La urgente necesidad de encontrarnos – Enrique Fraga

¿Cómo son mis relaciones? Esta pregunta se me hace no solo pertinente sino necesaria en la era de la comunicación y de la información. Corro el riesgo de pensar que por pasar cinco horas en las redes sociales y en apps como Whatsapp estoy en relación con el mundo y en comunicación con los que me rodean. En cambio, para mí esas herramientas no sustituyen en absoluto el encuentro fraterno con la hermana y el hermano.

La propuesta de Jesús, transformar en acciones el Evangelio, pasa por la construcción del Reino de Dios, que me exige vivir la fraternidad en mis relaciones. A sentirme hermano de los prójimos porque Dios es nuestro Padre. Y, sin duda me interpela a preguntarme cómo me relaciono, ¿y tú? ¿Cómo son tus relaciones?

Si el encuentro con Jesús es transformador y deja huella, mi experiencia me dice que el encuentro con las hermanos y hermanas puede marcar también profundamente. Desde las relaciones más superficiales de los simples «buenos días» hasta aquellas que mantengo con mis amigos y familiares más cercanos, pueden rebosar fraternidad, empatía, sinceridad y amor, y hacer que me despida con una sonrisa y feliz o ser simples intercambios de palabras y gestos. La magia del encuentro sincero, en el que dejo de lado el ego, el yo y me abro a una escucha real, me preocupo por la otra persona, y a la vez me siento escuchado, amado, valorado no tiene precio. Es de esas experiencias que son como una droga, una vez la pruebas no puedes dejar de buscarla, por eso transforman la vida y me hacen un mejor cristiano.

Existe el riesgo de intentar relacionarme desde la comodidad de mi sofá a través de ese aparato que llevamos a todos lados: el móvil. Y, siendo claros, es una herramienta maravillosa para muchas cosas, y me hace el día más fácil. Pero, sin duda, no es lo mismo estar con una persona que hablar por teléfono, que escribirle un correo o que comentarle una foto de Instagram. Igual que no es lo mismo ver una película o que te la cuenten. Tenemos que valorar y reivindicar la importancia de la presencia, darle valor al hecho de estar, de hacernos disponibles, accesibles. Y no pensar que todo son palabras, sino que las miradas rebosan amor, los abrazos reconfortan, las sonrisas curan, las caricias hacen las cargas llevaderas… Porque me siento llamado a dar amor necesito establecer relaciones de corazón a corazón, en las que el amor sea el motor y la empatía las vías. Lo multimedia me puede ayudar a no perder el contacto cuando la distancia se interpone, me puede ayudar a ver al otro, pero no debe (porque no puede) sustituir la maravilla de encontrarse con otra persona.

En este siglo lleno de oportunidades y facilidades no podemos dejar de buscar encontrarnos.