Ministerios escolapios compartidos en Emaús – Raúl González

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MINISTERIOS ESCOLAPIOS COMPARTIDOS EN EMAÚS

Una aventura que merece la pena

Raúl González

raulgonzalez@escolapiosemaus.org

Lo recuerdo perfectamente. 30 de abril del año 2000. Domingo. Una conversación y una propuesta. ¡Menuda sorpresa! Mucha ilusión, algo de incertidumbre (aunque soy de la «segunda generación» de ministros laicos, no tenía muy claro qué me proponían…), una grandísima dosis de confianza… Y ese hormigueo interior que te dice: «comienza una aventura que merece la pena…».

Así fueron los inicios de mi «aventura ministerial». Y ya han pasado 21 años desde entonces… Tengo 44, así que prácticamente la mitad de mi vida… Imposible resumirlos… Años densos, intensos, con momentos y experiencias de todo tipo, con orgullos y satisfacciones, también fracasos y dificultades… Más de 20 años de sentirme profundamente corresponsable de una misión que me ha desbordado, como desborda todo lo que viene de Dios… Años de crecer, de descubrir a tantos hermanos y hermanas, de seguir apostando por la propuesta del Evangelio y por el proyecto escolapio… Y, sobre todo, años felices, repletos de vida, de esa «vida en abundancia» que Jesús de Nazaret nos promete y nos regala… En estos años, hemos brindado muchas veces por esa Vida… La hemos intuido, saboreado, y la hemos intentado contagiar… Y lo seguiremos haciendo…

Desde los viajes al seminario de Donosti, donde comencé a descubrir la teología, hasta el día de hoy, han pasado muchas cosas… Reuniones, convivencias, celebraciones, clases, equipos, campamentos, encuentros, comisiones… Muchos proyectos y planes… Desafíos y retos… Aciertos y tropiezos… Años juveniles y el paso a la vida adulta… Me he casado, hemos tenido tres hijos, y he/hemos ido integrando esta aventura ministerial en la vida y proyecto familiar… También ha cambiado «mi» provincia escolapia, dos veces, y he tenido la suerte de colaborar en el nacimiento de cada una de las «nuevas provincias». Y, sobre todo, en estos años. un montón de rostros han ido poblando mi corazón… Tantos chavales y jóvenes, tantos hermanos y hermanas… Tantos compañeros de camino que han allanado el terreno, han aligerado las cargas y han hecho todo más fácil… Tiempo de compartir, tiempo de corresponsabilidad, tiempo de colaborar juntos y juntas, en equipo, en comunidad, en la construcción del Reino de Dios…

¿Quién me iba a decir a mí cómo iba a ser el transcurrir de esta aventura…? He procurado hacerlo con dos actitudes: sorpresa y disponibilidad. Dos palabras que, de alguna manera, están en la «raíz» de la palabra «ministerio», en el compromiso que adquirimos… Cuando recibimos una encomienda ministerial, firmamos estar al servicio de la misión y de la comunidad, y las tareas concretas que se nos van pidiendo se asumen conforme van llegando… Así lo he intentado vivir en todo este tiempo, con mis errores y defectos, seguramente sin dar la talla en algunas ocasiones; pero, humildemente, cada año, cada Pascua, renuevo esta forma de concebir el ministerio y vuelvo a prometer fidelidad, actitud de servicio y disponibilidad…

Hasta aquí el resumen de mis comienzos como ministro laico de pastoral y de los dieciocho años que llevo desde que se me hizo esta encomienda. Sin duda, una aventura que merece la pena

Cuando hablamos de ministerios laicales, hablamos de una encomienda que hace la comunidad cristiana a una persona para que, con la adecuada preparación, asuma una responsabilidad que se considera esencial para el impulso de la misión cristiana y para el desarrollo y crecimiento de la propia comunidad. Esta encomienda ministerial se vive en actitud de servicio, en equipo, en clave vocacional y desde el respaldo, acompañamiento y oración de la propia comunidad. Concretando esto desde el carisma escolapio, son tres los ministerios que se pueden encomendar desde la comunidad cristiana escolapia: educación cristiana, pastoral y transformación social, ya que estos son los tres ejes desde los que san José de Calasanz fundó las Escuelas Pías, son las claves carismáticas del ministerio escolapio. Y hemos descubierto que estas claves pueden y deben ser profundamente compartidas entre los religiosos y los laicos y laicas que asumen vocacionalmente la identidad escolapia y la comparten crecientemente en el seno de la comunidad cristiana escolapia.

