LA ESPERANZA DE LA SINODALIDAD, DESDE LA ESCUELA DE PASTORAL CON JÓVENES – Zoraida Sánchez

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Zoraida Sánchez

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Quienes participan en la Escuela de Pastoral con Jóvenes coinciden en una valoración: la riqueza del encuentro entre instituciones.

Independientemente de la participación que sea, desde la preparación en la coordinadora de la EPcJ o como asistente a ella, la experiencia de conocer a personas de otras realidades de la Iglesia es lo que más se ha valorado. Y es algo que nos ha acompañado a lo largo de los años de esta propuesta formativa.

Nos confirma que no es una moda, al hablar tanto en los últimos años sobre la sinodalidad. Es parte de los cimientos de la EPcJ y lo que hoy queremos seguir manteniendo.

Este año el tema de la EPcJ ha sido la esperanza, y la experiencia de Iglesia vivida es un signo fuerte y claro de esta esperanza. En el contexto de división y conflicto que nos rodea, y el individualismo al que nos empujan desde distintos frentes, es importante que la propuesta cristiana mantenga su fuerza comunitaria.

La fraternidad es un milagro, un gran regalo del Espíritu. Cuando esta fraternidad supera los límites de nuestros grupos, de nuestras comunidades, el regalo se multiplica. Esa es la experiencia que vivimos en la EPcJ. 

La vivimos al interno de la propia coordinadora, en la que cada institución aporta su originalidad, la especificidad de su carisma a través de las personas que la representan. Y es especialmente importante cuando quienes lo viven son los jóvenes de la coordinadora. Que esta experiencia se viva en el proceso formativo de los jóvenes puede ser cimiento para futuras propuestas sinodales.

Y algo parecido sucede con las personas que participan en la escuela. Encontrarnos nos posibilita conocer los carismas y compartir las búsquedas que cada institución está realizando en el ámbito pastoral. Amplía nuestra mirada de la realidad de los jóvenes, nos ofrece la posibilidad de acompañarnos en los intentos y nos invita a crear alianzas pastorales. 

Hoy toca imaginar nuevos espacios, nuevos encuentros, nuevas propuestas que sigan alimentando esta realidad sinodal. Porque creemos que es el camino a seguir, al que nos impulsa el Espíritu. Porque creemos que es un signo hermoso y necesario de esperanza para nuestra sociedad y nuestra Iglesia.