Partidos políticos y responsabilidad pública – Juan Ibarretxe

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Para poder entender la política como algo que supera mi desempeño profesional, he tenido que recurrir a diferentes definiciones para comprender cuál era el verdadero reto al que me comprometía. He comprendido que la implicación política:

  1. exige la disposición a obrar utilizando el poder público para lograr el BIEN COMUN.
  2. es una de las tareas humanas más noble, más importante, pero a la vez más difícil porque de ello depende el destino de las personas.
  3. es mucho más que la política partidista. Movimiento social, participación ciudadana, modelos económicos, estilos de vida, etc.

Siempre he entendido, que mi vida debía de ser un camino basado en el trabajo, el esfuerzo y la humildad.  En todos los ámbitos tanto profesionales como de compromiso en los que he participado, me he implicado al máximo, poniendo todas las capacidades que Dios me ha otorgado para llevar a cabo los diferentes proyectos. En todos y cada

uno de los retos, he tenido muy presente a las personas que más dificultades pasan en su día a día y he trabajado insistentemente para que se pudieran materializar cambios a nivel institucional y social, siendo consciente, que a veces las mejoras, no han sido todo lo que deseaba o que consideraba que se debían producir.

Como cristiano, siento que tengo que atender con alegría todos aquellos retos políticos que se me presentan, puesto que me permiten ser fiel a los ideales que cimentan mi proyecto de vida y en el que la construcción del Reino de Dios es lo que da sentido a trabajar por la justicia, la solidaridad, los derechos humanos…  en definitiva, la búsqueda del bien común de nuestras hermanas y hermanos.

Cuando echo la vista atrás, descubro que he sido una persona afortunada porque he podido desempeñar diversos proyectos profesionales y gracias a todos ellos he crecido como persona, habiendo estado todos ellos llenos de sorpresas y nuevos retos que jamás había imaginado, pero que me han posibilitado soñar y descubrir en todas esas llamadas a personas tremendamente comprometidas por un mundo mejor y que se han convertido a la postre en grandes referentes para mi vida permitiéndome ser inmensamente feliz a lo largo de todo el camino que han durado cada una de las aventuras.

Pienso, que la vida de toda persona cristiana es una vida basada en el compromiso político y en mi caso no ha sido diferente, desde el comienzo en mi etapa en la Cooperativa Peñascal, participando en muchas redes sociales como la Red de Lucha Contra la Pobreza EAPN, la Red de Economía Alternativa y Solidaria REAS, la Asociación de Empresas de Inserción Gizatea, la Plataforma del voluntariado, Fiare… , asistiendo a diferentes espacios de participación como el Consejo Vasco de Servicios Sociales, Consejo Vasco de Inclusión, Mesa de Dialogo Civil,… y finalizando en la última etapa con la militancia en un partido político desempeñando responsabilidades públicas, en todos ellos siempre he tenido presente, que son espacios desde donde se puede cambiar el mundo y seguir construyendo Reino.

Recuerdo aquellas 48 horas que tuve para pensar y dar la respuesta a la nueva propuesta de implicarme en la política, como un momento de sentimientos encontrados, puesto que vivía con tristeza tener que abandonar el proyecto fundamental de mi vida como era la Cooperativa Peñascal y sobre todo a las personas que conformábamos la gran familia del Peñascal, vértigo por lo grande y desconocido que suponía el nuevo reto, miedo a tener que renunciar a mis principios por tener que justificar las decisiones tomadas y sobre todo pánico a no haber acertado en la decisión tomada,  pero por otro lado, me sentía afortunado por la oportunidad de implicarme en los espacios de toma de decisión donde tantas veces desde el trabajo en las redes se había reclamado gente que surgiese del Tercer Sector, me sentía también esperanzado por las personas que conocía del equipo que se había formado puesto que me parecían personas con grandes valores humanistas fundamentales para poner a las personas en el centro de la toma de las decisiones y sobre todo con la alegría y la seguridad de que en esta nueva aventura al igual que las anteriores era una nueva llamada de Dios a comprometerme a poner los dones que he recibido al servicio de la construcción del Reino de Dios.

Uno      de        los aprendizajes, que he tenido la suerte de descubrir gracias a las personas con las que he compartido       el compromiso político, ha      sido      el         “Amor

Político” entendiendo este,      como   la obligación de participar con responsabilidad en los diferentes espacios públicos siendo consciente que en cada análisis o decisión estoy contribuyendo desde mis ámbitos de decisión a que los proyectos de vida de las personas puedan alcanzarse con las mayores de las garantías.

Este año hemos podido leer en la exhortación apostólica Gaudete Et Exsultate, como el Papa Francisco nos invita a que cuando tengamos autoridad, seamos santos luchando por el bien común y renunciando a nuestros intereses personales. Hoy, es más necesario que nunca, dignificar la política ante la mala opinión que la sociedad ha adquirido de la misma motivada por las diabólicas prácticas que han aflorado en los últimos tiempos, pero más allá de huir de esta noble tarea humana, las cristianas y los cristianos debemos implicarnos y comprometernos en que recupere la buena salud, porque de ello depende el destino de las personas y en especial de aquellas que más nos necesitan. Hace falta clase política con corazón en el desempeño de la acción pública, personas muy preparadas y con experiencia, con capacidad de buscar acuerdos, con valores firmes humanistas y cristianos, que contagien esperanza dando testimonio de que otro mundo es posible, y por encima de todo, porque hacen falta personas cristianas comprometidas que pongan en el centro de las decisiones los rostros de las personas más alejadas de la política porque son los preferidos de Dios.

Esta frase de Eduardo Galeano me ha hecho entender cómo debo de vivir mi compromiso político: “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos.  Y, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.

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