En Emaús, la provincia escolapia a la que pertenezco, muchas personas, además de los escolapios religiosos, hemos asumido y desarrollado un ministerio en estos últimos 20 años. Esto ha sido posible porque hemos recorrido un camino previo en el que se han promovido una serie de dinámicas y claves de fondo. Destaco algunas de ellas:

  • La fraternidad, como realidad institucional de integración carismática y en la que compartimos en comunidad la vida, la misión y la espiritualidad.
  • Los procesos pastorales escolapios, hoy englobados en el Movimiento Calasanz como propuesta de la orden y que son impulsados corresponsablemente.
  • El desarrollo y consolidación de la comunidad cristiana escolapia, como lugar de inserción eclesial y donde participan todas las personas que se vinculan al proyecto escolapio en cualquiera de sus modalidades.
  • Itaka–Escolapios, como plataforma institucional de misión escolapia compartida y a través de la cual se impulsan diversos proyectos educativos, pastorales y transformadores desde la acción conjunta y fomentando el voluntariado.
  • El impulso compartido de la pastoral vocacional.
  • La diversidad de modelos comunitarios: conjuntas (religiosos, laicos y laicas viviendo bajo el mismo techo), comunidades con encomiendas específicas, etc.
  • El grado creciente de responsabilidad que asumen laicos y laicas en las diferentes plataformas de misión escolapia, tanto en el ámbito de cada presencia como en el ámbito provincial.
  • El trabajo en equipo, la toma de decisiones conjunta, la clarificación de nuestra organización desde las claves de la corresponsabilidad y el caminar conjunto.
  • Los envíos conjuntos a otras presencias escolapias, tanto en países empobrecidos como en la propia provincia escolapia.

Estos, entre otros, son elementos que nos han permitido entender la Iglesia y las Escuelas Pías en clave ministerial y en clave de comunión. Me siento agradecido por tantas personas que han caminado por delante de mí. Personas que impulsado el proyecto escolapio durante años y han hecho apuestas audaces que han permitido que otros disfrutemos ahora de los frutos generados.

Valoro muy positivamente la riqueza ministerial de Emaús, y es un orgullo ser testigo directo de cómo esta riqueza contribuye significativamente al desarrollo de la comunidad cristiana escolapia y a la consolidación del modelo de presencia escolapia por el que apostamos. Comparto cuatro datos que ilustran la riqueza ministerial de Emaús:

  • La entrega y el testimonio de los religiosos escolapios, que viven con fidelidad su ministerio.
  • Además, somos 39 las personas que tenemos una encomienda ministerial (18 de pastoral, 15 de educación cristiana y 6 de transformación social) y 9 más están en formación (1 de pastoral, 6 de educación cristiana y 2 de transformación social).
  • Los 13 escolapios laicos/as (que tienen una vinculación jurídica con la orden) con promesa definitiva, que recibieron los ministerios escolapios en el momento de hacerla.
  • El creciente desarrollo de los equipos ministeriales, a los que se van sumando cada vez más personas para impulsar el ministerio escolapio.

Si aterrizamos en las responsabilidades concretas que puede asumir una persona a la que se le ha encomendado un ministerio, la lista es interminable. No nos vamos a detener en eso. Lo esencial de un ministro, de una ministra, es estar disponible a lo que la comunidad identifique como prioritario en cada momento para el impulso de la misión escolapia. Ahí es nada…

Lo que decía… Una aventura que merece la pena. Y lo mejor está por venir… Seguro… Podemos y debemos seguir profundizando en lo que significa impulsar y desarrollar ministerios escolapios compartidos. Intentando ser fieles a nuestro carisma, que se traduce en poner en el centro a los niños y niñas, a los jóvenes y, especialmente, a aquellas personas que viven con más dificultad.

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