MI PASO POR LA EPJ – Pablo, Elena, Paula y Belén

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Mi nombre es Pablo Antonio Vicente, soy animador de la JEC (Juventud Estudiante Católica) y llevo a un grupo de universitarios. Me pareció un encuentro muy bonito, donde vi mucha originalidad y, sobre todo, animadores de jóvenes de distintos movimientos y de distintas formas de actuar/proceder pero todos movidos por un mismo fin, que es lo que nos unía; me gustó mucho en general. La pena es que al ser solo un día y medio no da tiempo a mucho, en especial disfruté muchísimo con el musical y con los talleres, de lo que creo que habría que hacer alguno más en vez de dos, pues fue cuando realmente pudimos empaparnos de los métodos para llevar a cabo con nuestros chavales. Espero que sigan celebrándose muchos encuentros más ya que se ve que tiene muy buena acogida y poder repetir la experiencia.

Pablo Antonio Vicente

Esta ha sido mi primera EPJ, y rápidamente entendí por qué la gente hablaba tan bien de esta formación. Además, me ofrecieron ir como voluntaria, y fui con una amiga de escolapios que también asistía. Llegamos un poco más pronto que los y las demás, organizamos las mesas e íbamos dirigiendo a las personas hacia el anfiteatro; según iba viniendo la gente, más cómoda me sentía, porque llegaban bastantes jóvenes de escolapios. Cuando nos reunimos todos y todas en el anfiteatro para la presentación de la EPJ, me di realmente cuenta de todas las personas que nos habíamos juntado, y recuerdo que pensé que era genial que toda esa gente estuviera de verdad interesada en formarse para poder transmitirlo más adelante. Esto me encantó.

Lo que quiero destacar de todos y todas reunidas en aquella sala, es el concierto de Toño Casado y las personas que lo acompañaron. Disfruté muchísimo oyéndolos cantar y cómo Toño nos ponía en situación, ya que yo soy una persona con mucha imaginación a través del oído, y pude visualizar sus palabras y sus cantos. Después de la comida, hicimos los talleres, yo me metí en el taller de naturaleza, en el que la formadora era una scout. Aprendí mucho sobre su organización y sobre los métodos y juegos que usaban para sus actividades. El segundo taller al que fui era sobre solidaridad (Cuarto Mundo), impartido por Itaka Escolapios. Tenía un interés especial en este taller, ya que, aunque era probable que esa formación ya la hubiera recibido al provenir de escolapios y ser voluntaria de Itaka, quería recibirla desde otro punto de vista; desde que volví de la India, me gusta mirar dos veces lo que antes daba por supuesto. Además, hablaron sobre las experiencias que Itaka Escolapios ofrece a los jóvenes de sus colegios, y yo soy una de las afortunadas que ha podido vivir una de ellas que, sinceramente, cambió mi vida.

Al acabar los talleres y reunirnos todos y todas en la capilla para la oración de despedida del sábado, el coro repetía una canción que me gustó bastante, pero cuyo nombre no recuerdo. Me cautivó la decoración de la sala y el uso de las gotas de agua.

La entrevista al obispo de Valencia también me pareció muy interesante, me gustó que fuera como una conversación y no solo una serie de preguntas, seguida de una serie de respuestas. Hablaba de los jóvenes como una fuente de cambio dentro de la Iglesia, no como alejados. Acabamos la EPJ con una Eucaristía, donde pude dar gracias a Dios por esta vivencia, esta formación que me ha aportado bastantes cosas que aplico, hoy en día, en mis catequesis y en mi vida.

Elena González García

Durante varios años, me han ofrecido asistir al Encuentro de Pastoral Juvenil que tiene lugar cada año al inicio de curso y este año por fin me he animado a participar. Un momento de reunión con otros jóvenes y no tan jóvenes que tienen los mismos deseos que yo de anunciar a Dios no me podía defraudar.

El primer día, nos «empapamos» de Dios y casi literalmente, ya que en la entrada había gotas de agua por todas partes y de todos los tamaños. La ducha continuó con una jornada de formación en gran grupo y en pequeños talleres, los cuales me encantaron, ya que ofrecen gran variedad de temas en los que puedes formarte y se realizan en grupos pequeños con una mezcla de los jóvenes asistentes. Estos talleres me ayudaron a conocer otras realidades de Iglesia de las cuales no sabía nada. El hecho de hacer un encuentro abierto a diferentes órdenes nos beneficia mucho a nivel personal y de fe, ya que abrimos nuestros horizontes y conocemos y aprendemos de esta familia que, aunque a veces no lo parezca, es muy grande.

Quiero mencionar en particular uno de los momentos más emocionantes que tuvieron lugar en el encuentro, el concierto-musical de Toño Casado, con el que nos presentó la realidad de Jesús entrelazada con nuestra actualidad del día a día. Este concierto hizo que, a muchos, y a mí en especial nos brotasen cientos de sentimientos.

En estas jornadas, no podían faltar momentos de compartir oración entre todos, así como una preciosa Eucaristía final en la que tuve la suerte de participar. Estos momentos de compartir juntos hicieron que sintiese que nosotros, su pueblo, somos un pueblo muy amado y que tenemos la posibilidad de transmitir este amor hasta lugares que quizá nuestra imaginación no alcanza.

Para finalizar, me gustaría compartir con vosotros que somos muchos los cristianos que estamos distribuidos por el mundo y que, si Dios nos cría, debemos juntarnos en experiencias como esta para aprender y crecer juntos. Aunque la mies sea mucha, entre todos y con SU ayuda, la tarea será más fácil y divertida.

Paula Yago Sanz

Llegaba octubre, y al igual que los últimos años, decidí apuntarme a la Escuela de Pastoral con Jóvenes. Después de cinco EPJ’s me salía preguntarme si era necesaria una más. Supongo que decidí aceptar por inercia; me decía a mí misma que si había vuelto con la mochila cargada de experiencias los años anteriores, ¿por qué no también este?

Tras finalizar el fin de semana esos motivos parecían haberse multiplicado y recordé que es un momento ideal para cargar las pilas y el corazón para el curso que empezaba.

Un momento de encuentro; conmigo misma, con mi vocación, con personas diferentes con múltiples carismas, pero unidas por una misma razón; una marea de gente remando al mismo compás. Un momento de formación; porque siempre hay algo nuevo que aprender y, si hay algo fundamental es esto, sobre todo si queremos acompañar jóvenes. Un momento dedicado a la escucha activa, acogiendo y respetando a los demás. Un momento de apertura, de salir de nuestra realidad y abrir el corazón a otras que desconocíamos; de acoger proyectos y hacerlos nuestros. Un momento de reflexión y de oración, de adentrarnos en nosotros mismos y de dejarnos guiar y acompañar por Él. Un momento de compartir experiencias, emociones, fe. Un momento para estar conectados, empaparnos de vida y celebrar. Un momento en el que dejar de ser los protagonistas y poner nuestra fe en el centro.

Porque, aunque se hable de una generación perdida centrada en banalidades, a la juventud de hoy nos queda mucho por decir, compartir y vivir. Porque seguimos poniéndonos en camino con la mirada solo fija en Su mirada; desprotegiendo el corazón para que quepa un poco más y pese menos porque Él es nuestra esperanza.

Belén Ruiz Pintos

 

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