Pascua 4B – La crisis es de pastores, no de ovejas – Juan Carlos de la Riva.

Nunca oirás a un pastor de verdad maldecir diciendo «Es que estas ovejas ya no son como las de antes», ¿verdad que no?

No, el buen pastor no se queja de las ovejas. Pero… ¡Cuánto nos quejamos a veces de los  jóvenes!

Que si hacen botellón y no respetan, que si no tienen valores, ni son constantes, ni rezan ni ná de ná…

¡Pobre pastor, si le echas la culpa de la deserción eclesial a las ovejas!

Hoy la lectura del evangelio nos enseña las artes del Buen pastor. Y Bueno aquí no se entiende ni moralmente ni eficientemente. Kalós, que es la palabra griega que usa Juan, se puede traducir por hermoso, bello, perfecto.

¿Quiéres ser buen pastor? Fíjate en lo que hace Jesús en este texto.

Y fíjate en lo que hace por la mañana: convocar. Entra por la puerta, no para asaltar sino para presentarse ante ellas con su consentimiento, incluso le tienen que aabrir la puerta. A tí pastor, la comunidad te tiene que presentar ante las ovejas jóvenes, te tienen que enviar. Piensa quiénes son hoy salteadores para los jóvenes, quiénes les roban la alegría…

Y no irás a donde ellas para asaltar su libertad y conducirlas donde no quieran ir, sino que serás voz significativa que las ovejas sigan.  Y te seguirán si las llamas por su nombre, si las quieres con cariño del bueno, una a una, personalmente. Y las sacas afuera. Te tendrás que preguntar ¿de dónde tengo que sacar a los jóvenes? De la pantalla, de la superficialidad, de la moda, del egocentrismo narcisista, del ateísmo hedonista… Piénsalo bien. e invítalos a salir de ahí… Y a la mañana los lleva a buenos pastos. Y te tendrás que preguntar: a dónde quiero yo llevar a los jóvenes? ¿En qué sitios he estado ya, y se lo propongo a los y las jóvenes? En la comunidad, en las manos de Dios, en el servicio al pobre… Piensa también esto, a dónde las quieres llevar para que se alimenten.

Y mira lo que hace el pastor a medio día: cuidar. Se pone en la puerta del aprisco para que en la rumiación nada las moleste cuando estén medio dormidas, cuando pueda acechar cualquier lobo feo por ahí. Y piensa de qué tienes que proteger a los jóvenes, sin quitarles libertad para que entren y salgan, pero con responsabilidad de pastor. Piensa quienes son hoy los lobos que destrozan vidas jóvenes, apagan vocaciones e ideales, amedrentan y bloquean generosidades, inhiben compartires… Piensa si son los vendedores de humo, o los traficantes de sueños.

Y mira lo que hace al atardecer, dar la vida: el buen pastor da la vida por sus ovejas. Y lo hace porque sueña con el sueño de Dios, de ser un rebaño unido, hermanado, fratelli tutti. Y no piensa en sí, en lo que pierde, sino en las ovejas, en lo que ganan. Esta última parte está hecha para pensarla despacio: cuanto voy dejando de mi en cada encuentro, grupo, voluntariado, reunión, campamento, misión, peregrinación, acompañamiento… cuánto soy menos yo y más para él o ella. Ahí está la medida de tu belleza, en lo que te das. ¿Lo vives así, pastor?

Y aún así, es posible que alguna oveja se pierda.

Me quedo con un cuentito que remodela un poco la historia de la oveja perdida por la necesaria libertad en la que acompaño a los jóvenes. Me ha dado mucho para pensar. Ojalá te guste:

Una oveja descubrió un agujero en el recinto

y salió fuera

Estaba tan feliz de irse.

Se alejó tanto que se perdió.

Entonces se dio cuenta que era perseguida por un lobo.

Corrió y corrió,

pero el lobo continuaba siguiéndola,

hasta que llegó el pastor

y la salvó llevándola de nuevo con cariño al redil.

Y aunque todos le incitaron a que lo hiciera

El pastor no quiso reparar el agujero del recinto.

¿Seremos capaces de ser pastores así?

 

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas: el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil: también a esas las tengo que traer; y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre”. (Jn 10,11-18)

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