Música 500 revistas después – Toño Casado y José Luis Rubio Ochoa

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El mundo de los jóvenes siempre se mueve con banda sonora. La música que pasó de los discos a las cintas y luego a los cd se extiende sobre ellos en infinitas constelaciones digitales. Música y jóvenes; si siempre fueron una combinación perenne, ahora son un combinado de lo más ecléctico y explosivo. Un combinado que mueve festivales, tendencias, musicales; incontables melodías disponibles en la red en dispensadores legales o piratas…
¿Y la música en nuestras iglesias?, ¿la música de nuestras celebraciones?, ¿la música como elemento de evangelización y comunicación? Permitidme un breve y veloz repaso de nuestra trayectoria musical eclesial en el tiempo. Jesús cantaba con sus paisanos los salmos aquellos surgidos del arpa de David, el rey bailarín precursor de David Bisbal por sus rizos y sus giros delante del arca de la alianza.
Los primeros cristianos construían su fe y sus himnos a Cristo y cantaban en sus celebraciones o en las arenas del coso romano delante de las fieras. La música siempre fue unida a la oración como connatural. Los monjes extienden sus melodías gregorianas sobre la faz del mundo, villancicos y canciones populares se hacen con el mundo medieval. La música polifónica llena las catedrales del orbe conocido y los compositores más famosos de todos los tiempos ofrecen sus joyas de música religiosa como tesoros universales compartidos y admirados por la humanidad. En el siglo XIX los cantos populares resuenan en las iglesias para conservar y avivar la fe de los sufridos cristianos de la industrialización. Siempre hubo ecos de órgano o armonio acariciando la atmósfera de los templos. La Iglesia sabía del valor de la música y había muchos profesionales que trabajaban para ella: maestros de coro, organistas, compositores…
En los años 70, después del Concilio Vaticano II, la música pop hace entrada en las movidas católicas. Muchos compositores utilizan patrones populares o de acompañamientos varios para crear temas cantables por la asamblea; otros adaptaron canciones de la época y al final los Beatles se colaron en el Santo y Simón y Garfunkel en el Padre nuestro, entre tantos otros… La guitarra hizo su aparición, ella tan racial y española, como elemento de acompañamiento, incluso se introdujeron amplificadores, baterías, y otros animados elementos de los “yeyés” (así se conocía a los modernos de la época). El coro se quedó con el protagonismo celebrativo y al final no cantaba en la Iglesia ni Rita. Canciones de cantautor con mucho sentimiento y mucha síncopa. Al final la asamblea enmudeció y se convirtió en espectadora de los más o menos lucidos cantantes del coro acompañados de las guitarras más o menos lucidas también.
Hay corrientes que echan de menos la vuelta al órgano o al gregoriano… Existen movimientos eclesiales muy cantarines como los carismáticos, los neocatecumenales o Taizé que aún continúan favoreciendo la participación.
Pero lo cierto es que el panorama de la música en las misas de España deja bastante que desear. Es raro encontrar buenos músicos. Me comentaban hace años que la misa es como un campo de ensayo para que los muchachos aprendan a tocar la guitarra. Cuando terminan de aprender, se van. Después de haber hecho mártires a los sufridos parroquianos.
La música es un elemento vital para rezar bien. Urge una buena formación musical en los cantantes y acompañantes. Guitarras desastrosamente tocadas hicieron no rezar a muchos y aborrecer la “música actual” por cierto sector del clero que añoraba el “Tantum ergo” y los acordes del armonio del seminario… Hay un divorcio más o menos patente entre la música pop y la “Iglesia oficial” (Basta poner como ejemplo el “juvenil himno” de la última JMJ en España).
Las canciones no son adornos de una celebración, paréntesis para hacer la cosa más llevadera. La música y el canto aúnan los espíritus en un solo ser y llevan el corazón a Dios, la fuente de la música del alma. “El que canta reza dos veces”, decía San Agustín. Urge un esfuerzo en nuestra Iglesia por mejorar este campo tan importante; sin música perdemos un maravilloso camino entre Dios y nosotros. Y perdemos el lenguaje del mundo de los jóvenes.
