PRIMEROS PASOS – Santi Casanova

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Comenzamos este 2018 con la mirada puesta en el próximo sínodo convocado por el papa Francisco y dedicado especialmente a los jóvenes. No tengo dudas en que uno de los lugares privilegiados donde acompañar, escuchar y tratar con los jóvenes son las redes sociales. Así también lo expresan ellos, como queda reflejado en las conclusiones presentadas por la Conferencia Episcopal Española tras la encuesta realizada a cerca de 5000 jóvenes de nuestro entorno. Por tanto, debemos comenzar este año con el propósito de hacernos más presentes en las redes y de hacerlo, sobre todo, para escuchar y acompañar y no tanto para adoctrinar y convencer.

Se me ocurren varias maneras útiles de dar los primeros pasos:

  1. Creando perfiles personales aquellos que todavía no los tengan. Recordemos que el acompañamiento y la evangelización suelen hacerse face to face, cara a cara, en el encuentro personal, en el uno a uno. Las cuentas institucionales tienen su objetivo, pero este no coincide con lo que nos estamos planteando. ¿Dónde? Donde están los jóvenes: Instagram, Twitter fundamentalmente y Snapchat también.
  2. Escuchándolos. Esto, traducido a las redes sociales, quiere decir seguirles, leerles, ver qué contenidos comparten, qué les gusta, cómo hablan, qué hashtags siguen, en qué conversaciones están, cuáles son sus opiniones sobre los temas de los que hablan, etc. Esto implica cambiar el patrón y dedicar más tiempo en las redes a leer que a escribir, a escuchar que a hablar. Ahora bien, escuchar no es espiar. Escuchar es también, en un momento dado, mostrar que nos interesa lo que a ellos les interesa, que estamos dispuestos a hablar también con ellos de eso, que comentamos alguna de sus intervenciones, que les pedimos opinión, que ofrecemos la nuestra sin pontificar, que estamos ahí… no porque espiemos sino porque escuchamos.
  3. Ofreciéndoles perfiles, aparte de los personales, que sean realmente atractivos para ellos y que sean útiles en su experiencia de búsqueda de sentido y felicidad. Canales alegres, con contenido joven, que hablen de todo, que cuenten con los jóvenes en su administración, en la generación de contenidos, que sean espacio de testimonios válidos, que ofrezcan referencias de ocio, culturales, científicas, tecnológicas… que sean buenas, que hagan la propuesta de Dios desde el diálogo con esas referencias.
  4. Acompañándolos. También las redes tienen sus limitaciones y aunque pueden ser lugar de encuentro, de diálogo… deben también propiciarnos el salto al encuentro físico, en la medida de lo posible. Los jóvenes se hartan de decir que necesitan menos propuestas de actividades y más acompañamiento. O no queremos escuchar o no queremos acompañar. O no sabemos. Pero va siendo hora de que tomemos nota. Estemos en la red también en esa disposición.
  5. Educándolos en las redes. Ayudándoles a ser ellos mismos también en la red, a presentar una imagen verdadera de quiénes son. Animándoles a que vayan creciendo en participación ciudadana a través de iniciativas, perfiles, organizaciones, movilizaciones también en las redes. Enseñándoles a dar voz a aquellos que lo necesitan. Y motivándolos para que ellos mismos tengan iniciativas evangélicas en las redes.
  6. Contemos con ellos y lancémonos. Démosles protagonismo. Montemos radios online, blogs, canales en YouTube… donde ellos piensen, organicen, propongan, hablen… No nos dé miedo. Estemos ahí, a su lado. Corrigiendo, claro. Aconsejando, por supuesto. Apoyando, también. Pero sin miedo. ¿Se pueden equivocar? Claro. Como nosotros nos hemos equivocado ya y lo seguimos haciendo.

Ojalá este 2018 cambie muchas de nuestras actitudes hacia los jóvenes. Ojalá sea un año rico en Espíritu. Ojalá seamos audaces, valientes y, definitivamente, jóvenes.

Un abrazo fraterno.

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