LA POBREZA INFANTIL, UN PROBLEMA OLVIDADO, UN CUIDADO NECESARIO – Ministerio de Transformación Social de Itaka-Escolapios

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LA POBREZA INFANTIL, UN PROBLEMA OLVIDADO, UN CUIDADO NECESARIO

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El principio del interés superior del menor es el conjunto de acciones y procesos que pretenden garantizar un desarrollo integral, una vida digna y condiciones materiales y afectivas para vivir plenamente y alcanzar el máximo de bienestar posible. A este principio están sometidas todas las administraciones, agentes sociales y ciudadanía en general. Está recogido en las legislaciones de los países democráticos (por ejemplo, en el artículo 39 de la Constitución Española), pero su realización práctica resulta problemática y a veces ese «interés superior» queda en cuestión. Uno de esos factores que afecta de forma específica e intensa a la infancia y adolescencia es la pobreza y exclusión social. Es una de las principales barreras para poder garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes.

El perfil de la infancia y adolescencia en pobreza y exclusión 

Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2019 mostraban que la tasa de pobreza y exclusión social (AROPE) experimentó una bajada anual en todos los grupos de edad a excepción de la infancia y adolescencia (-16 años), que se encuentra en unos niveles similares a los del inicio de la crisis del 2008. En 2019, el 30,3% de los niños y niñas se encontraba en situación de pobreza y riesgo de exclusión social en España. De ellos, además, el 15% se encuentra en situación de pobreza severa. En 2020 la misma encuesta mostraba que el 31,2% de los menores de 16 años se encontraban en riesgo de pobreza (aumento de 0,9 puntos).

Se observa cómo los colectivos de más edad se encuentran más protegidos frente a la pobreza, ya que, por ejemplo, los mayores de 65 años tenían una tasa de riesgo de pobreza del 15,7%. Se trata de casi 15 puntos de diferencia entre el colectivo de edad más protegido (+65 años) y el más vulnerable (-16 años).

Otro rasgo fundamental de las personas menores empobrecidas sería su origen: el 21% de los menores españoles estaría afectado por la pobreza, frente al 54% en el caso de menores de origen extranjero no comunitario. Se trata de una escandalosa diferencia de 33 puntos. La mayor incidencia de la pobreza en el colectivo de menores indica las dificultades económicas que sufren las familias con hijos e hijas a cargo, especialmente las familias numerosas o monoparentales. Afinando aún más el perfil de menor en riesgo de pobreza nos encontramos con que las personas más afectadas serían las de 11-17 años que pertenecen a hogares monoparentales.

Relación entre pobreza infantil y mercado de trabajo 

La crisis económica de 2008 y esta de la COVID-19 no afectaron de la misma manera a todos los niños y niñas. La relación de los progenitores con el mercado de trabajo es uno de los factores principales que explica el riesgo de pobreza durante los primeros años de vida. Hay una estrecha relación entre vivir en un hogar con una baja intensidad de empleo y sufrir pobreza infantil. Esta relación, sin embargo, no es únicamente consecuencia de la crisis económica. En el año 2008, el 71,7% de los niños que vivían en hogares con baja intensidad laboral eran pobres. Esta circunstancia es una muestra de la desprotección que sufren los menores incluso en épocas de bonanza económica, cuando viven en hogares con baja intensidad laboral. Por contra, los niños y niñas con más protección son quienes viven con los dos progenitores y los dos trabajan.

Si bien es cierto que desde 2014 disminuye el número de personas que están bajo el umbral de pobreza, la pobreza severa no ha disminuido ni tampoco el número de hogares con baja intensidad de empleo. Al parecer la participación de los padres y las madres en el mercado laboral está fuertemente vinculada con las condiciones de vida de los niños, niñas y adolescentes.