Para ello hay que esforzarse en formar a los directores de coro, a los músicos, incluso a la propia asamblea para que la participación en las canciones sea un elemento común y cotidiano. Con envidia miro por el rabillo del ojo a nuestros hermanos evangélicos, todos participando con su cancionero en las manos cantando como si se hundiese el Titánic, incluso haciendo voces…
Conclusión: hay que invertir dinero y personas en mejorar este campo. Con buena voluntad nos quedamos sólo en dibujar la clave de sol y dar un golpecito al atril. Hay que diseñar estrategias, elegir personas, comprar instrumentos, tener una buena colección de discos y un buen repertorio, hacer cancioneros para la comunidad o instalar una maravillosa pantalla estilo karaoke; es curioso también el grandísimo uso de lo musical en otras iglesias; lo primero que hacen es comprar todo un kit musical (teclados, batería, guitarras…) y lo ponen en manos de los jóvenes… Cantan mucho, repiten mucho… Es cierto que las letras a veces nos pueden resultar un poco chocantes o demasiado intimistas pero hay producciones maravillosas, de quitarse el sombrero. Sin música, la parroquia, el colegio, la institución, el movimiento, envejece. Para los jóvenes se convierte en desierto de difícil tránsito…
Si el panorama de la música litúrgica es un poco adusto, no digamos ya la idea de que se puede evangelizar, transmitir el evangelio de Jesús y la propia experiencia de fe, mediante la música… para algunos es… inexistente. Como os señalaremos más adelante vemos cómo en España los músicos y cantantes católicos son héroes que sacan sus discos de manera milagrosa, que son poco valorados por los que toman las decisiones y que siguen adelante por pura vocación personal. Hay alguna iniciativa de parroquias, obispados o congregaciones que apoyan alguna producción pero de manera muy precaria. ¿Nuestra Iglesia española cree en la fuerza de la música? Creemos que no. En eso también los hermanos evangélicos nos ganan por goleada: emisoras musicales, productoras enormes, estrellas de la canción cristiana, conciertos multitudinarios, videoclips y discos totalmente profesionales… (Witney Huston y tantas divas surgida de esos coros Godspell que te llevan al éxtasis, sudor y palmerío de túnicas…).
Sin música perdemos la comprensión y el puente hacia el mundo juvenil. Y la buena música cristiana no es sólo el gregoriano o la música clásica o polifónica… El jazz, el rock, el pop, el blues, el rap, pueden ser vehículos para la participación, la oración, canales de comunicación y expresión de nuestra propia religiosidad. Es triste y pobre creer que sólo el órgano de tubos vale para alabar a Dios. Lo importante es la calidad en la ejecución, el ser bueno y digno en el fondo y en la forma.
Los jóvenes se mueven en ese laberinto de música y estilos. Y las personas de Iglesia, ¿qué sabemos de todo esto? Hace años un compañero me decía sobre el ya mencionado David Bisbal: “¡Hay que ver, qué religioso es ese señor que canta “Ave María, cuándo serás mía…!” Es cierto que es difícil seguir las últimas tendencias de Radio 3 pero también tenemos que hacer un esfuerzo en conocer, e incluso valorar y aprovechar este inmenso campo. A nosotros que tanto nos gusta contar y presumir de los muchos que somos en nuestros eventos nos valdría mirar cuántos millones de jóvenes se mueven en festivales y conciertos varios.
Por eso tenemos que animarnos a ser más musicales. Musicales en nuestra vida cotidiana de Iglesia, musicales para transmitir nuestra fe, musicales para conocer y aprovechar el inmenso caudal de la música contemporánea. Son muchas las personas que ya están trabajando en ello. Los jóvenes viven su vida con banda sonora. Compartamos la música y compartiremos mucho de nuestras existencias. ¡Dale al play!
Una visión de conjunto
La Música Católica contemporánea en España podemos decir que se encuentra en una situación agridulce. Es evidente que crece día a día, que cada vez son más los grupos y solistas que se dedican a ello y que también son más las parroquias e instituciones que organizan entre sus actividades conciertos y recitales de música. Sin embargo, este progreso es lento, mucho más de lo que los músicos quisieran y su presencia en muchas ocasiones es meramente decorativa o anecdótica.
Si hablamos de miembros podemos contar que ahora mismo habrá en activo unas 80 formaciones entre solistas y grupos. No sabríamos decir en términos absolutos si son muchos o pocos, pero si hiciésemos una media apenas saldrían a 1,2 por diócesis. Naturalmente la media es engañosa, en algunas diócesis como Murcia, Madrid, Alicante, Valencia, Toledo o Málaga existe mucha actividad, mientras que en otras se trata de una corriente totalmente inexistente. Nada que ver con países como Estados Unidos, México o Brasil, donde los grupos y los seguidores se cuentan por decenas y cientos de miles. Por poner un dato, la ciudad de Guadalajara (México) de 7 millones de habitantes, cuenta con el más del doble de grupos que en toda España.
