Lo que la parábola no contaba – Fran Beunza

La parábola no contaba que esta misma semana iba a ver al buen samaritano. Sí, lo vi en carne y hueso, lo pude escuchar. Daba una charla. Es verdad que había algunos matices que habían cambiado. Al que yo escuché le iban poniendo cada vez más dificultades, no bajaba tranquilamente de Jerusalén a Jericó, no iba en burro, sino  que viajaba en barco, no recogía heridos, recogía migrantes.

Resulta que nuestro buen samaritano en vez de ir de Jerusalén a Jericó sale al Mediterráneo, donde se encuentra a diario con muchas personas en peligro o malheridas. En la parábola moderna el buen samaritano nos contó que sale, si le dejan. Porque a menudo el sacerdote y el levita después de verle actuar una vez , se han encargado eficientemente de que no pueda zarpar de nuevo, no vaya a ser que salve a muchos heridos y que estos lleguen a Jerusalén, que no cabemos, que si Jerusalén ya tiene bastantes trabajadores, que si no caben más, etc

El buen samaritano no entiende de ideologías políticas, creencias religiosas u cualquier otro presupuesto. Simplemente ve “personas”. No ve inmigrantes, no ve terroristas,  no ve masa laboral, se para y ve personas en peligro; resulta que mira y siente compasión de cada uno de ellos-as. De las madres, de los bebés, de los jóvenes y ancianos que huyen de los “bandidos” que los acechan en el camino.

¿Y qué hacen nuestros sacerdotes y levitas modernos? Pues hablan mal del samaritano, le retienen, si pueden evitar los recursos para ayudar al herido lo hacen y al zarpar de nuevo hacia el Mediterráneo, dicen que no hay posadas para todos-as, que no pueden costear lo que cuesta el barco del samaritano. La indiferencia de la parábola se queda corta.

Y los que no vamos con el samaritano ¿Que estamos haciendo? La respuesta de Jesús es tan contundente como la respuesta de los que salvan a gente en el mediterráneo. Son personas. La mirada y la acción de Jesús está tan clara, en su profunda determinación del salvar al otro, que no queda espacio para la duda ¿Quién es mi prójimo? Ya lo sabes.

Ahora el samaritano da ruedas de prensa, hace videos para concienciar y nos pide al resto que le apoyemos, que elijamos ser cómplices de uno de los dos bandos de la parábola. Es una habilidad que el samaritano también se ve obligado a ejercer, es la necesidad de comunicar para que le subvencionemos el barco, las vendas, o lo que necesite para socorrer al herido de los “bandidos”, de los traficantes de personas modernos, para aumentarnos la compasión a los que vemos de lejos, para que le ayudemos en esa lucha desigual que libra con el sacerdote y el levita. Ojalá que tenga todo nuestro apoyo social, el de todos los colegios cristianos para movilizar a un montón de jóvenes y no tan jóvenes que no quieren ser cómplices de lo que quizás algunos llamen en el futuro: el crimen silencioso de Europa.

Porque dentro de muchos años llegarán los premios y los reconocimientos para los que hoy son héroes samaritanos y ellos nos recordarán que ojalá nadie hubiese tenido que reconocerles nada porque se pudieron evitar muchos “heridos” en el camino del mediterráneo y no lo hicimos.