Los pinchazos de la pastoral con jóvenes – Jorge Sierra

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Seguro que a alguno de los agentes de Pastoral que lean estas páginas les suena: sales de una reunión –corriendo– coges el coche –rápido– pensando ya en la siguiente reunión, la cabeza en mil cosas y, primer bordillo, ¡plas! Golpe y pinchazo.

Además del disgusto tonto, llamadas, cancelaciones, taller, ahora que si hay que cambiar las dos ruedas, que si a ver si hay un modelo compatible, que si la ITV, que no, no podré llegar a la entrevista… Y esperando se nos ocurre pensar en los varios pinchazos que hemos tenido ese día.

Porque a veces, en el trabajo de Pastoral con jóvenes, tenemos pinchazos. En ese día: las prisas, las carreras, no tener la cabeza donde tiene que estar… y comerse un bordillo. Con los jóvenes, los proyectos que no cuentan con ellos (el «despotismo pastoral ilustrado» que decía un compañero en una reunión: todo por los jóvenes pero sin los jóvenes), las comunidades que reducen su «apertura» a decir algo así como «la misa es las 20:15 horas –como Dios manda–, a ver si venís», la entrevista «personal» en la que el acompañante mira el reloj, aunque sea de reojo, las puertas cerradas, el terrible pinchazo del «siempre se ha hecho así…» y muchos más.

Afortunadamente, tenemos talleres, seguros y ruedas de repuesto. Pero el problema surge cuando queremos analizar la razón del pinchazo. El mismo amigo del taller nos decía que es culpa del Ayuntamiento, que habría que denunciar, hacer fotos, pedir ayuda a no sé qué plataforma, insistir, esperar, la razón está con nosotros… Pero en realidad, si hubiera ido un poco más pendiente y un poco más despacio, no hubiera pasado nada. Quizás este pinchazo pueda servir para ir con algo menos de prisas –aunque se llegue más tarde– del mismo modo que una actividad preparada con todo el cariño y que no funciona nos puede servir de señal para –quizás– ir más despacio y afianzar bien lo que hacemos, desde dónde lo hacemos y por quién… y Quién.

Es difícil darse cuenta de esto cuando uno va solo: parece que todo está en tu contra. Cuando el contraste es en equipo o, mejor aún, en comunidad, parece que hay más luz. Cuando evitamos el «es que los jóvenes de ahora son…» –otro pinchazo– y usamos el gato de «el Evangelio tiene mucho sentido para ti, por ser como eres, contigo», quizás podamos evitar la perplejidad y la cara de idiota que se nos queda cuando todos nuestros planes se vienen abajo… por un bordillo.

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