De entre los músicos encontramos de todo, desde simples aficionados a auténticos virtuosos y maestros, del cantautor que apenas sabe tocar una veintena de acordes en su guitarra a músicos con sus carreras realizadas y capaces de interpretar varios instrumentos con maestría, de cantantes de baladas a heavy metal, de grupos folk a raperos.
El proceso de acceso a la Música Católica contemporánea, esto es, música en los más variados estilos contemporáneos (canción de autor, folk, rock, hip-hop, tropical, pop…) pero con letras o desde una óptica católica suelen ser dos: de la fe a la música o viceversa. Es decir, gente que ya estaba en el mundo de la música secular y tras una conversión o desde una vivencia de fe decide dedicarse a hacer música para Dios y para su pueblo o al revés, gente “de Iglesia” que empieza a plasmar su fe y sus vivencias a través de la música y va formándose poco a poco para dar un mínimo paso de calidad que permita mostrar su quehacer más allá del ámbito de su parroquia o grupo de fe.
Uno de los escaparates habituales en España son los festivales. Destaca sobre todo el multifestival David, itinerante, creado por el cantautor hispano-uruguayo Luis Alfredo Díaz, que llega ya a los 30 años de vida. También otros de no tan largo recorrido pero ya muy bien asentados como el de La NAO (Noche de arte y oración), en varias ciudades, el Talita Kumi de Málaga o el Esperanzarte en Zaragoza entre otros.
El otro campo es el de las parroquias, aunque tristemente desaprovechado. Muchas parroquias tienen salones de actos o salas que podrían acoger muy bien este tipo de música (o incluso los propios templos con el debido respeto a los signos) pero son muy pocas las que lo hacen y de estas la inmensa mayoría de forma puntual: en la fiesta de fin de curso, en la semana del santo patrón… cuanto apenas. ¿Por qué no hay parroquias que ofrezcan un concierto o recital al mes? Por dinero no será, ya que la profesionalización de la Música Católica es apenas inexistente y los grupos actúan la mayoría de veces con unos cachés muy baratos o simplemente por la voluntad, con la ventaja además de que casi todos los grupos tienen su propio equipo de música por lo que a los párrocos y responsables de pastoral lo que les cuesta organizar un evento de este tipo es la “ardua tarea” de hacer una pregunta “¿podéis venir a tocar el día tal?”.
En cuanto a la grabación discográfica es un tema muy dispar. Muchos autores renuncian directamente a grabar en compañías de discos y utilizan medios como internet para difundir su música, tanto en audio como en vídeo. Otros muchos se auto-producen y graban a sí mismos en sus propios domicilios o de amigos a través de pequeños estudios caseros, pero también existen estudios de grabación de calidad profesional que nada tienen que envidiar a los de música secular como los Estudios Santafé de Madrid, Assisi en Valencia, Paco Aranda en Murcia, etc. De todas maneras, el productor que quiera apostar por este tipo de música que escucha a un grupo o cantante y corre con todos los gastos de grabación y distribución y reparte los beneficios de manera justa, sólo existe en sueños. Sean como sean las grabaciones siempre tienen que ser autofinanciadas y son muchos los que se dan con un canto en los dientes si consiguen simplemente recuperar su inversión. Y mucho más difícil es la distribución, casi todos la realizan mediante pedidos on line o vendiéndolos en las propias actuaciones. El cauce tradicional siempre han sido las librerías religiosas, pero aparte de ser escasas, no dejan de ser librerías, y muchas veces no tienen el conocimiento mínimo sobre el “género” que se supone que deben vender.
Quizá lo más positivo en la actualidad sea la propia conciencia que han tomado los músicos que se dedican a ello y cada vez es mayor la colaboración entre ellos en grabaciones o actuaciones conjuntas. En recomendarse y apoyarse unos a otros, en crear grupos y redes en internet para compartir información e intercambiar material… aunque siempre hay alguna excepción del Quijote que cabalga en solitario entre sus molinos y sus gigantes.
Aun a riesgo de dejarnos a alguien, queremos hacer un intento de elenco de los músicos actuales, de casi todos se puede encontrar información en google o cualquier otro buscador y sobre todo, para aquel que tenga perfil en facebook, es el canal preferido por casi todos ellos, por no decir todos.

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