PASTORAL DE JÓVENES EN INTERNET – Andrés González SJ

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PASTORAL DE JÓVENES EN INTERNET

Andrés González SJ

andresg@jesuitas.es

1.    Introducción

Es ya un tópico decir que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) están suponiendo una revolución en nuestro modo de vida, la revolución digital. No solo cambian aspectos de nuestra vida práctica, sino que están afectando a nuestro modo de entender el mundo y relacionarnos con los demás.

Por esta y otras razones, la transmisión de la fe a los jóvenes es uno de los desafíos más evidentes de nuestra pastoral actual. Se trata, además, de una generación que vive inmersa en los medios de comunicación. De hecho, unido a lo dicho en el anterior párrafo, encontramos que «[e]n la actualidad, los jóvenes son los principales protagonistas de la transformación antropológica que se viene generando a través de la cultura digital propia de nuestro tiempo y que abre la humanidad a una nueva época histórica».

Este trabajo busca ofrecer algunas reflexiones que permitan pensar y emprender iniciativas pastorales basadas en redes sociales y dirigidas a jóvenes, especialmente pensando en universitarios, pero posiblemente extensible a personas en el rango de edad de la pastoral MAGIS (18 a 30 años). Estas propuestas están pensadas desde la espiritualidad ignaciana, pero son en gran medida reflexiones abiertas que permiten ser adaptadas o adoptadas parcialmente según distintas necesidades.

1.1. Perfil y características de los destinatarios

En un completo monográfico de la revista Vida Religiosa (al que me referiré varias veces en este artículo) sobre evangelización en redes sociales, Xiskya Valladares nos advierte que, como hacemos en otros ámbitos de la pastoral, para transmitir un mensaje es necesario tomar conciencia del grupo al que nos dirigimos y adaptar el estilo de comunicación.

En este caso, nos vamos a centrar en la franja de edad correspondiente a la etapa universitaria, es decir, de entre 18 y 23 años aproximadamente. Trataremos de recoger algunos rasgos que nos ayuden a orientar el mensaje, ofreciendo una primera aproximación a la cuestión. Si quisiésemos emprender un proyecto pastoral sostenido en el tiempo, deberíamos tener en cuenta que el perfil de los jóvenes cambia en pocos años y, quizás, sería necesario estudiar también cómo son los jóvenes que se acercan a esta etapa.

El texto mencionado proporciona una segmentación de perfiles de usuarios por generaciones, en términos de estudio de mercado. Los jóvenes de este rango de edad corresponden a la Generación Z o Centennials, es decir, los nacidos después de 2000. Como rasgos a tener en cuenta podemos indicar que internet forma parte de sus vidas, estando conectados unas 20 horas a la semana de media. Por eso es sencillo llegar a ellos, pero es necesario posicionarse bien y tener una imagen de marca competitiva. Demandan inmediatez y personalización. Entre sus redes sociales preferidas están Instagram, TikTok y YouTube.

Moviéndonos hacia el punto de vista pastoral, hay que tomar en consideración los intereses y necesidades de los destinatarios. En este rango de edad, estos estarán condicionados por el conocimiento y experiencia de la fe. De acuerdo con una encuesta realizada en el documento de Valladares, algunos temas por los que se interesan los jóvenes que se acercan a la fe son: la homosexualidad, la salvación o condenación y aprender a orar.

Podemos pensar también en los obstáculos concretos que encontramos al tratar de proponer la fe a los jóvenes. Una radiografía precisa de estas realidades probablemente requeriría un estudio que queda fuera del alcance de este trabajo. Propongo sencillamente algunos aspectos recogidos de la experiencia que me parecen suficientemente visibles y significativos:

  • La indiferencia. Los mensajes o cuestiones religiosas no les interpelan, y/o no ven conexión de estos con sus deseos y problemas, con su vida concreta.
  • A pesar de usar el mismo idioma, manejan distintos registros y modos de lenguaje, que hace que los mensajes religiosos muchas veces no les resulten inteligibles.
  • Los contenidos religiosos no les llegan, porque por la propia dinámica de internet cada usuario suele recibir información relacionada con sus navegaciones previas, de forma que se generan «burbujas» que no se comunican entre sí.

2. Un marco de trabajo

A pesar de lo novedoso de este campo, no partimos de cero. Este artículo sigue la estela de dos evangelizadores digitales ampliamente conocidos. Una la hemos mencionado ya, Xiskya Valladares. El otro es Daniel Pajuelo. Ambos son fundadores del proyecto iMisión, que ofrece recursos para formar a otros misioneros en internet y redes sociales. Este proyecto recibió el premio Bravo de Nuevas Tecnologías en 2014 otorgado por la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. A continuación, se ofrece una breve semblanza de ambos. 

2.1. Xiskya Valladares

Xiskya Valladares es religiosa de la Pureza de María, doctora en Comunicación. Nacida en Nicaragua, trabaja actualmente en el centro universitario Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez. Fue conocida como la «monja tuitera», aunque tiene mayor alcance actualmente en TikTok, donde supera los 400.000 seguidores. También está presente en Instagram y Facebook. Colabora y escribe habitualmente en diversos medios.