La pobreza heredada

Uno de los fenómenos más llamativos es que la pobreza es un factor que se hereda. La diferencia de rentas familiares abre posibilidades educativas diferentes, especialmente en lo que se refiere a la educación universitaria. Además, las familias de más renta suelen tener conexiones sociales que favorecen el ascenso social y establecen redes sociales de apoyo. Es curioso comprobar cómo entre las personas adultas empobrecidas prevalecen aquellos que en su adolescencia vivieron situaciones de pobreza, así como aquellos que pertenecían a familias con 5 o más hijos e hijas. Otro perfil sobrerrepresentado entre las personas adultas empobrecidas es el de quienes vivieron su infancia en instituciones o centros de acogida (27,9% de quienes vivieron en esas circunstancias son pobres en la edad adulta).

Fracaso escolar y pobreza 

La mayor incidencia del fracaso escolar en menores de familias empobrecidas contribuye a la trasmisión intergeneracional de la pobreza. Un estudio de Fundación Adsis en 2013 señalaba que el 61% de los adolescentes de la ESO en riesgo de exclusión social había suspendido tres o más asignaturas frente al 37% del resto. El perfil mayoritario de quienes abandonan prematuramente la enseñanza corresponde a varones (62% de los que abandonan eran chicos frente al 38% de chicas, en 2018, INE), de origen inmigrante (37,6% de los/las menores con nacionalidad extranjera abandonan, frente al 16,4% de los nacionales, según el Dosier del Observatorio Social de La Caixa, en 2020), con madres y padres que no poseen estudios postobligatorios (30% de abandonos en menores con esta característica, según estudio del Instituto IVIE, El abandono educativo temprano: estudio del caso español, 2013).

El momento de la adolescencia es especialmente crítico, ya que es cuando se suele producir el abandono escolar temprano que va a determinar las posibilidades de inserción laboral futura.

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Efectos de la pobreza en una etapa clave de la vida 

La pobreza en la infancia tiene efectos a lo largo de toda la vida y puede condicionar el desarrollo personal y social del individuo. Va acompañada de privaciones materiales variadas. Entre estas privaciones, por orden de frecuencia, encontramos: hogares con dificultades para afrontar gastos imprevistos, no poder disfrutar de una semana anual de vacaciones fuera del hogar habitual, no disponer en el hogar de 4 de los 9 bienes considerados básicos, no tener garantizada una temperatura adecuada en el hogar, no disponer de ordenador o no poder permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días (esto último afectaría a unos 373.000 menores españoles). La falta de oportunidades educativas y de ocio y la estigmatización de los menores empobrecidos son otras circunstancias que rodean a quienes están en exclusión social.

¿Qué podemos hacer para combatir la pobreza infantil?

  • Reclamar a los poderes públicos el aumento de las medidas de apoyo decidido a las familias con pocos ingresos, familias numerosas y familias monoparentales.
  • Apoyar por todos los medios a nuestro alcance las iniciativas de empleo para las personas en exclusión.
  • Reclamar que se garantice el derecho a la educación de calidad en todos los niveles educativos: ofertar plazas gratuitas para toda la población en el primer ciclo de Educación Infantil; en la etapa obligatoria garantizar la calidad de la enseñanza con recursos y profesorado estables y suficientes, previniendo las dificultades del alumnado con necesidades socioeducativas; aumentar las plazas en la Formación Profesional; eliminar las vías de desigualdad y segregación universitaria.
  • Colaborar en alianzas entre la escuela y otros servicios educativos de la comunidad para que las actividades complementarias y extraescolares alcancen a la infancia socialmente desfavorecida; fortalecer los centros comunitarios y sociales.
  • Plantearse ser familia acogedora de menores en desprotección, ya que se comprueba el efecto positivo de la desinstitucionalización de estos menores en su desarrollo futuro…

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La pobreza en la infancia tiene efectos a lo largo de toda la vida y puede condicionar el desarrollo personal y social del individuo

¿Qué podemos hacer para combatir la pobreza infantil?

 

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