Ocio y tiempo libre, espacios de oportunidad – Oscar Alonso

¿A quién no le gusta el ocio y el tiempo libre? ¿Quiénes de los que en otro tiempo fuimos jóvenes usuarios de las propuestas de la pastoral juvenil no disfrutamos de ellas? ¿En qué estado están ahora nuestras propuestas de ocio y tiempo libre para los adolescentes y jóvenes actuales, que en principio tienen de todo y no necesitan de nadie para disfrutar de ello?

El tema es de suma actualidad. Muchas propuestas eclesiales que en otro tiempo eran troncales en los itinerarios y dinámicas de la pastoral juvenil parece que en no pocos lugares han desaparecido o han quedado reducidas a una exigua propuesta, muchas veces con más «propositores» que receptores y, a veces, casi sin los primeros.

Y, sin embargo, el ocio y el tiempo libre han sido y son espacios de oportunidad para nuestra oferta de pastoral juvenil. Espacios privilegiados diría yo. Echemos un vistazo.

¿En qué estado están ahora nuestras propuestas de ocio y tiempo libre para los adolescentes y jóvenes actuales?

Ocio y tiempo libre para nuestros adolescentes y jóvenes: datos que desconciertan y que hay que tener en cuenta

 Que el modo en el que los adolescentes y jóvenes viven, organizan y disfrutan del ocio y el tiempo libre ha variado con los años, es evidente. Que hay muchas cosas que continúan manteniéndose respecto a épocas anteriores, también lo es. Pero hay datos que los estudios sociológicos y cualquiera que vea cómo se emplea el tiempo libre en casa o que camine por la calle y se siente en un parque, espacio público, zona o centro comercial una tarde de viernes, por ejemplo, advertirán que hay algunos rasgos del modo actual de disfrutar del ocio y del tiempo libre que son netamente genuinos de esta generación.

Los sociólogos afirman que los jóvenes españoles tienen, de media, unas 30 horas de tiempo libre cada semana. Siendo así, estudios recientes concluyen que el 75% de los jóvenes españoles prefiere estar conectado a internet a salir de fiesta en su tiempo de ocio. Es lo que se ha venido en denominar el «ciberocio»: las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas han acercado el ocio al propio domicilio y ahora parece que ya no es necesario salir de casa para disfrutar de las cosas.

Y aunque parezca que puede ser contradictorio, en todos los estudios, las actividades de ocio que realizan con más frecuencia los jóvenes son «estar con amigos» y «escuchar música», seguidas muy de cerca por ese uso de «internet». Pero no lo es. Es frecuente verlos en las plazas y parques en grupo, cada uno conectado a otros y al mismo tiempo presente en lo que se está.

Su actividad de ocio preferida es chatear o navegar por internet y con todo parece ser que el ocio sigue siendo relacional, es decir, que los jóvenes siguen hablando entre ellos pero ahora de manera virtual, sin salir de casa. Más de la mitad de los jóvenes (55%) considera que las redes sociales cumplen un papel importante en su ocio, y más del 30% le otorgan una importancia relativa. De hecho, valoran la posibilidad de conocer a más gente y poder compartir o comunicar con otras personas las cosas que hacen.

Podemos decir que los jóvenes actuales aprovechan al máximo las posibilidades relacionales de las tecnologías y las aplican al disfrute individual y colectivo.

 No se vive del recuerdo, pero hay herencias que pesan

La pastoral juvenil de hace un par de décadas, de la que han sido herederas las pastorales juveniles hasta hace dos días, tenía en el tiempo libre y el ocio un espacio privilegiado de desarrollo.

Era la pastoral juvenil de las convivencias, de los encuentros masivos, de las peregrinaciones, de los campamentos, de las acciones ecológicas, de las caminatas, de las semanas de retiro adaptados a los jóvenes… Era una propuesta que ocupaba tardes, fines de semana, semanas santas, puentes, quincenas en verano y meses completos. Todas las propuestas posibilitaban el encuentro, la oración, las dinámicas, los grupos, el deporte, el conocimiento del arte, la música y el canto, las relaciones personales, el crecimiento en todos los ámbitos… pero esa dinámica que, para ser sostenible y sostenida, necesitaba un gran número de personas que las llevaran adelante es, sin duda, para la inmensa mayoría de las comunidades cristianas, una dinámica de otro tiempo.

