Jóvenes evangelizadores en potencia – Alicia Ruiz López de Soria

Nunca me he sentido especial por comunicarme con Él, sino afortunada. En otra onda, para hacer hermenéutica del presente y del futuro, mi interlocutor preferido es un o una joven. Además, creo que -siendo posible que todos seamos agentes evangelizadores- son los jóvenes creyentes quienes mejor pueden ejercer de fermento cristiano. Te confieso que la amistad de Dios y de los jóvenes me regala subidones muy agradables. Gracias a ambos podemos traducir la constante novedad de la buena noticia de Jesús de Nazaret en formas de vida actuales, leer lo que acontece sin fardos pesados arrojados sobre nuestros hombros por el pesimismo ambiental y ofrecer esperanza a un mundo en el que habitan bastantes seres humanos desesperanzados.

A través de encuentros de amistad he descubierto que un signo de los tiempos actuales es la emergencia de la creatividad como destreza divina y humana para el arte de vivir. El poder de la imaginación nos puede sacar de un mundo donde predominan los claroscuros y transportarnos en unos minutos al lugar donde brillan nuestros sueños más amorosos. Todos tenemos en nuestra mente y nuestro corazón ese anhelado espacio más feliz – del planeta sin explorar – al que nos llevan los espíritus libres que nos habitan. Hoy se siente la invitación a entrar en él. Entre los lugares que conozco, diría que en Disneylandia es posible encontrar una parcela del recién mencionado planeta e intuir que la realidad puede llegar a ser inseparable de la más bella ficción proyectada.

La creatividad y la espiritualidad se han abierto paso en las crisis de todo tipo que nos acechan en este momento histórico. ¿Te interesa la relación que los jóvenes mantienen con el misterio de la vida oculto en una representación virtual que escapa a los dos grandes ídolos de nuestros días, a saber, la tecnociencia y la economía? ¿Te atreves a iniciar una aventura de espeleología dentro de la espiritualidad juvenil a la vez que visitas con la imaginación Disneyland Park? La inquietud por hacerlo brotó en mí ante el rostro sonriente de una joven colombiana, Juanita, y se reafirmó al evocar la alegría de un grupo de jóvenes estudiantes una jornada de abril. ¿Te animas a dejarte atrapar por pensamientos que cobren vida a tu alrededor cuando se acerque a ti un o una joven? ¡Deseo que sí!

No descubrimos nada esencial si afirmamos que para la evangelización es fundamental una mirada teologal sobre todo cuanto acontece a nuestro alrededor pero sí priorizamos cuando subrayamos que ello es necesario especialmente cuando los destinatarios de esa mirada son los jóvenes. Es necesario huir de considerarlos meros destinatarios consumidores como lo hacen las grandes marcas, individuos con menos valores humanos que las generaciones que les preceden como comentan algunos o indiferentes religiosamente como es la opinión reinante. Osemos mirarlos como Jóvenes evangelizadores en potencia descubriendo en ellos posibles vías de acceso a la experiencia del Dios de Jesús y asumamos el reto de acompañarles de manera nueva acorde a tiempos evangelizadores nuevos. En este artículo hacemos el intento de acercarnos reflexivamente a diversos perfiles de jóvenes a partir de algunos de sus testimonios con la intención de acoger y proyectar evangelio en sus existencias.

1. La entrada al parque espiritual Disneyland
Si paseas conmigo por Main Street te encontrarás en una calle que recrea una época pasada con las bazas de la arquitectura y el transporte. Te puedes asombrar con la atracción Disneyland Story presenting Great Moments with Mr. Lincoln e incluso puedes visitar el Emporium, tienda de la época victoriana, para tener una idea de las posibles compras que vayas a realizar en el parque. ¿Qué sabes de una de las épocas gloriosas de Gran Bretaña, aquella en la que se consolida como monarquía parlamentaria e imperio colonial?

Es de suponer que, para vivir a tope el presente, te interese más conocer los entresijos de la segunda década del S. XXI. ¿Te cautiva ser protagonista en un cambio de época en el que se está modelando culturalmente un inaudito modo humano de ser y vivir en el mundo? ¿O tal vez cuente más para ti la indiferencia hacia el sufrimiento de un gran número de descartados – sin techo, con hambre, lejos de su tierra, enfermos… – que lleva a plantearse a un gran pensador si ha muerto nuestro prójimo? ¿O sencillamente centras tus energías en armarte internamente para respirar en la incertidumbre con serenidad y alegría?

