Navidad 2º dom, Dejarse ayudar – Iñaki Otano

Una cigüeña cayó en medio de un lodazal y no conseguía sacar sus patas de él. Le vino una idea: utilizar el pico. Hincó el pico en el lodazal y, apoyándose en él, consiguió sacar las patas. Pero ¿para qué le servía eso? Las patas ahora estaban fuera pero el pico dentro. Intentó de nuevo hincar las patas y sacar el pico, pero era el mismo problema: no podía salir. Por muchos intentos que hiciera seguiría dentro del lodazal. Pobre cigüeña si no encuentra alguien que le tienda una mano o le alargue un palo al que pueda agarrarse.

            Nuestra tentación cuando nos vemos hundidos en el fango es creer que podemos arreglarnos solos, que no necesitamos de nadie. Entonces corremos el peligro de hundirnos más en el barro a fuerza de movernos en él desesperadamente.

            En cambio, el Señor viene en nuestra ayuda. En medio de la humanidad ha puesto sus raíces, de forma que la oscuridad, las tinieblas, no es nuestro clima natural. Ha venido la luz verdadera para iluminar a toda persona humana.

            La gran tarea de nuestra vida es acoger la luz, reconocer a Jesús en medio de nosotros, vivir como hijos de la luz. Jesús es una luz siempre encendida y una mano siempre tendida.

No hay que estar siempre contemplando nuestras propias debilidades, rumiándolas y hundiéndose en ellas. Más bien debemos mirar a esta luz que se enciende, acoger esta mano amiga que viene a nosotros.

            Siempre, siempre, en cualquier circunstancia de nuestra vida, Jesús habita en medio de nosotros. Llama a nuestra puerta, pide ser acogido para poder ser luz, la luz, para dar sentido a una vida que puede encontrarse en un momento difícil o desorientada.

            Llenar nuestra vida de esperanza, no tener miedo de acudir a Aquel que puede escuchar nuestras necesidades, nuestras incertidumbres, nuestros desconciertos, nuestras derrotas, sin escandalizarse ni reprocharnos nada. Dejarse curar las propias heridas por Él, Jesús, el Salvador. Estar también dispuesto a dejarse guiar por su evangelio y a acercarse a sus criterios de vida.

            Si tenemos esa actitud, no desaparecerán por arte de magia nuestros problemas, pero probablemente sabremos convivir mejor con nuestra propia pobreza porque, a pesar de todos los disgustos, la vida tiene sentido.

En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios. Si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.  (Jn 1, 1-5. 9-14).

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