«PERSONAS» Y DIVERSIDAD EN PASTORAL – Rafa Palomera, fsc

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«PERSONAS» Y DIVERSIDAD EN PASTORAL

Rafa Palomera, fsc

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Seguramente hayas visto la película Campeones, de Guillermo Fesser (2018). Uno de los personajes, Román, al hablar del entrenador Montes dice: «la discapacidad la va a tener siempre, le estamos enseñando a manejarla». Es una paradójica expresión que habitualmente aplicaríamos al revés, dedicada a los jugadores del equipo. Nos es fácil identificar cuando alguien no quiere acoger al otro y antepone etiquetas, sin empatizar con quien tiene delante o no distingue que está tratando a una persona[1] ¿Esto pasa siempre?

En nuestros entornos pastorales nos encontramos con muchachas y muchachos a gusto, caminando por la vida y viviendo experiencias de fe junto a nosotros, bajo los colores y nombres de nuestras instituciones (aunque últimamente menos por esto de la distancia). En esos momentos buscados o involuntarios de contraste, de suspiro y hablar de la vida, cuando se enseña levemente una herida, el pastoralista reconoce que algo pasa y que el joven, la joven, está poniéndose valientemente a tiro para que le preguntes.

Suelen salir temas de situación familiar o relaciones afectivas, de estudios, autoimagen, de conflictos, incluso de heridas internas y episodios que no todos nos vemos capaces de atender. Otras veces estará tratando de entender qué pasa por dentro sobre sexualidad, identidad de género u orientación sexual. La sexualidad suele verse envuelta de un halo de pudor y de tabú (hay educadores que se ponen nerviosos y acaban buscando alguien «más joven» o más especializado para abordar el tema) o, por el contrario, es un espacio de desfogue y de cierta irreverencia entre los más jóvenes.

Ante ti hay una persona a quien comprender, acompañar y, por supuesto, ayudar a discernir. Imagínate el caso: no se siente querida en ningún sitio y solo reconoce al colegio y los amigos como entorno afectivo, lo que le atrae en la vida choca con su género, tiene 14 años y no distingue cómo construirse la vida, aunque lo logrará con tiempo y maduración. O alguien que no ve futuro con sus amistades y actual pareja; un cambio de residencia desemboca en atracción por alguien de su mismo sexo le enfrenta a un cambio de identidad. El acompañante nunca deberá juzgar (¿Y quién soy yo?, Lc 6,37) sino escuchar, confrontar, acoger y hacer de espejo. Esto lo hemos hecho y lo hacemos siempre los educadores.

Más adelante, esa persona cuenta que se ha decidido a dar el paso, que ha optado. Tu mano estuvo tendida, pero no has evitado el sufrimiento de perderse en las sombras de la duda, el conflicto con su entorno, la lucha entre cerebro y corazón y, no digamos, si aparecieron dudas morales y religiosas. Tampoco le librarás de las venideras crisis por mostrar abiertamente su opción sexual o su identidad de género. Pero él o ella se ha hecho fuerte al reconocer el camino, suyo, que quiere trazar. Dios pasa por ahí bendiciendo una vida, ayudando a restañar heridas y buscando la felicidad y la construcción de la persona.

El dibujante y sacerdote José Luis Cortés (reconocido con el premio Arco Iris por la asociación Crismhom) recuerda en sus ilustraciones la supremacía de la persona y el valor del amor cuando se cuestionan los colectivos LGTBIQ+ por motivos religiosos. En la Iglesia y entornos pastorales tenemos una tarea: actualizar lenguajes y mejorar la acogida a estos jóvenes en búsqueda. ¿Cuántas veces hemos utilizado estas palabras para justificar (por el Reino) nuestros desvelos pastorales en otros contextos? Según algunos estudios, el 30% de los jóvenes practicantes reconocen la influencia de sus creencias religiosas en su vida sexual[1], tal vez porque el mensaje que reciben es distante, lejano, incomprendido. Esperemos que los agentes pastorales andemos a la altura y sepamos responder a estas demandas: hay jóvenes LGTBIQ+ que quieren estar en nuestras acciones pastorales y de Iglesia (aunque alguno no lo exprese abiertamente). Y todos asentimos ante la afirmación de que Jesús de Nazaret se mostró cercano a todos, especialmente a quien sufría.

 

​En el Sínodo de Jóvenes (2018) se demandó más empatía a la Iglesia que, desde hace tiempo, no habla el mismo idioma que el entorno social. Al igual que los discípulos de Emaús se sintieron escuchados y confrontados por Jesús (Lc 24), los jóvenes siguen esperando tratar desde dentro y con autenticidad estas dimensiones: no binario, demichica, agénero, cisgénero (en lo referente a género), arromántico, queer o pansexual (sobre la atracción sexual). Ellos conocen que el 1,7% de la población mundial se define intersexual ¿y tú?[1].

Los jóvenes son avanzadilla en estas reflexiones, como el sexualizado mundo que ven en las series, la publicidad, el cine y los medios. Estos también olvidan acentuar el valor de la persona integrada, sin carteles previos que la clasifiquen. A veces, a los jóvenes tendremos que recordarles que no es necesario vivir experiencias antes de tiempo (como aquella alumna de 15 años orgullosa de haber mantenido relaciones sexuales completas tres años antes). También conocemos jóvenes (o parejas) que buscan profundidad de la mano de Dios y Jesús desde dentro de la Iglesia. En ese momento somos el Evangelio que se van a encontrar y leer. Y, si lo que perciben es una puerta cerrada o ser catalogado por una etiqueta, este joven seguirá buscando, pero probablemente lo haga desde fuera de la Iglesia.

Nuestro papel eclesial, como en los últimos discursos del papa Francisco, debe ser de tender un puente colectivo para aquellos que sabemos que son tierra sagrada[2]. Somos (como agentes de pastoral, como Iglesia local) un báculo para quien quiere reconocerse por dentro y por fuera, ante los demás, en pareja —cuando sea el caso— y con Dios. Deberemos valorar otros aspectos, no siempre habrá palabras bonitas y será el joven quien deba asumir decisiones y dar sus propios pasos en función de la madurez, momento vital o implicaciones con otras personas. Lo sintetizamos con el número 150 del documento final del Sínodo cuando tratamos la diversidad en pastoral: camina hacia el don de ti mismo.

TEXTO DESTACADO

Ante ti hay una persona a quien comprender, acompañar y, por supuesto, ayudar a discernir

Dios pasa por ahí bendiciendo una vida, ayudando a restañar heridas y buscando la felicidad y la construcción de la persona.

[1]Los jóvenes se hacen un selfie. Informe revista Vida Nueva n.º 3063, año 2017

[1] En esto también insiste Benjamín Forcano,Nueva ética sexual, Madrid, 1996.

[1]InstrumentumLaboris y Documento Final del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, año 2018.

[2] María Luisa Berzosa, religiosa de la Congregación Hijas de Jesús propone una clara enumeración de actitudes para el pastoralista en estas ideas: acogida, transparencia, sinceridad, observación, apoyo. Revista Misión Joven, n.º 521, junio 2020, páginas 55-62.

 

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