REGALO DEL NIÑO JESÚS (EL) – Joseph Perich

Joseph Perich

El pequeño Daniel llega al portal de Belén. Mientras contempla al Niño Jesús, una lágrima se desliza por su mejilla.

-¿Por qué lloras? –pregunta Jesús.

-Porque no tengo nada para regalarte.

-¿Que no…? Me harás feliz si me ofreces el último deber que has hecho en el colegio.

-No puedo… el maestro me ha puesto “insuficiente”.

-¿Estás dispuesto a darme de tu vida todo lo que sea “insuficiente”?

-Acepto.

-¿Ahora me podrías regalar tu taza del desayuno?

-No puedo. Esta mañana la he roto.

-Pues, regálame todo lo que hayas “roto” en tu vida. ¿Aceptarías regalarme la respuesta que has dado a tu madre cuando ella te ha preguntado por qué la habías roto?

 -Yo… yo… yo le he dicho que había sido mi hermana y no era verdad.

 -Regálame todas tus mentiras, tus celos, todo lo malo que hayas hecho. Si te acercas con todo esto hacia mí, yo te abrazaré y te ayudaré. Conozco tu debilidad. Te puedo liberar. ¿Aceptas mi regalo?

Daniel se quedó maravillado y se arrodilló. Su corazón latía de júbilo. Era Navidad.

REFLEXIÓN:

La Teo y el «Cuca», pareja enganchados al alcohol y considerados las «ovejas negras» de mi barrio, me vienen a ver trayendo una maceta con la flor roja de Navidad. Les agradezco el detalle pensando que era para mí. Pues no, el destino era otro. Me piden entrar en la iglesia. Los acompaño, dejándolos pasar delante, medio a oscuras y depositan la flor ante un majestuoso Santo Cristo con los brazos en cruz, y en silencio hacemos parada y fonda. Nos damos un abrazo emotivo a los pies del crucificado y marchan para casa más ligeros que unas pascuas. No han podido esperar a la «misa del gallo». Ellos han atajado, han hecho «Pascua antes de Navidad», mientras otros para llegar a Belén damos vueltas por las cuatro semanas de Adviento. A saber si este año esta flor de Navidad, regada con las lágrimas de la Teo y el «Cuca», no será la que arrancará la primera sonrisa del tierno niño de Belén. Me recuerda, mira por donde, a los pastores del pesebre parroquial de este año.

La que también habrá hecho «Pascua antes de Navidad» será la reina Fabiola de Bélgica, recientemente fallecida a los 84 años. Ha dejado escrito en su testamento que da toda su herencia a los indigentes de su país. Con la corrupción de tantos políticos que están saliendo a la luz del día vale la pena dar relieve a la decisión significativa y ejemplar de esta mujer. También ella acaba entregar la flor roja de la Navidad a los más «crucificados» y más «desahuciados» de su entorno. En el belén de la parroquia me la imagino haciendo de ángel y anunciando a los «ninguneados» pastores: «No temáis, os anuncio una Buena nueva…».

He tenido acceso a la carta de Alberto, tiene seis años, y «buena» acaba de hacerle a los Reyes: «Os pido que me traigan la bicicleta de mi hermana». No dice «como» la de mi hermana sino «la» de mi hermana. Este niño no será el reflejo de muchos adultos «enganchados» a sobresalir «pisando» a quien sea, a «poseer» por encima del «ser» persona…? A Alberto, si le tuviera que asignar un personaje del belén de este año, creo que le correspondería el rol de «Rabadán», confiando que pronto redescubra la estrella que lleva a Belén.

«La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien que nos vendieran un poco de silencio, para oír la voz del Amor» -acaba de decirnos el Papa Francisco-. Sí, y en este silencio, sentir por dentro lo que Daniel en el cuento saborea: «Conozco tu fragilidad. Te puedo liberar. ¿Aceptas mi regalo? «.

El obispo Pedro Casaldáliga este año nos desea unas felices fiestas con esta convicción: «Con los pobres de la tierra confesamos que El nos amó hasta el extremo de entregarnos a su propio Hijo, hecho Dios venido a menos. Es Navidad».