Pastoral de la «proximidad» en la cultura digital – Alicia Ruiz López de Soria odn

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Escuelas y universidades, como plataformas apostólicas de educación formal, e instituciones diversas, como plataformas apostólicas de educación no formal, lejos de ser ecosistemas aislados e impermeables en su entorno, son espacios en los que la cultura digital está instalada[1].

La cultura digital se hace presente en las plataformas apostólicas educativas fundamentalmente a partir de los nuevos sujetos que están en ella; podríamos decir que constituye una especie de humus humano que ha transformado la comunicación entre sus miembros. Según el papa Francisco, «los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad…»[2]. Una visión positiva de la cultura digital nos lleva a sostener que las redes sociales, si aún no lo son, están llamadas a consolidarse como unos potentísimos nexos de unión entre educador y educando[3].

¿Cómo se manifiesta la pastoral de «proximidad» en un ambiente escolar continuamente recreado por los avances de la tecnología digital? A través de la empatía e interés sincero del educador-evangelizador por sus alumnos, capaz de formarse y dedicar energías para entender sus expectativas, sus dudas y sus esperanzas, con la finalidad de contextualizar adecuadamente la oferta del Evangelio, es decir, la presentación de Jesucristo. Entendemos que la cercanía del pastoralista en el entorno educativo está mediada hoy tanto por el mundo físico como por el mundo virtual.

  • Dos grandes peligros

Por un lado, nos movemos en la sociedad de la apariencia, esa en la que se disfraza lo que subyace, donde la parresia es escasa y la lucidez para seguir a la verdad tiene casi agotadas sus pilas. Las estrategias manipuladoras y las actuaciones inmorales desfilan por escenarios públicos mientras la franqueza carece de glamour y la honradez olo se logra visualizar con mirada de orfebre. Por otro lado, en la era de la información surge la posibilidad de «intoxicarse»; hemos descubierto que las tentaciones de la información —que existen bajo una deseada comunicación— enredan, estresan y agotan.

¿Quién se encuentra hoy con Dios en la sociedad de la apariencia y en la era de la información? El que transita los actuales márgenes del ser individual y social. Nos referimos a quien es auténtico y está despojado de prejuicios informativos, a quien no se sacia de últimas noticias, a quien se adentra en las injusticias acercándose a sus víctimas además de utilizar para sus estudios las estadísticas que le aparecen en la pantalla, a quien tiene tiempos de desconexión, a quien ora lo que acontece en silencios del día o de la noche, a quien recurre al diálogo como forma de unión y a los encuentros de tú a tú como expresión de fraternidad. En la sociedad de la apariencia y la era de la información se encuentra con Dios el que no es esclavo ni de la imagen ni de la actualidad. Y, en todo momento y lugar, quien se ha encontrado con Dios ha huido de ser centro y ha relativizado el esfuerzo frente al don.

Queremos creer que este tipo de persona puede ir formándose en ambientes donde se educan adolescentes y jóvenes. A ello nos animan educandos bondadosos, inteligentes y alegres, desenganchados del consumismo, críticos, con capacidad de ascesis, pacificados interiormente… ¿Eres tú uno de esos? ¿O tal vez eres un educador/a icono para estos educandos? Si tú y yo no somos ni lo uno ni lo otro, ¿no crees que merece la pena querer serlo? Ahora bien, no podemos obviar que este perfil de educandos forma parte de la cultura digital.

Oportunidades a destacar

Para todos son conocidas las ventajas de la cultura digital en el contexto educativo como el acceso fácil e inmediato a documentos, fuentes y experimentos científicos, la posibilidad de realizar trabajos cooperativos virtuales… En esta reflexión nos ocupamos de señalar algunas oportunidades que ofrecen las redes sociales para la pastoral educativa reforzando su orientación con mensajes papales para las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales.

– Las redes sociales potencian la cultura del encuentro; podemos utilizarlas para entrar en una relación evangelizadora actual tanto con los alumnos como con las familias. Si Dios es relación y la red es relación, hemos de suponer que Dios se congratula con las redes sociales. A través de ellas se proclama el Evangelio y se prepara el encuentro sacramental con Jesucristo en la comunidad educativa.

