REDES AL SERVICIO – Marta Moratona y Pedro Alonso

​Como entidad social al servicio de la infancia y juventud, especialmente aquella que se encuentra en situación de riesgo de exclusión, creemos que estar en las redes sociales es una útil y buena herramienta para darnos a conocer como Fundación, dar a conocer nuestra identidad, nuestra imagen, establecer contactos con otras personas y entidades sociales, hacer visible nuestra transparencia, captar voluntariado o contactar y/o fidelizar a las personas que están o pudiesen estar interesadas en dar soporte económico a nuestras acciones y proyectos.

Desde nuestra modesta experiencia, y al hilo de los aspectos positivos citados que encontramos al estar presentes en las redes, nos gustaría señalar algunas claves de fondo y de forma a la hora de posicionarnos en las mismas como entidades del tercer sector.

Nuestra imagen (comunicación + captación)

¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo comunicamos? Son tres de las preguntas clave a realizarnos en equipo y a clarificar.

Nuestra «marca» debe estar consensuada y definida, ser compartida por todas las personas que formamos la entidad, y en base a ella definir como visibilizarnos. La imagen es la puerta de entrada a nuestra identidad.

Probemos…

Insertar aquí el logo de Cruz Roja sin texto, como en el ejemplo, solo la imagen cruz-roja.jpg

Insertar a continuación el logo de Manos Unidas, sin texto, como en el ejemplo, solo el anagrama Anagrama_2017_MU_2955

…no hay lugar a dudas, una imagen vale más que mil palabras.

Cómo nos presentemos hacia fuera es un factor que incidirá proporcionalmente sobre los beneficios que podremos obtener en captación y fidelización de recursos humanos y económicos; la comunicación y la captación caminan de la mano. Aun no siendo lo nuclear, si sabemos comunicar quiénes somos, generaremos más posibilidades de alcanzar nuestros objetivos.

Nuestros proyectos (ética + dignidad)

Sabiendo que todo lo anterior es cierto, quizá la clave que más nos exige es poner a la persona siempre en el centro, en todo lugar y circunstancia. Para ello debemos estar alerta; es increíblemente fácil caer en el paternalismo, el choque emocional, la descontextualización, la justificación, el lavado de conciencia…

Podemos decir que lo que no se comunica, lo que no se pone en palabra, no existe. Pero también afirmamos que el fin no justifica los medios y esto nos exige. No podemos comunicar de cualquier manera, porque el cómo comunicamos las realidades con las que trabajamos es en sí mismo un fin que nos habla de nuevo de quiénes somos, de nuestra identidad, del cómo comprendemos la realidad y de qué lugar ocupan las personas.

Tomemos por un momento el pulso de nuestra comunicación. Analicemos nuestras publicaciones (audiovisuales y escritas) a partir de estas pautas extraídas de código ético de comunicación[1]:

  • Poner el foco en lo que suma. ¿Priman las informaciones positivas que presentan el potencial humano de las niñas, niños y adolescentes y huyen de la presentación sistemática de una imagen negativa?
  • Mostrar la realidad en su complejidad. ¿Evitamos los mensajes y discursos simplificadores y las presentaciones dicotómicas? Las grandes generalizaciones esconden la diversidad de situaciones en que viven niñas, niños y jóvenes.
  • Dar la palabra. ¿Priman los testimonios directos de las personas o los grupos interesados sobre las interpretaciones de sus opiniones o declaraciones?
  • Empoderamiento y derechos. ¿Evitamos el miserabilismo y el patetismo, así como las llamadas emocionales excesivas que buscan reacciones inmediatas, pero que tienen el riesgo de obstaculizar la toma de conciencia informada y racional?

Porque detrás de cada imagen o de cada narración sobre lo que ocurre estamos mostrando al mundo quiénes somos y cuál es nuestra manera de entender la captación de recursos. Porque entendemos que el acompañar a las personas y sus contextos en su proceso de empoderamiento, favoreciendo el acceso a sus derechos, es la mejor forma de construir colaboradores y voluntarias comprometidas con las personas, corresponsables de las situaciones que generan y perpetúan la injusticia, y que en la solidaridad «efervescente» de impacto emocional esto no se hace posible.

Agradecemos a Cruz Roja y a Manos Unidas la autorización a usar sus imágenes en este artículo

[1]  Código Ético de la Plataforma de la Infancia España (disponible en http:www.educo.org).

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