Lo que aprendemos por el camino; Testimonio en redes sociales – Lucía Martínez

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Hola Lucía. ¡Un placer que puedas compartir este rato con RPJ! ¿Podrías decirnos un poquito quién eres y cuál es hoy tu relación con internet y las redes sociales?

¡Encantada de compartir este rato con vosotros! Soy Lucía Martínez Alcalde. Nací en Burgos, pero vivo en Pamplona desde que vine a estudiar Filosofía y Periodismo en 2008. Tras graduarme, empecé a trabajar en la Universidad de Navarra, donde soy redactora de la revista Nuestro Tiempo y profesora de prácticas en la Facultad de Comunicación. Me casé en 2015 con Pablo, un ingeniero con alma de artista, tenemos un peque de casi tres años y en mayo nacerá nuestro segundo hijo.

Empecé a ser más activa en redes sociales porque Fran, un compañero de Arguments, me animó a hacerme una cuenta de Twitter en 2011. Fue todo un descubrimiento para mí: por las posibilidades de información que ofrece, la oportunidad de conectar con tantas personas diferentes… Mi propia experiencia en Arguments me abrió los ojos ante el potencial comunicativo que tienen internet y las redes sociales, cómo puedes usarlos para difundir contenido bueno, que llegue y que ayude a las personas.

Actualmente Twitter e Instagram son las dos redes que más utilizo. Twitter sobre todo para difundir ideas que me parece que aportan y poder participar en conversaciones con gente sabia e interesante. En Instagram publico, sobre todo, artículos de mi blog, reflexiones más cotidianas… Aunque en realidad en ambas redes comparto de todo un poco.

Como mujer joven que eres, ¿piensas que las redes están ayudando a generar una mayor conciencia de respeto y justicia con la mujer? Acuérdate de todas las campañas que hay tenido su eco en la red y que han sido reivindicaciones femeninas…

Creo que sí. Recogiendo la idea de la pregunta anterior: la capacidad de difusión de ideas, de historias, en las redes es una herramienta muy fuerte. Y no es solo difundir, es comunicar, es que el mensaje llegue, que haya un feedback, que se creen conversaciones y a veces incluso comunidades en torno a ciertas campañas. Es una suerte que existan cuentas que hacen de altavoces de injusticias que a veces en las noticias no tienen cabida. Estar informado es el primer paso para poder luego actuar en consecuencia. Y aquí viene la segunda parte: por supuesto, no podemos quedarnos solo en el plano digital, y de hecho vemos cómo muchas de estas campañas han tenido su eco fuera de las redes también. Tampoco podemos contentarnos solo con lo que hacen otros, o pensar que un retuit o un like marcan un gran cambio: importan, sí, porque contribuyen a crear opinión pública, pero nuestra conciencia no puede quedarse tranquila solo con eso.

Uno de los escollos que veo en estas campañas es cuando algunos colectivos definen feminismo con una serie de características y supuestos derechos que no todas las mujeres compartimos, y parece que si no acoges todo el pack no puedes considerarte feminista, porque te sitúan inmediatamente en el lado opresor. Cuando se dan estas dialécticas se hace imposible el diálogo, lo cual es una pena, porque perdemos la oportunidad de enriquecernos mutuamente, de pensar de manera conjunta. Y esto no solo pasa online.

¿Tienes miedo en la red? ¿Debería una chica joven tener miedo? ¿Más que un chico?

Generalmente, no. Aunque ha habido momentos puntuales en los que sí: cuando me topé por primera vez con algunos trolls en Twitter, por ejemplo; o, en alguna ocasión, cuando ciertas personas —casi siempre escondidas bajo un nombre y una imagen de perfil falsos— se han dedicado a bucear en mis tuits desde «los comienzos de los tiempos» para intentar desacreditarme con alguno de ellos, o para burlarse. Pero creo que estas situaciones las vivimos tanto chicas como chicos. Al menos, en mi caso, han sido siempre ataques por mis ideas y no por el hecho de ser mujer. Aunque sí que he visto machismo en comentarios a otras chicas jóvenes en las redes sociales.

