Juntos tras las huellas de La Salle – Hno. Miguel Serafin Marcos

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Miguel Serafín Marcos, fsc. @miguelmarcos92

 

Encuentro, grupo, emoción, fraternidad… familia. Estas son algunas de las palabras más repetidas por los y las jóvenes que han participado en la peregrinación lasaliana «Tras las huellas de La Salle». Un broche de oro para la celebración del tricentenario de la muerte de san Juan Bautista de La Salle, fundador de la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle). Once días, 257 personas originarias de todo el distrito ARLEP (distrito que incluye toda España y Portugal) y 3.650 km por delante para acercarse a los lugares más emblemáticos en la historia de la vida de san Juan Bautista de La Salle.

 

Las ciudades y pueblos de Grenoble, Parmenia, Reims, Ruan y París se abren en una nueva dimensión para permitir a los y las participantes adentrarse en ellas, hacerse parte del escenario, sentirse espectadores privilegiados de la vida de una persona que supo responder con valentía ante Dios a las cuestiones fundamentales: «¿quién soy yo?, ¿para quién soy yo?». Situarse ante este modelo de vida, inevitablemente, devuelve la pregunta e inquietud a los y las jóvenes: «¿me conozco a mí mismo, más allá de las apariencias o de mis sensaciones?, ¿conozco lo que alegra o entristece mi corazón?, ¿cuáles son mis fortalezas y debilidades? (…) ¿cómo puedo servir mejor y ser más útil al mundo y a la Iglesia?, ¿cuál es mi lugar en esta tierra?» (Christus Vivit 285; en adelante CV).

 

Con la pregunta sembrada en los corazones y un lugar inmejorable para pararse a pensar… ¿qué resta para comenzar a hablar de respuestas? Encontrarte a sí mismo y encontrar un grupo de referencia desde el que nazcan propuestas.

 

Esta es una meta fundamental para la pastoral de La Salle y, como no podía ser de otra manera, para la organización de la peregrinación lasaliana: Asegurar la vivencia del ser humano en su perspectiva individual y comunitaria. La vivencia individual, como Nietzsche comprende, es «condición fundamental para ser persona, aunque pudiera ser fuente de conflictos». El individualismo es una realidad en nuestros días y no podemos caer en condenas tremendistas y afirmar que este elemento únicamente puede llevar al egocentrismo y a la salvación individual. Como Orfeo ante la adversidad, debemos entonar una melodía más hermosa (CV 223), demostrar que una vivencia acertada del denominado individualismo responsable enunciado por Lipovetsky es posible y responsabilidad de cada uno y del grupo, por medio de la denominada «solidaridad inteligente».

 

Para el cultivo de esta individualidad, en las diferentes regiones francesas con especial importancia para los lasalianos y lasalianas, vivimos diversas dinámicas que ahondaban en la posibilidad de trabajar un autoconocimiento y proporcionar ambientes para la oración personal y la meditación.

 

Como recién se ha recogido, la perspectiva individual torna especial sentido en el reconocimiento del grupo. Resulta una plataforma desde la que manifestarse uno con los otros, uno por los otros y uno para los otros. Durante los once días que compartimos fueron muchos los momentos en grupo informales de compartir vida, inquietudes y proyectos: viajes en autobús de hasta doce horas, paseos por calles de cuento en diferentes ciudades, ratos fregando los utensilios de cocina bajo la lluvia que se convertían en verdaderas batallas navales al estilo de las fiestas de algunos pueblos…

 

No obstante, quiero prestar una atención privilegiada a los momentos formales de grupo, que eran parte de las dinámicas que se prepararon para la peregrinación. Verdaderos momentos de compartir vida con el corazón en la mano. La historia personal fue presentada desde el momento vital y las experiencias de cada participante. Momentos para descubrir que somos personas cuando lo somos en relación con los demás, cuando nuestras vidas resuenan en las de los otros. Estos días en Francia han supuesto una experiencia privilegiada para sentirse unidos a jóvenes pertenecientes a la familia lasaliana de toda España y Portugal, para saber que resonamos en las vidas de una gran familia que traspasa fronteras, lenguas y culturas. 

 

Habiendo cuidado lo especial del individuo y habiendo proporcionado momentos de grupo en los que ser persona con los otros, se descubre cómo nace conciencia de una historia compartida. Rezaba el papa Francisco en la Vigilia con los jóvenes en la JMJ de Panamá como «La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias (…). Allí viene el Señor a plantar y a plantarse».

 

La apuesta fundamental debe venir en el descubrir una historia compartida desde la propia historia personal, solo desde ahí podrá el joven, la joven, descubrir la llamada de Dios a ser la mejor versión de sí mismos. Encontrará las primeras pistas para comenzar a responder a las cuestiones fundamentales recogidas por Christus Vivit: ¿quién soy yo? y ¿para quién soy yo? (CV 286). Desde ahí, desde el ser uno mismo, desde el saberse comunidad, continuar el legado de san Juan Bautista de La Salle y los primeros hermanos. Una historia que desde el comienzo nace, precisamente, de lo comunitario, pudiendo resaltar como elemento clave la radical horizontalidad vivida desde los primeros años.

 

Hermanos, asociadas, asociados, maestros, maestras, colaboradoras y colaboradores… conformamos la gran familia lasaliana. Cantamos felices por compartir «un corazón, un compromiso y una vida», pues, solamente juntos, Somos La Salle.

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