Y esa propuesta preciosa de pastoral juvenil, en la que muchos participamos y descubrimos la inmensa riqueza de la fe y del proyecto de vida del Evangelio vivido en comunidad, pesa mucho todavía hoy. Nos gustaría, salvando las distancias, limando los desajustes y errores, ahondando más en la espiritualidad, en la importancia de la relación personal con el Señor Jesús y en el cuidado de los procesos de discernimiento y acompañamiento, poder volver a vivir algo como aquello. Pero no se puede vivir del recuerdo y de nostalgias de otros tiempos que parecen que siempre fueron mejor. Esa herencia la hemos arrastrado hasta aquí y nos pesa. Y, a veces, pesa mucho.

No se puede vivir del recuerdo y de nostalgias de otros tiempos que parecen que siempre fueron mejor

Las nuevas propuestas de ocio y tiempo libre para nuestros jóvenes, que disfrutan de otro modo de las cosas y que viven en un mundo muy diferente al de hace 20 años, deben acomodarse a ellos, no ellos a nuestras propuestas. Esto parece obvio, pero visto lo visto en algunos lugares, no está de más volver a recordarlo. Tratar a los adolescentes y jóvenes como si todos ellos fueran seminaristas, como si todos ellos tuvieran que entender y experimentar la dinámica conventual de las comunidades religiosas o pensando que cuanto más sepan/participen de lo más tradicional y conservador de la tradición mejores cristianos van a ser hoy. Seguramente no necesiten a la Iglesia para disfrutar de su ocio y tiempo libre, pero siendo Iglesia seguramente estarán encantados de participar y ser los protagonistas de un modo de disfrutar del ocio y del tiempo libre estén donde estén.

Las nuevas propuestas de ocio y tiempo libre para nuestros jóvenes deben acomodarse a ellos

La Iglesia, ¿piensa en el ocio y el tiempo libre cuando habla con y de los jóvenes?

Es innegable, además de lo dicho, que el concepto de ocio y el uso del tiempo libre en la sociedad han evolucionado. Resulta evidente, tal y como decíamos, que ni el concepto ni el papel que juega en nuestras vidas es el mismo ahora que hace unas décadas. De hecho, nunca ha habido una oferta de prácticas y formas de ocio tan intensa como la que hay hoy, ni tampoco las facilidades actuales para acceder a esta oferta. Por otra parte, nunca ha habido tanto tiempo libre institucionalmente arraigado y liberado del tiempo de trabajo y nunca ha habido tanta valoración–legitimación del ocio como ahora. Lo que seguramente no ha cambiado es que el ocio para los más jóvenes sigue siendo un espacio donde se fragua la propia identidad, además de ser a través de él donde se transmiten y experimentan valores encaminados a la construcción personal y grupal de lo que cada uno es.

Dicho esto: la Iglesia, verdaderamente piensa en el ocio y el tiempo libre cuando habla con y de los jóvenes. En el Documento final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, en el número 47 se afirma que «el Sínodo reconoce y aprecia la importancia que los jóvenes dan a la expresión artística en todas sus formas»”, de modo especial habla del arte, la música y el deporte.

En la exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit, en el número 105, aludiendo al joven venerable Carlos Acutis, se habla de que los jóvenes son capaces de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza. Y en el número 169 aparece una propuesta excelente: «Propongo a los jóvenes ir más allá de los grupos de amigos y construir la “amistad social, buscar el bien común… ese es el milagro de la cultura del encuentro que los jóvenes pueden atreverse a vivir con pasión”».

En este rico documento apenas se habla del tiempo libre un par de veces y del ocio, ninguna. Si bien las propuestas son innumerables… es verdad que para llevar adelante muchas de ellas es necesaria una organización intraeclesial, en la que los laicos sean protagonistas no solo de la recepción de propuestas, sino de llevarlas adelante como sus responsables y evangelizadores en primera línea. Porque uno de nuestros problemas actuales es la falta de pastores, la falta de sacerdotes y la falta de acompañantes bien preparados. Y para muestra un botón: en los colegios católicos cada vez es más complicado encontrar sacerdotes que puedan, quieran y sepan estar con los jóvenes. Y los colegios constituyen una asamblea privilegiada para la pastoral juvenil.

