Otros verbos – Mª Ángeles López

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Mª Ángeles López Romero

@Papasblandiblup

«¿A que te lavo la boca con jabón?». A veces, cuando una se asoma a los medios de comunicación día tras día, acongojada por la catástrofe sanitaria, vital, cultural y económica que estamos viviendo, y solo encuentra insultos, exabruptos, desaires y desencuentros de nuestros políticos, le entran ganas de recurrir al catálogo de frases de madre como único recurso para soportar semejante ambiente tóxico y pestilente.

 

Y así, cuando una ve que juegan a la batalla electoral en plena pandemia (¡y para dejarlo claro piden un «alto el fuego» en medio de una negociación de índole sanitaria!); que sacan a relucir cualquier tema, por sagrado que sea, con tal de hacer sonar al graderío; o que deben ser reprendidos por la presidenta del Congreso dadas sus muestras de mala educación y falta de respeto, se nos viene a la mente aquello de… «un día cojo la puerta, me voy, y no volvéis a verme el pelo».

 

Como esos hijos traviesos que no hacen más que pelearse entre sí y armar jaleo, los líderes que deberían estar guiando con firmeza el barco durante la más importante tempestad de los últimos cien años, se dedican a echarse las culpas unos a otros y a esconder sus propios errores y miserias para que la madre o el padre no les den una sonora colleja, por muy políticamente incorrecta que esta sea. No, no están a la altura de las circunstancias. Y esconden sus resultados como los adolescentes que falsifican sus notas o retrasan su entrega por miedo al castigo o a la vergüenza si aún les queda una pizca de ella. Se comprometen como ellos a cosas que no van a cumplir en un poco creíble «no lo volveré a hacer más, mamá» o ese otro «te prometo que este año sí voy a estudiar».

 

Nosotros, los ciudadanos, como buenos «padres», a veces hacemos que nos tragamos las mentiras y terminamos perdonándolos siempre porque sabemos que son los «hijos» que nos han tocado en suertes, y en esto de la paternidad no se admiten devoluciones. Pero eso no quita para que seamos conscientes de sus debilidades e intentemos corregirlas. En esta pandemia, sin ir más lejos, la mayor parte de los ciudadanos hemos procurado educar a nuestros representantes con el ejemplo: guardando dócilmente las medidas de distanciamiento, usando la mascarilla cuando nos lo han dicho, haciéndonos las pruebas que nos manden, ayudando a nuestros vecinos más vulnerables, saliendo a los balcones a homenajear a nuestros héroes de la sanidad, la alimentación o la limpieza. Aceptando en definitiva las circunstancias que nos ha tocado vivir y las terribles consecuencias que están teniendo en nuestras vidas. Pero ni por esas: nuestros políticos no aprenden. Siguen recurriendo al insulto, la gresca y el enfrentamiento. Y parecen no darse cuenta de que se nos agota la paciencia. Porque, como dice mi madre (y esta sí que es una frase soberbia), «la vida es muy corta y cuando quieres darte cuenta, se te ha pasado en un verbo». Ojalá maduren de una vez y entre todos escojamos los verbos «dialogar», «proteger», «acordar» y «construir» en lugar de aquellos que sirven para hacer la guerra. Pero me temo que, por desgracia, no es esa la tendencia.

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