Iñaki Otano
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
“Lo que pasó en tiempos de Noé pasará cuando venga el Hijo del Hombre.
Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca, y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre. Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”. (Mt 24, 37-44).
Quizá un rasgo que defina al hombre y mujer de hoy sea la ansiedad. No sabemos simplemente estar disfrutando del momento, de la compañía, lo que los eficacistas dirían “perdiendo el tiempo”.
La vida nos reclama estar activos y no podemos declinar nuestras responsabilidades, que a veces exigen respuestas urgentes. Pero ser o estar activo no es lo mismo que estar permanentemente agitado. Jesús no nos pide estar ansiosos sino estad en vela. Es decir, para discernir bien, no os dejéis ahogar por los acontecimientos. Procurad que estos no os arrebaten la lucidez.
Un sacerdote holandés, Henri Nouwen (1932-1996), autor de libros de espiritualidad , acompañante espiritual y humilde buscador de paz interior, habla de la dificultad que tenemos “la gente atareada” para recibir verdaderamente una bendición: “se nos ha vuelto extremadamente difícil detenernos, escuchar, prestar atención y recibir amablemente lo que se nos ofrece”. Dice que a él vivir con personas disminuidas psíquicas le ha aclarado mucho: “tales personas tienen muchas bendiciones que ofrecer; pero ¿cómo puedo recibir tales bendiciones si constantemente estoy ocupado en algo importante?… Sin embargo, sin un deseo consciente de ‘perder’ nuestro tiempo es difícil escuchar la bendición”. El propio Nouwen reconoce que, si pudo salir de la grave crisis que padeció en un determinado momento de su vida, fue gracias a la ayuda de la comunidad “El Arca”, fundada por Jean Vanier y formada, en general, por graves discapacitados física y mentalmente.
Estar preparado, estar en vela para recibir la bendición. Que esta no pase de largo porque yo estaba distraído o excesivamente atareado como para escucharla y atenderla.
En el fondo, se trata de una invitación a analizar honestamente, sin ansiedad, mis proyectos. Se trata incluso, según algunos, de “reforestar el corazón” porque “en el interior del ser humano se ha talado el bosque de su sensibilidad y se ha secado el río de la esperanza” (Olga Mª Jiménez Molina).
Pero no hay por qué ensombrecer el panorama: el Señor vendrá, ha venido, está viniendo. En todo tiempo ha habido y habrá bendición. Hay muchas manos bendiciendo y muchas personas abiertas a recibir la bendición. El Señor nos invita a estar sin ansiedad en lo que tenemos que estar. La hora puede ser una hora cualquiera, la que menos penséis. Estad simplemente atentos. El Señor llega.







