La mascarilla, la flor y Lukas – Josep Périch

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Lukas es un niño de un año y medio. Hace unos días, ya establecidas las nuevas franjas  horarias para los niños prevista en el estado de alarma por el COVID 19, pudo salir de paseo junto a sus padres al lado de su carrito. Al ver por la calle a la gente con las mascarillas, retrocedió y volvió a su nido, el carrito, no quería bajarse y andar. Mas tarde los padres vuelven a intentar hacerle caminar, más Lukas al poner los pies en el suelo, se levanta de puntillas con los brazos elevados hacia la madre para aferrarse a ella. Tiene miedo, no quiere alejarse de su nido y busca refugiarse en los brazos de su madre. Seguro que intuye que algo nocivo puede llegarle del exterior.

¿El comportamiento de Lukas no será el reflejo de lo qué ya hace unos meses estamos todos viviendo?

1.- La mascarilla.

  • Las mascarillas que vemos y llevamos por la calle no son las mismas que usamos en el carnaval. Nos sentimos distanciados unos de otros y delata nuestra vulnerabilidad. Pero nos revela más que nunca que no podemos «pasar» de los demás, sino que tenemos al alcance el gozo de compartir la proximidad.
  • Estos días las mascarillas no nos permiten compartir una tierna sonrisa. Intuimos, sin embargo, que tras ellas puede haber un rostro luminoso surgido de un corazón que ama. Ya no podremos catalogarnos por lo que a simple vista percibimos del otro.
  • Si nos ponemos la mascarilla es para evitar contagiarnos con un virus invisible. O al revés, que nosotros lo podamos transmitir. Es un filtro de entrada para lo que nos venga de personas desconocidas o poco fiables, particularmente de algunos medios de comunicación. ¿Pero ahora somos lo suficientemente lúcidos para darnos cuenta de que también nosotros podemos ser «virales» socialmente? «Quien esté limpio de pecado que tire la primera piedra».
  • Las mascarillas dificultan la comprensión de lo que queremos expresar, pero hacen afinar el oído y la paciencia del que nos escucha. Aprender a «perder el tiempo» para escucharnos, sin duda debe ser una de las mejores inversiones.
  • Afortunadamente las mascarillas no dificultan el que podamos mirarnos a los ojos. A través de las pupilas de los ojos podemos transmitir una mirada más o menos luminosa, reflejo de un rico o turbio mundo interior.

2.- A los brazos de la madre descubre la flor.

  • Unas frágiles manitas alzadas de Lukas van a buscar el cariñoso refugio de los brazos de su madre. Ante el peligro o el estrés sabernos parar, dirigirnos y entrar en el santuario de nuestro corazón, para sincronizar con el latido de Aquel que nos da motivos para vivir y avanzar comunitariamente. Podríamos escuchar al oído: «Tú eres mi hijo amado. Tengo una misión especial para ti. Ven, no temas «.
  • Lukas intuye que cogido en brazos de la madre verá el paisaje de la vida desde otra perspectiva y sin complejos. Se siente profundamente amado. Ha perdido el miedo de bajar a la arena en el país de las máscarillas. Se ha dado cuenta de que una tierna y atractiva margarita, en la acera de la calle, sacaba la cabecita … Y más allá en una grieta del asfalto, asomaban unas hierbecitas impacientes por la luz del sol. ¡Es el milagro de la primavera! Y ¿por qué no el milagro de una nueva recreación humana y ecológica?
  • Alex se desliza de los brazos de la madre y, se dirige calle arriba en busca de amigos que quieran compartir la apasionante aventura de rehacer un entorno social más humano, arropando la exuberante primavera.

 

 

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