Programa Ojalá de Itaka-Escolapios – Esther Gil

Itaka–Escolapios dispone de un programa de alfabetización y enseñanza del español como segunda lengua destinado a personas extranjeras en situación o riesgo de exclusión. En la sede de Bilbao, este programa llamado Ojalá comenzó con 40 alumnos y alumnas en el curso escolar 2011-2012, atendiendo en la actualidad a más de 300 personas anualmente.

La principal finalidad del programa es apoyar la inserción social y laboral de personas inmigrantes, mediante la mejora de su nivel de alfabetización y manejo del español como segunda lengua. Para ello, y sin dejar de lado el objetivo principal, cuidamos con especial dedicación el acompañar a cada alumno y alumna, facilitando que encuentre en el programa un espacio donde poder comunicarse con otras personas y establecer nuevas redes de apoyo, canalizando sus inquietudes y necesidades. En definitiva, intentar ofrecer una atención integral a cada persona.

El programa ofrece durante el curso dieciséis grupos de lunes a jueves: seis de ellos por la mañana y diez por la tarde, abarcando distintos niveles que van desde la alfabetización hasta un nivel de idioma B1. Para ello, además de utilizar los cuatro locales de la Fundación, utilizamos seis aulas del colegio escolapios.

Teniendo en cuenta el perfil del alumnado que atendemos, el programa Ojalá ha ido creciendo y evolucionando, creando una serie de servicios complementarios, fuera del horario de las clases, para atender las demandas del alumnado: Ojalá-Txiki (servicio de guardería y refuerzo escolar), Alfabetización informáticaIniciación al euskeraServicio de orientación (acogida, entrega de ropa, búsqueda de piso, realización de CV), Ojalá que llueva café (clases de conversación)y Epeletan (albergue nocturno para cubrir el alojamiento de 16 alumnos sin hogar).

Especialmente destacable es la cantidad de gente implicada con este programa. 230 personas voluntarias colaboran para que todo salga adelante y para que tal cantidad de alumnos y alumnas puedan ser atendidas (tanto en las clases de alfabetización y de español, como en el resto de los servicios). Para ello, dedican parte de su tiempo (uno o dos días a la semana) a impartir las clases, a participar en las reuniones que se van planteando, a cuidar o reforzar las tareas escolares de los niños y niñas, a la preparación de todo ello. Una implicación que desde el equipo del programa Ojalá e Itaka–Escolapios agradecemos mucho, ya que permite que Ojalá sea lo que es y pueda mirar al futuro y plantearse nuevos retos y servicios.

Este programa de alfabetización se ha ido replicando en otras sedes de Itaka–Escolapios como son Granada, Vitoria, Logroño, Tafalla, Pamplona, etc. Desde Tafalla y desde Granada nos llegan dos testimonios de jóvenes voluntarias.

Descarga aquí el artículo en PDF 547-MARZO-2021 Proyecto Ojalá – Esther Gil

 

Desde Granada, Esmeralda Úcar

esmeraldaucar@hotmail.com

¿Cómo expresar lo que he sentido con esta experiencia?

Un día me hablaron del Proyecto Ojalá, accedí a ir un poco asustada y sin estar segura de lo que yo podría aportar. Me encontré con un grupo de personas excepcionales, cada una con sus fantasmas en el armario, sí, pero como todo el mundo; con una capacidad de dar amor, sonrisas, ganas de aprender más y más… y eso me pudo.

Cada día que salgo de la clase de alfabetización mi cara rebosa felicidad, ellas me dan mucho más de lo que yo pueda darles.

Cada progreso de una de ellas es un aplauso del resto y eso cala y mucho.

Este es el segundo año de mi experiencia, un año raro por la pandemia, pero lleno de fuerza por parte de todas y además, por vez primera, ¡tenemos una clase mixta! El respeto y la colaboración entre todas ellas es admirable.

Estoy muy orgullosa de pertenecer a este grupo de voluntarias y poder conocer a gente tan, tan, tan estupenda que cada día me enseñan algo y que cada día aprenden algo también.

Gracias por contar conmigo.

 

Desde Tafalla, Leyre Onaindia

leyreonaindia@escolapiosemaus.org

Una mañana cualquiera de mi vida empieza con salam, hello, hola, ni hao, olá, buna ziua, bok… Significa que estoy en las clases de español. Besos en las mejillas y abrazos. Oigo mi nombre pronunciado «aire». He llegado.

Me rodean mujeres y hombres de distintas nacionalidades que, tras saludarse, miran a su alrededor para ver si tienen que sacar la carpeta con los apuntes, o es clase de conversación, o jugamos un bingo de profesiones, o un dominó de alimentos…Todo vale si les ayuda a aprender el idioma que les facilita la vida en Tafalla, una pequeña localidad de Navarra.

En el aula están los voluntarios que me acompañan en esta tarea con la premisa de trabajar desde el corazón. Observar y ser conscientes de las necesidades del día a día, y anteponer la escucha a la clase magistral.

Son personas increíbles que se dejan llevar por todas nuestras propuestas y, sin pensarlo mucho, se animan a ponerse un delantal para hacer un taller de cocina o se cogen las gafas de cerca y se sientan a coser en nuestro taller de costura.

A las once, al finalizar las clases, me ven pasar por los pasillos con bolsas y cajas de ropa para hacer la entrega a las familias que lo necesitan, y solo se plantean si ellos también pueden traer cosas aquí en vez de llevarlas a los contenedores.

Yo fui una voluntaria y, en cierta medida, quiero seguir pensando que sigo siéndolo, porque mi labor en Ojalá no se limita a coordinar, hay una parte humana donde lo das todo o no recoges nada.

Hay una vieja frase que dice, «intentar recibir sin dar algo primero es tan estéril como querer cosechar sin haber sembrado». Y mucho hay de cierto en esta afirmación. Muchas veces pretendemos que el mundo nos dé algo y nos quejamos si no lo recibimos. Pero ¿has pensado si tú estás dando todo lo que puedes de ti?

Desde que tengo memoria, he intentado seguir la premisa de mi padre: haz bien y no mires a quién.

Así que cuando mis dos hijas pequeñas entraron a primero de infantil, me ofrecí a colaborar con el colegio de escolapios, que tanto había ayudado a mi hijo mayor. Me vi casi sin pensarlo dando clases de español a mujeres que, entonces casi en su totalidad, eran de origen marroquí.

Mujeres que, tras varios años, me han acogido en sus casas, en sus vidas y en sus corazones. Y que me defienden ante su comunidad diciendo que yo soy familia.

Agradezco a la Fundación Itaka–Escolapios que me haya dado la oportunidad de formar parte de algo tan grande, y le pido a Dios que me de fuerza para continuar mi labor en este proyecto.

Me gustaría terminar con unas citas que me definen y definen mi trabajo.:

«Las mejores cosas y las más bellas del mundo no se pueden ver ni tocar. Deben sentirse con el corazón» (Hellen Keller).

«Si no puedes volar, corre. Si no puedes correr, anda. Si no puedes andar, arrástrate. Pero hagas lo que hagas, tienes que seguir moviéndote hacia delante» (Martin Luther King).

«Donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz esta Dios y donde está Dios no falta nada» ( Blanca Cotta).

«Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes sin las cuales la escucha no se puede dar» (Paulo Freire).

«Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre» (Paulo Freire),

Gracias.

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