Nadar contracorriente – Iñaki Otano

Iñaki Otano

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra. (Lc 12, 49-53)

Jesús dice que seguirle a Él puede producir discrepancias con los que más queremos. Quisiéramos que nuestros hijos compartieran nuestra fe cristiana, y, sin embargo, los vemos muy alejados de ella, incluso a veces con una actitud hostil. No buscamos la división, nos seguimos queriendo, pero tenemos clavada esa espina.

          ¿Qué hacer en los enfrentamientos? Sin pretender tener la solución, un intento de acercamiento: 1º) procurar vivir la propia fe con coherencia, reconociendo también humildemente las propias incongruencias, limitaciones y dificultades; 2º) no tratar de imponer esa fe a los demás por la fuerza; 3º) seguir queriendo a las personas que piensan distinto, y mostrarles que el cariño sigue en pie; 4º) presentar al Señor nuestro dolor y pedir por los que no comparten nuestras convicciones. Todo lejos del exabrupto, de la descalificación o del alejamiento: nuestro mejor argumento debe ser nuestra vida.

          Jesús afirma metafóricamente que ha venido a prender fuego en el mundo, No es igual ser cristiano que no serlo. A veces hay que tomar decisiones importantes que cuestan pero que le colocan a uno en armonía consigo mismo, con la propia conciencia, con la justicia, con Dios, aunque no siempre lo comprendan los demás.

La postura del creyente puede contrastar con lo que la mayoría piensa o practica. Como dice el psicólogo Erich Frömm (1900-1980), “el hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte estos en verdades”. El cristiano tiene que nadar a menudo contracorriente.

Pero, al mismo tiempo, emergen hoy en nuestra cultura valores que  conectan profundamente con las propuestas cristianas, como el cuidado por la naturaleza, la solidaridad y la cultura de la paz, el trabajo por la justicia. Entonces la propuesta cristiana no tiene el objetivo de entrar en combate, cuerpo a cuerpo, con la cultura sino hacerse presente. Esta presencia unas veces será crítica y otras en sintonía porque el evangelio es humanidad. En todo caso, como dice un proverbio oriental, “más vale encender un fósforo que maldecir de la oscuridad”.

En nuestro mundo, “Dios puede otorgar consistencia, profundidad, apertura, motivación y esperanza a la vida, algo de lo que todos estamos muy necesitados. La imagen de Dios que hoy pueda llegar al corazón de las personas, tiene que estar teñida  de alegría, cariño, operatividad y respeto a la libertad de cada uno, para poder sintonizar con el espíritu de la época”. Esa es la opinión del teólogo laico Pedro J. Gómez Serrano, que remacha: “el evangelio es bueno para la salud y no tiene efectos secundarios negativos”.