Me he puesto a conversar contigo sin saber tu edad. ¿Estás entre los dieciocho y treinta años, más o menos? Al grano, ¿eres joven? «Uno empieza a no ser joven cuando empieza a vivir con preocupaciones adultas, toma decisiones importantes que afectan a otros y, sobre todo, ha llegado a un nivel de diferenciación como para poder decir que ya es un adulto. A partir de ese momento, la persona aspira a mantenerse – o parecer – joven, pero en realidad ya no lo es». Si te pasas de los treinta seguramente tienes la tentación de decir que te sientes joven. Sin desear caer en una grosería, te comento que soy de las que opinan que maquillamos la realidad y privamos de vivir lo que corresponde en cada momento de vida al tener tan en alza la categoría de la juventud; ¿no te parece que una persona mayor creyéndose joven es ridículo, como también lo es un niño tomando decisiones propias de un joven? Creo que fomentar una sociedad donde se distinga entre adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos nos haría bien a todos. ¿Eres, tal vez, un cristiano/a de más de treinta años interesado en vivir y transmitir tu fe?

El mundo de los jóvenes actualmente es plural y fragmentado; como realidad socialmente identificable y uniforme hace tiempo que dejó de existir. Sin contradicción con lo recién expuesto, se mantiene que “el peso del modelo económico del liberalismo, de la globalización, de los cambios en la pareja y la familia, de las representaciones de la sexualidad, del impacto de la música, de la televisión, del cine y de Internet influyen y unifican considerablemente la mentalidad juvenil de casi todos los países”. En un encuentro internacional celebrado en Roma, el XVII Capítulo General de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora, tuve la ocasión de verificar, en presencia de un grupo de jóvenes europeos, africanos, americanos y asiáticos, cómo ambas tendencias se están dando al unísono.

Respecto a cómo se sitúan los jóvenes ante la realidad podríamos decir que muchos desean fugarse de la realidad cotidiana, `balconean´ la vida; otros tratan de instalarse en ella, generalmente arropados por sus familias; algunos, los más pocos, luchan por transformarla, siendo generalmente estos jóvenes los que con más pasión anhelan una sociedad sostenible, basada en el respeto y cuidado de la naturaleza, en los derechos humanos universales, en la eficiencia de la justicia económica, en una cultura de paz y también, por qué no, en la búsqueda de sentido profundo de la vida guiada por la sed del amor. Un dato para meditar: que el joven de hoy busque descubrir la razón de su existir a golpes de corazón, ¿puede relacionarse con la búsqueda de “otro lugar” donde reine la felicidad gracias a la lógica del amor?, ¿supone ello un reto que marque una dirección en el acompañamiento espiritual?

2. De la exterioridad a la interioridad

2.1. Jóvenes que dicen: «queremos ver un signo» (cf. Mt 12,38)

El bosque de los Cien Acres
En el bosque Critter Country se escuchan los ferrocarriles, las cascadas y a un coro de criaturas cantando “Zip-a-Dee-Do-Dah”. Ahora bien, será con Winnie, en el bosque de los Cien Acres, con quien se estimulen todos los sentidos. Y aquí está el encanto especial de esta sección del Parque Disneyland: las puertas de nuestra interioridad, o sea, los sentidos, se abren de par en par; y nos quedamos ahí, ante ellas.

“Antes de tener estos encuentros contigo sentía incapacidad para reconocer algo que fuese más allá de lo material y tangible. Un acontecimiento fortuito hizo que cayera el pedestal en el que estaba y me situara débilmente ante el misterio de la vida. No fui arrastrado por la amargura ni la desazón. Dejé atrás mis reclamaciones, mis derechos incuestionables, el ego que me hacía olvidar mi verdadera condición. Me dispuse de manera nueva, más humilde y solidaria, a acoger lo que acontecía. Dejé de confiar exclusivamente en mis propias fuerzas, aunque puse toda la carne en el asador para superar un grave contratiempo. Apoyándome en otros palpé algo más. Descubrí que me habitaba un mundo rico en pensamientos, sentimientos y emociones que podía ser explorado en aras de encontrar un personaje entrañable en mi interior. Parece que respondo al perfil de un brillante estudiante de ciencias que ha permanecido indiferente, aunque respetuoso, a cuestiones espirituales, por considerarlas carentes de fundamento. Un mal día fue el comienzo de mi apertura a lo trascendente”.
Hay jóvenes muy críticos con la realidad, con una gran capacidad para distinguir entre los elementos positivos y los negativos que hay en ella, con análisis sociológicos certeros y facilidad para expresarlos de manera que impacten. Entre ellos, hay quienes se hallan impotentes para encontrar signos que hablen de un reino en construcción y un rey bueno al frente de él. El argumento principal que expresan para no creer en Dios es el sufrimiento del inocente, las injusticias de nuestro mundo, la presencia del mal. Entienden, por otro lado, que la posesión de riquezas de la Iglesia es incoherente con el mensaje que anuncia. No tienen por qué ser rebeldes sin causa, ni reivindicativos de excentricidades, ni desconfiados de todo aquello que les circunda. Puede ser, sin hacer grandes elucubraciones mentales, que lo que observan principalmente a su alrededor sea carcoma en su empuje para vivir y en la acción humana tendencias necrófilas gratuitas; se puede decir que en la aplicación de sentidos que hacen les puede lo negativo, lo injusto, lo cruel.

