Me vacié – Elena Pérez Hoyos

Me vacié cuando me vi rota y dolorida, incapaz de sostenerme por mí misma, débil y pequeña. El cuidado de quienes me amaban me colmó.

Me vacié cuando murió mi padre y experimenté la ausencia que desgarra y el miedo de la incertidumbre. Me vacié al comprobar que en unos minutos la vida puede dar un vuelco, haciendo que nada vuelva a ser lo mismo. Me colmaron, después, los recuerdos hermosos y el agradecimiento a lo que él fue.

Me vacié cuando me dijeron que no sería capaz de tener hijos y el horizonte se me hizo añicos. Me sentí mutilada y culpable. Mi compañero me colmó de nuevos sueños.

Me vacié cuando multipliqué las horas de mis días en encuentros, reuniones, acompañamiento, entrega y oración. Exhausta, feliz a veces, agobiada otras, me colmé de fe.

Me vacié cuando sufrí la ausencia, el silencio, el desinterés, la decepción… Me colmaron la comprensión y el perdón, descubrí nuevos apoyos, aprendí a hacerme ver.

Me vacié cuando llegaron mis hijos y supe que esos pequeños desconocidos habían cambiado mi vida para siempre de un modo que jamás podría haber imaginado. Me colmé de amor.

¿Qué he de temer, ahora?