Algunas características que deben tener las propuestas de ocio y tiempo libre dentro de nuestras pastorales juveniles

 Que atraigan. No solo que compitan con otras, sino que atraigan verdaderamente. Propuestas que permitan a los jóvenes ser y ser más. Ser y ser para los demás. Ser y crecer. Pero que lo hagan desde la atracción, porque los adolescentes y jóvenes se mueven hacia algo si se ven atraídos por ello.

  1. Que estén acordes a los tiempos que vivimos. Que estén en las redes, que se divulguen de modo constante por los lugares en los que los jóvenes se mueven, que su formato no eche para atrás, que cuidando lo esencial no olviden que el fondo también está en la forma.
  2. Que se anticipen. Que no vayan a remolque de todo lo demás. Que seamos capaces de proponer actividades de ocio y tiempo libre que nadie haya propuesto, que nos arriesguemos a innovar sin miedo a no tener el éxito esperado.
  3. Que conlleven experiencias nuevas significativas. Todo lo que proponemos a los jóvenes ha de significar para ellos tener experiencias que marquen su vida, que les haga crecer y lo hagan de modo significativo. Ocio y tiempo libre no es sinónimo de perder el tiempo sino de proveer de experiencias vitales.

4.  Que ayuden a la relación personal con uno mismo, con los demás y con el Señor Jesús. Las propuestas han de ayudar a los jóvenes a conocerse, a integrarse, a integrar a otros, a gestar relaciones nuevas y, por supuesto, a comenzar o a seguir afianzando su relación personal con el Señor Jesús.

  1. Que estén vinculadas con la comunidad cristiana de referencia. La pastoral juvenil que funciona al margen de la comunidad cristiana hace mucho ruido, pero con el tiempo se revela estéril y carente de fundamento. Todo ha de ser propuesto desde la comunidad y la comunidad debe dar soporte a lo propuesto.
  2. Que tenga rasgos divertidos, celebrativos, alegres. Es cierto que no todo ha de ser festivo, lúdico, divertido y celebrativo, pero cuanto más haya de esto, mucho mejor. Cuando uno entra en las parroquias los domingos, ¿qué se encuentra en la mayoría de los casos? Eso desde luego para los jóvenes es el antídoto a cualquier tipo de vinculación para su ocio y tiempo libre. La alegría del Evangelio es la que debe brillar, convocar y alimentar la vinculación de los jóvenes a la comunidad.
  3. Que los jóvenes sean los protagonistas e intervengan en lo más posible. Es evidente: o contamos con ellos para que ellos sean los protagonistas de lo que propongamos o nuestros intentos por hacernos jóvenes para saber lo que proponerles siempre quedarán algo ridículos. Protagonistas y responsables, aunque no todo salga perfecto, aunque haya que acompañar y reconducir…
  4. Que tengan consecuencias reales. Las propuestas de ocio y tiempo libre han de tener consecuencias reales en la vida de los jóvenes, pero no solo. Han de tener una repercusión real en el entorno de dichas propuestas. Han de transformar la realidad de modo significativo.
  5. Que no sean ni excluyentes ni moralizantes. Las propuestas que hagamos a los jóvenes no pueden estar plagadas de requisitos excluyentes. Nuestros jóvenes tienen amigos y amigas que no son de la comunidad, que no conocen a Jesús o que no comparten nada en el ámbito de la fe, pero en el tiempo libre lo comparten todo. ¿Por qué no abrir las puertas a todos y dejar que sea el Espíritu el que nos guíe?

 

Requisitos imprescindibles para que eso sea posible

 

Se me antojan cinco requisitos que enumero a continuación:

 

  1. Estar con ellos más que decirles dónde estarían mejor.
  2. Escuchar y acompañar más que hablar.
  3. Cuidar la vida interior, la celebración y el compromiso por la justicia.
  4. No hacer concesiones sobre lo esencial, pero sí ser flexibles.
  5. Que el evangelio de la alegría sea el que nos hace salir (porque para ser Iglesia en salida, primero hay que haber entrado).

 

 

 

 

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