dos meses escuché a una persona que dijo: “¡Siempre hablando sobre los pobres; ¡este papa es un comunista!”. Pero no, esta es una bandera del Evangelio, la pobreza sin ideología: los pobres están en el centro del Evangelio de Jesús».

No son tiempos fuertes para las ideologías, nuestros jóvenes no parecen abiertos a nuestros discursos… y esto asusta porque quizá temamos que se desmorone también el sustento racional de las opciones éticas y teológicas que lleven a un cambio.

Pero podríamos leer estos signos de los tiempos de un modo positivo: quizá ese cambio personal y social pueda darse antes de la ideología, y esta venga después del sentimiento y de la acción, como necesaria para poder fundamentar y consolidar, pero siempre en función de una nueva acción.

En la tradicional y tan fructífera metodología scout ideada por Baden Powell se nos hablaba siempre de la tríada acción-reflexión-acción; desde otros planteamientos hemos hablado de pedagogía de la experiencia, de aprendizajes vitales… Creo que esta puede ser una de las claves de la educación y evangelización para el cambio social: hay una inmediatez que los jóvenes reclaman. Para ellos solo es auténtico lo verificado en la práctica, y desconfían de las elucubraciones y sustentos racionales de las acciones para pasar a una inmediatez de actuar. Después, como algo necesario y buscado para poder seguir, la reflexión.

Nos dice la neurociencia que toda elección se decide en un 80% desde la zona más emocional de la persona. Desde la inmediatez del afecto que, bien educado (supongamos la cocina a fuego lento necesaria y previa), se desata y polariza hacia aquello que, de repente, lo desenreda todo porque algo tira más de todo.

Pongamos ahí, en ese tirar de todo, al pobre que sufre pero también su felicidad compartida; pongamos al pueblo olvidado pero que lucha y enseña esperanza; pongamos el mundo roto pero que es grito de Dios. Y pongámoslo con el joven, mediando algo pero no ideologizando. Y a ver qué pasa. Seguramente brotará el impulso emocional, brotará la acción voluntariosa y brotará también la pregunta del por qué y, sobre todo, del cómo cambiar esto.

Este número de RPJ, el 520, quiere hablar de todo esto, cómo hacer jóvenes más comprometidos con un cambio ecológico, social y político, más metidos en los procesos que hagan avanzar las dignidades y los derechos de todos y todas.

Rafael Díaz Salazar, desde su larguísima trayectoria en la militancia en HOAC, y desde su amplio recorrido intelectual, ha caído ahora en el mundo educativo. Con su libro Educación para el cambio eco-social pone su mirada en los niños/as y en los jóvenes, como queriendo alertar de que como fallemos en eso, esto irá a peor. Por eso nos habla de movimientos infantiles y juveniles que hagan de niños y jóvenes auténticos militantes, que eduquen por la vivencia y la experiencia en esa convicción de que el cambio es posible y que además Dios lo quiere. Por ahí va esta revista.

Igor Irigoyen, coordinador de la red Itaka-Escolapios, nos desgrana la centralidad del compromiso social en todo proceso pastoral-educativo y nos apunta líneas prácticas para poder favorecerla y hacerla germinar en el corazón de nuestros grupos de jóvenes y prácticas pastorales. Voluntariados, experiencias de contacto directo con la realidad que clama por un cambio, análisis de la realidad de un modo crítico y esperanzado, para cuajar en un proyecto de vida que entienda el compromiso no solo como un quehacer, sino como una manera de estar en el mundo, un estilo de vida.

Complementando el tema desde la sección más educativa hablaremos de educar para la ciudadanía global cosmopolita. Y desde las tendencias que llenan los espacios virtuales hablaremos de inmigrantes y corazones dispuestos a recibirlos.

Y, como siempre, la primera palabra de la revista la tienen los jóvenes, que apuntan maneras para que nuestros procesos educativos y pastorales acompañen esa profunda inquietud sincera de contribuir con sus vidas a un cambio de sociedad.

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