Pascua 2B, Recibid, perdonad, tocad, creed – Juan Carlos de la Riva

Les podía haber dicho: ¡caramba con vosotros, dónde estabais cuando más os necesitaba!

Podía haberles dicho: ¿por qué me negaste, Pedro? ¿Por qué te dormiste, Santiago? ¿Por qué te escondiste, Mateo?

Podía haberles dicho cualquier reproche. O al menos haberse desahogado un poco… Pero no. Su palabra primera es Paz a vosotros.

Pensaría por dentro… uy qué mal están estos…, encerrados em el miedo, escondidos em la noche del alma. Por eso les quiso llevar su mejor regalo, la paz. Era una paz de perdón y de misericordia. Coherente con su eterna actitud de regalar, lo primero que hace el resucitado es regalar la paz y el perdón.

Hoy es el día del Jesús misericordioso, y la gente sencilla le tiene mucha devoción. También el Papa Francisco. La misericordia es uno de los Leif motive de nuestro Papa Francisco. Ya de obispo había elegido este lema: Misereando atque eligendo. Es la frase que escuchó en una homilía cuando tenía 17 años, y que le afectó profundamente. Es una frase del evangelio de Mateo. En concreto de la llamada al propio Mateo a seguirlo: lo miró con misericordia pero lo eligió.

Aquí en la historia de hoy podríamos decir que los misericordeó pero los envió. Jesús nos mira con misericordia entrañable, perdonándonos lo que ni nosotros nos perdonamos (¡cuántas culpas arrastramos!) y al mismo tiempo habilitándonos para su misión. El jueves les había dicho que como el padre le amó, él también lo había hecho. Hoy, en paralelo con aquella frase, es una cadena de envíos lo que propone. El amor se hace misión.

Y la misión no es construir hospitales, o parar las guerras, repartir dinero a los pobres o levantar iglesias. La misión es también perdonar, extender la misericordia.

Una vez me quedé pegado a esta frase rara de que a quienes les perdonéis, les quedarán perdonados (hasta aquí ni tan mal, pero luego…) y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos.

Qué arbitrario hacer depender el perdón de Dios de la voluntad de los apóstoles, o de su capacidad para llegar a todos los lugares con el perdón… Pero no, no es eso. Se trata de urgir a los discípulos. Es urgente perdonar. La gente anda acarreando mochilas abultadísimas de culpas y complejos, de errores que arrastran como fardos pesados, de inseguridades, de miedos y bloqueos… ¡tantas cosas hay bajo la palabra culpa! Si no tengo el cuerpo que gusta a la gente, me siento mal. Si no doy la talla como deportista también. Si metí la pata en una relación, me caí con todo el equipo. Si me enfadé con bastante mala leche, me fregué. ¿Os imagináis los muy pobres lo culpables que se sienten de lo mal que les va la vida, la frustración que acarrean? Podríamos seguir, sucesivamente, haciendo una larga lista de anécdotas que me descalifican para ser como Jesús, un Dios amor viviente.

Sin embargo Jesús quiere apurar a los apóstoles para que quiten toda esa basura de la cabeza de la gente y le hagan sentirse inmensamente amados para poder así amar, y para ser enviados a multiplicar el amor. Oye, no os retraséis, que como haya alguien que no se entere de esto, se va a quedar con su culpa y su pena, con su autocondena y con su exclusión, y yo quiero que todos vivan y que el pecado y su culpa puñetera no venzan a la ilusión y la esperanza de las personas.

Por ahí entiendo yo la frase: daos prisa majetes, que queda mucha gente por misericordear.

La palabra misericordia viene de Miser (miserable, desdichado) y cordis (corazón), Se refiere a la capacidad de sentir la desdicha de los demás.

Para eso ha resucitado Jesús, para que el mundo sepa que Dios siente tus desdichas, está contigo, te acompaña, te consuela, te elige y te envía.

Y quien siente esto nace de nuevo, es una persona nueva. ¿Os habéis fijado en que en este texto Juan mete cosas de la creación de Dios en el Génesis del Antiguo Testamento? Jesús está haciendo nacer una nueva humanidad, soplando, como hizo Yahvéh con el primer hombre hecho de barro, que sin el soplo hubiera quedado en arena. Y por si quedasen dudas nos habla de que era el octavo día. O sea que los siete días anteriores eran la creación antigua, y ahora, el octavo día, comienza la nueva creación, con gente renovada y resucitada, capaces de llevar al mundo el amor misericordioso de Dios. Eso sí, con Jesús en medio. Y tocando a Jesús.

Jesús no es una idea.

«Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”» (Christus Vivit 129).

«Las ideas se tienen, en las creencias se está» (Ortega y Gasset).

Por mucho que te digan lo delicioso, dulce, rico, exquisito, maravilloso… que es un FreakShakes, no sabrás si te gusta hasta que lo pruebas. Por muchas fotos que veas en Instagram, como mucho solo conseguirás salivar. Y aunque dediques horas y horas a estudiar el valor nutricional, las calorías, los hidratos, los ingredientes… nunca sabrás si a ti te gusta si no lo comes.

Exactamente igual pasa con Jesús. Mil reuniones, grupos, teología, testimonios, años contemplando su imagen. Solo cuando lo tocas, cuando te encuentras, cuando lo vives te cambia la vida. Jesús no es una ideología, ni una teoría. Atrévete a probarlo, a tocarlo, a vivirlo. Jesús es Vida porque vive en nosotros.

Jesús se muestra, no se demuestra.

A Jesús no le asusta la incredulidad de Mateo. Desde luego no tanto como a nosotros nos asusta que los jóvenes (ni los mayores) no crean. Jesús se muestra, se pone en medio, y se deja tocar por el ateísmo  de los ateos. Si habéis visto el cuadro de Caravaggio, Tomás mete el dedo bien adentro en el costado de Jesús. ¡Como para no creer!

¿Dónde está ese costado de Jesús hoy? Pues hay muchas heridas desde luego. Nos toca decir dónde y cómo vemos a Jesús, y señalarlo y mostrarlo en los lugares que ya están viendo los jóvenes, pero sin reconocer a Jesús. Porque para Jesús la cooperación es amor de entrega, la meditación es amor de Abba, la fiesta es anticipo del Reino, la amistad es comunión, y la libertad es el olvido de sí. Ni más ni menos. Con Jesús las cosas cambian y adquieren la trascendencia a la que son llamadas en dinámica de Reino. Entraremos en ese juego de los discípulos de Emaús, un proceso de reconocimiento y arder del corazón, que habilita para afrontar luego la ausencia del maestro.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

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