No creo que debamos tener miedo. Sí que me parece importante ser prudente y pensar las cosas antes de publicar algo que pueda resultar más personal: tu audiencia en las redes es potencialmente infinita, no sabes dónde va a llegar un tuit que lances —para bien o para mal—.

Ese potencial inmenso creo que es uno de los grandes atractivos de las redes, pero también uno de sus mayores riesgos, por eso intento «publicar con cabeza», siendo consciente de que lo que comparto lo comparto con el mundo, no solo con mi grupo cercano de amigos, ni solo con mis seguidores… teniendo especial cuidado cuando se trata de cosas personales (o que implican a otras personas). No me gustaría que cualquier troll que anda suelto me conozca mejor que una compañera de trabajo, por ejemplo.

Hablemos de tu blog. Preséntanoslo un poco y di cuál es tu propósito con él.

Mi blog se llama #MakeLoveHappen – lo que aprendemos por el camino.

(https://youmakelovehappen.wordpress.com/ )

Durante muchos años «tener un blog» era mi propósito de Año Nuevo. En los meses de noviazgo, especialmente en los previos a la boda, Pablo y yo fuimos aprendiendo mucho. El uno del otro, de lo que veíamos, de los demás, de sabios consejos de gente sabia, de buenos libros, de pelis buenas, de tertulias, de conferencias, de la vida… Y pensamos que sería bueno compartir algo de «lo que aprendíamos por el camino», como dice el subtítulo del blog.

Así que este fue uno de los motivos por los que pensé en abrir uno. Y en enero de 2016 comencé #MakeLoveHappen.

Un profesor de la carrera de Filosofía nos enseñó que una de las mejores formas de aclarar nuestros pensamientos era poniéndolos por escrito. Así que mi idea con el blog es que me sirva también para eso: poner un poco de orden en ese bullicio maravilloso de todo lo hablado, lo escuchado, lo leído, lo pensado, lo vivido…; que la gente comente, haga preguntas, plantee dudas… y poder seguir pensando entre todos sobre estos temas tan importantes: el amor es lo más importante en nuestras vidas, todos deseamos amar y ser amados, ¿por qué entonces hay tanta infelicidad a este respecto si llevamos ese anhelo «de serie»? Nos esforzamos por aprender muchas cosas, pero no se suele enseñar a amar. Y es un tema en el que nos jugamos la felicidad. Por eso creo que vale la pena reflexionar y escribir sobre esto.

Si tuvieras que inventarte un nuevo #hashtag para lanzar una buena campaña viral como mujer y por la mujer…  ¿Qué se te ocurriría?

No me lo he inventado yo, pero el primero en el que he pensado ha sido: #Sinmiedoalamujer, cogiéndolo del título de uno de los últimos proyectos que hemos lanzado en Arguments (https://www.arguments.es/mujer/). Me gusta porque es una llamada a que no debemos renunciar a lo que somos para conseguir nuestros derechos; porque podemos pedir la igualdad en derechos y oportunidades sin negar lo que nos diferencia y nos enriquece mutuamente. Me gustaría una campaña que hablara más de la complementariedad de hombre y mujer, de la corresponsabilidad.

A lo largo de la historia las mujeres no hemos tenido las cosas fáciles, y aunque ha habido muchos avances nos queda un camino enorme por recorrer: en conciliación, en lucha contra la prostitución y la pornografía (y contra el convertir a la mujer en un objeto en general), en la violencia contra las mujeres, en la situaciones de desigualdad extrema que aún viven en muchos países… Todas esas «luchas» no son solo de la mujer, son de la sociedad entera, por eso también los hombres deben involucrarse en estas reivindicaciones, y por eso me parece que no tiene sentido un feminismo que no les implique.

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