RECREAR LA FORTALEZA – Silvia Martínez Cano

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Todos nacemos con una fortaleza innata, capaz de llevarnos hacia adelante en la vida, que se nutre no precisamente de nuestros puntos más fuertes sino, sorprendentemente, se alimenta de nuestras limitaciones y de cómo resolvemos estas ausencias o incapacidades para hacer nacer en nosotros nuestra fortaleza. La fortaleza de la persona se mide en términos de resiliencia y que esta, como en la imagen, se teje poco a poco a lo largo de la vida.

 

La persona es como una frágil estructura que nace y debe ser cuidada durante mucho tiempo para salga adelante. Alrededor de esa estructura vamos tejiendo aquellas cualidades que brotan del esfuerzo de querer ser mejores:

  • En las relaciones con los demás: el ser más empático, mejorar mi capacidad de comunicación, reírme de mi mismo, ser más flexible…
  • En los acontecimientos de la vida: ser capaz de ser crítico y aceptar la crítica, elaborar estrategias para obtener algo, saber pedir ayuda, buscar vías alternativas o ser creativo…
  • En las expectativas o sentido de la vida: tener y cultivar deseos, participar de cierto optimismo, tener confianza en las personas, desarrollar cierta profundidad, aceptar el regalo de la vida (la Gracia de Dios), confiar en esta vida (tener fe en Dios)…

 

No nacemos con todas estas cualidades desarrolladas, de hecho, nacemos frágiles y estas cualidades se pueden enquistar o quedar raquíticas. Por eso, hoy te invito a que cojas tu estructura básica de persona, con todas sus dificultades y limitaciones y, con un hilo, comiences a tejer sobre ella la estructura que te fortalecerá. Es un trabajo personal, de entrenamiento, da igual a qué edad empieces ni por dónde lo hagas. Puedes empezar por donde no hay nada o por donde se hicieron huecos después de una experiencia traumática. Da igual. Te fortalecerá.

 

La resiliencia teje la fortaleza de la persona en el día a día, no es una cualidad extraordinaria, sino que incluso en las pequeñas cosas, en la capacidad de enfrentar las frustraciones cotidianas, es donde entrenamos la resiliencia y tejemos la fortaleza para futuras situaciones complicadas.

 

A veces sorprende lo vulnerable que parece una persona y lo bien tejida que tiene su fortaleza, pues se levanta y busca alternativas para resolver una situación o seguir avanzando en sus objetivos. Las respuestas cotidianas son las que nos hablan de esa persona, de los hilos con los que teje su fortaleza.

Mira ahora tu tejido y pregúntate que es lo que hace (cualidades, habilidades, esfuerzos…) que tu estructura sea más sólida. Quizá recuerdes un acontecimiento o varios, más o menos doloroso, pero que te recuerda cómo fuiste y cómo fuiste capaz de sobreponerte y poner en marcha resortes que quizá desconocías. A veces estos recuerdos están vinculados a personas. Personas que te ayudaron o personas que te hicieron sufrir. Da igual, están ahí para recordarte que en un momento determinado tejiste un nuevo hilo que te dio poder sobre tu vida y sobre tu entorno.  

 

Vuelve a mirar tu estructura tejida. La vulnerabilidad, aunque es característica humana, puede ir acompañada por la fortaleza. Todo depende de cuánto tiempo dediques a entrenar la resiliencia, aguja e hijo de la fortaleza. Aprende a cultivarla cuando aceptas que la vida es movimiento y cambio; cuando en ella, te pones metas y trabajas por conseguirlas; cuando tomas decisiones, incluso en los momentos difíciles; cuando confías, pese a los pensamientos que te desaniman, que eres capaz de afrontar las cosas; cuando sientes que estás en un callejón sin salida y miras a otra parte para buscar otras vías; cuando te ríes de tus propios errores y los compartes con otros; cuando dedicas tiempos para ti y en el silencio te encuentras contigo mismo… tejes fortaleza, poco a poco, suavemente como la seda del gusano.

 

Sigue tejiendo tu estructura, hoy un poco, mañana otro trecho, pasado mañana más… No importa el ritmo, lo importante es seguir tejiendo y fortaleciéndose.

 

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