Y VIO DIOS QUE TODO ERA BELLO… PREPARANDO UNA CELEBRACIÓN Descarga aquí el artículo en PDF
Julián Muñoz
Objetivos
- Relacionar el concepto de belleza con las propuestas de evangelización y también con la celebración de la fe.
- Desarrollar creatividad para expresar vivencias de fe de un modo artístico
SESIÓN 1
- La sesión se inicia con un breve calentamiento. La sala está ambientada con las letras de la palabra BELLEZA, recortada en papeles de vivos colores (pueden ser de regalo, cartulina, goma EVA…) de tamaño A4 o A5. Los participantes, en círculo, observan en silencio la palabra y evocan en su mente con qué la relacionan. Luego, se lanza aleatoriamente una pelota y se expresa brevemente lo evocado. Esa persona luego lanza la pelota y se sienta. Quien anima puede tomar nota de lo que se va diciendo. Al final de la actividad, se resume lo expresado en una frase que genere consenso.
- A continuación, van a pensar en qué relación encuentran entre la belleza y su fe, y que lo expresen pensando en un canto, una imagen, una celebración, un poema, o cualquier otro medio expresivo que los haya acercado a Dios. Se dejan unos minutos, y después se les pide que trabajen en parejas o tríos (es importante hacerlo así para no sobrexponer la intimidad personal).
- De vuelta al grupo, se presentan las siguientes afirmaciones de Evangelii Gaudium (mejor proyectarlas, leerlas en silencio, y luego pedir a alguien que las lea en voz alta):
- «La comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe “festejar”. Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo» (EG 24).
- «La predicación puramente moralista o adoctrinadora, y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen esta comunicación entre corazones que se da en la homilía y que tiene que tener un carácter cuasi sacramental: “La fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo” (Rm 10,17). En la homilía, la verdad va de la mano de la belleza y del bien. No se trata de verdades abstractas o de fríos silogismos, porque se comunica también la belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien. La memoria del pueblo fiel, como la de María, debe quedar rebosante de las maravillas de Dios. Su corazón, esperanzado en la práctica alegre y posible del amor que se le comunicó, siente que toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia» (EG 142).
- «Es bueno que toda catequesis preste una especial atención al “camino de la belleza” (via pulchritudinis). Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es solo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo estético, que pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado» (EG 167).
- «Es deseable que cada Iglesia particular aliente el uso de las artes en su tarea evangelizadora, en continuidad con la riqueza del pasado, pero también en la vastedad de sus múltiples expresiones actuales, en orden a transmitir la fe en un nuevo “lenguaje parabólico”. Hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales, e incluso aquellos modos no convencionales de belleza, que pueden ser poco significativos para los evangelizadores, pero que se han vuelto particularmente atractivos para otros» (EG 167).
- Los participantes deben dialogar en torno a estas frases (u otras parecidas), relacionándolas con lo que previamente han comentado en parejas, para ver si reafirman sus impresiones o si las contradicen.
- Para finalizar la sesión, se plantea en el grupo que, de aquí al próximo encuentro, analicen una celebración u oración y que tomen nota de:
- Ambiente general: espacio, personas, luz, clima: ¿acogen?, ¿invitan a la oración?
- Desarrollo de la celebración: ¿qué partes tiene?, ¿qué sentido?, ¿qué ritmo?
- Palabras, gestos, símbolos: ¿se entienden?, ¿se pueden observar bien?, ¿son atractivos?
- Observaciones personales.
- Estaría bien si al menos dos personas pudieran observar una misma celebración, y que haya variedad (Eucaristía diaria/dominical, liturgia de las horas, exposición, rosario, hora santa, lectio divina…).
SESIÓN 2
- Se recuerda lo hecho en la sesión anterior mediante la técnica de completar la frase. En círculo, la persona que esté a la izquierda de quien anima (sentido del reloj) empieza el resumen de lo que se hizo. Quien anima va contando mentalmente hasta diez o quince, momento en que da una palmada o toca un timbre o silbato para que la siguiente persona continúe en el punto en que se ha quedado la frase. Hay que advertirles de que no puede acabarse el resumen antes de que sea el turno de la última persona (para que no sea demasiado escueto), pero que tampoco se pueden dar más de dos vueltas. Quien anime puede adaptar la dinámica al número de participantes.
- A continuación, se pone en común lo observado durante la semana. Mientras tanto, en la pizarra, se va tomando nota de LO QUE NOS ACERCA A LA BELLEZA y LO QUE NOS ALEJA DE LA BELLEZA. Una vez acabados los turnos, se leen las dos listas para consensuar lo que se he expresado, matizando, unificando, eliminando… Al final, todo se plasma en dos cartulinas (una de un color atractivo, otra de un color menos bonito, como marrón o gris).
- Para finalizar, se pide que cada participante busque para la próxima sesión una imagen (icono, vidriera, cuadro, templo…), un fragmento bíblico, un himno o canto… que expresen la belleza en la liturgia. Pueden ser los mismos que en la actividad 2 de la sesión anterior u otros diferentes. Las imágenes deberán venir impresas, igual que los textos, y los cantos en un código QR con su letra o algo que destaque. El formato debe ser común para todos (A4 o A5, dependiendo del número de participantes). Se les pide también que traigan de casa tijeras, pegamento y materiales para decorar (los que más les gusten: ceras, témperas, acuarelas, papel de seda, papel maché, papel de regalo, rotuladores, etc.).
SESIÓN 3
- En el centro de la sala se recuperan las letras de BELLEZA de la primera sesión y un trozo de papel continuo (la longitud va a depender del número de participantes y de las dimensiones de la sala). Quien anima explica que ese mural va a ser su pequeño «museo de la belleza», y que cada uno va a aportar su pieza u obra.
- Cada participante expone brevemente qué es lo que ha elegido y por qué. Si es una imagen, la muestra a los demás; si es un texto o una canción, puede leerse o escucharse un fragmento significativo. Se les da dos minutos para prepararse.
- Acabadas las presentaciones, quien anima les pide que organicen el museo a su gusto. Pueden probar varias composiciones antes de pegar definitivamente sus aportaciones. Después, lo pueden decorar con papeles de colores, pinturas, telas o cualquier otro material.
- Al finalizar la sesión, se coloca el mural en un lugar visible. Luego, se elige uno de los textos o un canto para finalizar. Quien anima puede tener algún recurso extra, por si acaso no hubiera textos o cantos. Que preste especial atención a que se relacionen con la belleza.
ACTIVIDAD EXTRA
Para trabajar el tema de la invisibilidad, se puede escuchar el tema Noche (Hakuna) y observar si hay algún grupo o colectivo que queda al margen de esa larga retahíla de preces (¡son 6 minutos!). Si no sale a colación, preguntar por las personas LGTBIQ+. ¿Puede o debe orarse por ellas en la liturgia? Abrir un turno de diálogo. Al finalizar, si el acuerdo es positivo, que el grupo redacte su propia versión de esa prez (y por cualquier otro colectivo que considere).