 

2.2. Daniel Pajuelo[1]

Daniel Pajuelo Vázquez, también conocido como smdani, es un sacerdote marianista, además de ingeniero informático, natural de Valencia (1977). Ha recibido también el premio Bravo de Nuevas Tecnologías en 2018 otorgado por la CEMCS por su labor en YouTube, plataforma en la que alcanzó el millón de suscriptores en 2020. Sin embargo, su labor en internet y la comunicación hacia los jóvenes vine de lejos. Impulsó la creación del blog Nova Bella, al que luego se unieron otros autores, y tiene un disco de rap en internet. Ha llevado a cabo como profesor un proyecto para la asignatura de Religión basado en el Minecraft, un videojuego en red, que recibió la visita de Satya Nadella, CEO de Microsoft. También es activo en otras redes sociales, entre ellas Twitch, Twitter e Instagram.

2.3. Una propuesta

La iniciativa iMisión ha elaborado un decálogo para misioneros digitales que nos puede servir como punto de partida. Se resume en los siguientes puntos:

  1. En el origen, Cristo.

2.       Internet, un «lugar», no un medio.

  1. La clave, el testimonio.
  2. Nuestra fuerza, la gracia.
  3. Somos pueblo, comunidad.
  4. En todo, la caridad.
  5. Abiertos, para todos.
  6. Buscamos dar fruto, no tener éxito.
  7. Por lo virtual a lo presencial.
  8. Siempre discípulos, siempre aprendiendo.
  9.  

Todos son importantes. Sin embargo, muchos de ellos no son específicos de la pastoral digital. Nos detenemos aquí en tres de ellos (los puntos 2, 8 y 9) que pueden suscitar una reflexión más específica.

Internet, un «lugar», no un medio.

La red no es solo un instrumento, es un lugar habitado. Se trata de evangelizar en internet, no tanto de «usar» internet para evangelizar. 

El magisterio reciente, ya desde Pablo VI, incluye distintas llamadas a usar los medios de comunicación disponibles para anunciar el Evangelio. Pero aquí podemos destacar la afirmación de Benedicto XVI de que «la Iglesia está llamada a una “diaconía de la cultura” en el “continente digital”». Por tanto, si toda evangelización comienza por una presencia, necesitamos también hacernos presentes en este continente.

[1] Cf. en RPJ n.º 530 (abril 2017) el artículo sobre Daniel Pajuelo.

Dar fruto, no tener éxito

Perseguir solo el tener más seguidores, amigos, visitas… es una forma de idolatría. Debemos estar alertas para no dejarnos atrapar por la fascinación del medio. Los iMisioneros no buscamos tener éxito personal sino dar los frutos del Reino.

Cualquier acción pastoral necesita examen y discernimiento. Aquí nos enfrentamos a una tensión. Es necesario «mirar cómo nos ha ido» [Ej 77] según vamos actuando. Una parte de ello se traduce en mirar los números. El medio digital, por su propia naturaleza, ofrece muchísimas posibilidades para medir audiencias, visitas, etc. Si no miramos los números, estamos cerrando los ojos a la realidad. Ahora bien, es igualmente necesario discernir nuestra propia mirada. Debemos plantearnos honestamente qué números miramos y qué es lo que buscamos en ellos. En particular, si es nuestra propia fama o un servicio mayor y más universal.

Por lo virtual a lo presencial

La iEvangelización tiene su punto de partida en el mundo digital, pero intenta traspasar sus fronteras y provocar el encuentro en el mundo presencial. La iEvangelización se verifica, se purifica y se potencia con el encuentro presencial.

Después de la pandemia, la reflexión sobre la virtualidad y la presencialidad se ha vuelto especialmente relevante. En todo caso, a pesar de que la limitación de estos meses nos ha obligado a reinventar muchos «encuentros», vamos a subrayar, siguiendo a iMisión, que la pastoral no debe perder el deseo y el horizonte del encuentro presencial. No negamos que debemos estar abiertos a las posibilidades y nuevos imaginarios que nos ofrezca el mundo digital. Pero es importante recordar que, más allá de las derivas dualistas que la han afectado, la teología cristiana ha defendido siempre la importancia del cuerpo, desde una antropología unitaria. Podríamos atrevernos a decir que esto confiere al encuentro personal una cierta sacramentalidad, que no debemos desestimar.

Así que surge una nueva tensión que manejar. Por una parte, internet es un lugar, un continente en que es necesario tener una forma de presencia, que comienza por disponer de perfiles en determinadas redes, tener actividad y visibilidad. Pero, al mismo tiempo, el horizonte del encuentro presencial debe estar presente y ser una motivación para que las relaciones sean auténticamente humanas, que vayan a lo profundo de la persona y no se conformen con la comunicación de lo anecdótico.

TEXTO DESTACADO

A pesar de lo novedoso de este campo, no partimos de cero

El horizonte del encuentro presencial debe estar presente y ser una motivación para que las relaciones sean auténticamente humanas

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