– Las redes sociales alimentan el sentido de pertenencia a una comunidad cristiana. Frente al «no lugar» y la «dispersión/fragmentación de identidades» que supone un uso sin norte de internet, el buen uso de las redes sociales en el ámbito educativo pueden configurar un «lugar» donde se formen «identidades cristianas con un aire de familia», atendiendo a la diversidad de carismas.

– La mayoría de los alumnos están seducidos por las novedades continuas que ofrecen los avances tecnológicos y se entretienen con internet; en el sentido inverso, muestran un rechazo frontal ante lo viejo y el aburrimiento. Podemos afirmar que los alumnos se hacen accesibles afectivamente a través de las redes sociales, sin filtros de entrada de ningún tipo. A priori el pastoralista que utiliza las redes sociales tiene garantías de conectar con la sensibilidad adolescente y juvenil, si bien es cierto que, puesto que su objetivo principal es dar a conocer y a amar la figura de Jesús —y a través de ello transmitir la fe en Dios—, el paso siguiente es cuidar los nuevos lenguajes.

– El ciberespacio es una ventana abierta a un mundo herido y maltratado en el que las fronteras se eliminan y las distancias desaparecen; a través del ciberespacio nos llegan imágenes de acontecimientos que son consecuencia de las injusticias, el odio o la violencia, el relativismo moral… El ciberespacio es medio por el cual aparece para no pocos el rostro sufriente de las personas y de Jesucristo. Sin lugar a dudas, numerosas experiencias muestran cómo las redes sociales son un vehículo extraordinario para orientar la solidaridad y la compasión que late en los miembros de una comunidad educativa.

Benedicto XVI consideraba «alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos»[4].

– Si expertos en las redes sociales son capaces de generar miles de seguidores, ¿por qué no un pastoralista que haga buen uso de las redes sociales puede acompañar espiritualmente a varios de sus alumnos «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana»?[5] El mundo virtual también canaliza el testimonio creyente necesario para entrar en comunión; dicho con otras palabras, el testimonio de la fe está presente en la cultura digital porque «en los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 Pe 3,15)»[6].

– Las redes sociales constituyen un ámbito evangelizador donde se les ofrece a los adolescentes y los jóvenes que sean protagonistas. «Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. En los primeros tiempos de la Iglesia, los Apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer estas en profundidad para usarlas después de manera adecuada. A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este «continente digital». Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir con ellos la «buena noticia» de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad»”[7].

Finalizamos con una pregunta planteada antaño: «¿quién no es consciente de la inmensa responsabilidad que incumbe a todos y a cada uno de nosotros, ante la historia y ante Dios, de aprovechar las posibilidades extraordinarias que estos medios nos proporcionan para ayudar a los jóvenes a informarse, a formarse, a descubrir los problemas reales del mundo, a perseguir los valores auténticos de la vida, a asumir con plenitud su vocación de hombres y de cristianos?»[8]

 

DIALOGUEMOS SOBRE…

– Nuestro particular DAFO sobre el uso de las redes sociales. ¿Qué conclusiones extraemos?

– ¿Tenemos hecha una planificación clara del uso de las redes sociales desde el punto de vista educativo y evangelizador?

– ¿Qué protagonismo tienen los adolescentes y los jóvenes en la comunicación virtual que existe entre los miembros de la Comunidad Educativa?

 

[1] «La cultura digital es toda expresión que nace o se ve afectada por el hecho de vivir en un entorno influido por las tecnologías de información». http://www.centroculturadigital.mx/es/el-ccd.html (Consulta 6/12/2016)

[2] Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2016.

[3] «En la cultura digital la diferencia entre productor y consumidor entra en una zona de indiferenciación cuyo umbral es discontinuo y cuya lógica de funcionamiento está basada en la interactividad». https://ubaculturadigital.wordpress.com/2013/02/28/cultura-digital-y-nuevas-identidades-culturales/ (Consulta 6/12/2016).

 

 

[4] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2009

[5] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2013

[6] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2011

[7] Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2009

[8] Pablo VI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales 1970

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