Por razones complejas pululando en el humus de la indiferencia, estos jóvenes ven pero no sienten el dolor de la humanidad, no llegan a verse conmovidos por la mirada que tienen del mundo. Quizá porque, al ser lúcidos, intuyen que pueden cruzarse con alguien que les diga que espera de ellos gestos concretos para mejorar las cosas… ¡no están por la labor de hacerlos! ¡Les falta iniciativa personal!

Pero, curiosamente, en este perfil de joven que solapadamente quiere ver signos puede abrirse al menos esta brecha: le basta un acontecimiento fuerte en su vida, reflexionado con cierta hondura, alegre o triste, para percatarse de la invitación que realiza el oráculo seguido por Sócrates y presente en el templo de Apolo, en la acrópolis de Delfos: “Conócete a ti mismo”

El pez no puede vivir mucho tiempo fuera del agua, el pájaro sin extender y agitar sus alas en el aire, el árbol sin enraizarse profundamente en la tierra. Una persona puede elegir moverse permanentemente en el mundo de los sentidos asumiendo el riesgo de traicionarse a sí misma y replegarse en torno a las propias sensaciones. Tengo la impresión de que cada vez son menos los jóvenes que lo hacen. Puede que sea este el pórtico de entrada del bosque que constituye la espiritualidad juvenil: el conocimiento de sí mismo unido a un deseo de estar de otra manera en el mundo.

En verdad, nuestro tiempo multiplica las distracciones; no en vano se le ha llamado “la era de la distracción dramática”. El gran enemigo es el aburrimiento. Hay quien un día se advierte escalando montañas equivocadas tirando de suplementos energéticos tipo Red Bull; o enquistado en un ritmo de vida que hace la función de un andamio que aguanta una fachada detrás de la cual el edificio ha quedado totalmente derruido; o inmerso con cierto desencanto en la civilización del espectáculo, “una realidad enraizada en nuestro tiempo, la partida de nacimiento de las nuevas generaciones, una manera de ser, de vivir y acaso también de morir del mundo que nos ha tocado, a nosotros, los afortunados ciudadanos de estos países a los que la democracia, la libertad, las ideas, los valores, los libros, el arte y la literatura de Occidente nos han deparado el privilegio de convertir al entretenimiento pasajero en la aspiración suprema de la vida humana y el derecho de contemplar con cinismo y desdén todo lo que aburre, preocupa y nos recuerda que la vida no sólo es diversión, también drama, dolor, misterio y frustración”.

Por razones muy variadas, se nos puede presentar la posibilidad de situarnos ante una puerta que juega un papel liminal: la propia interioridad. Cuando esto le sucede a un joven, ¿qué suele hacer? ¡Cada vez más, dar un paso adelante! A sí mismo se exige un avance en medio de la desorientación y la incertidumbre exterior y va comprendiendo que no puede hacerlo sin adentrarse en su corazón, entender sus ritmos y escrutar sus rincones. Es cierto que le ayudan determinados talantes – como por ejemplo no estar muy metido en el consumismo y ser firme en las determinaciones – pero conocerse a sí mismo es una invitación generalizada que, en un momento u otro, o de manera reiterativa, recibimos todos los seres humanos.

Puede mucho, sobre todo en la adolescencia y la juventud, el concepto a veces erróneo que se tiene de sí mismo y el que proyectan los demás… algunos problemas de autoestima aparecen por aquí. Se puede aparentar ser un chico que se deje llevar por la cultura dominante marcada por el imperio neoliberal y, a la vez, tener inquietudes que produzcan desazón personal y echar en falta el suficiente coraje para vivir de otro modo. ¿Qué sería de un joven así al lado, en el día a día, de alguien que ha situado a Jesús de Nazaret y su Reino en el centro de su existencia? ¿Se empezaría sencillamente por hablar vitalmente de que Dios es bueno y que es bueno que exista Dios?

Hay en nuestro mundo una mezcla siempre enigmática de bien y mal. A esta experiencia fundamental de contraste le sigue una irreprimible indignación humana que “revela una apertura hacia una situación distinta, que tiene derecho a nuestro sí”. Unido a ello constatamos que, entre las experiencias humanas, las de sinsentido, de injusticia, de dolor inocente y de debilidad, tienen un significado revelador por excelencia que apunta a una creación con necesidad de ser salvada. Es preciso, pues, fundamentar con la propia vida entre los jóvenes la idea de un Dios que crea por amor, cuya presencia consiste en afirmar el ser de la creación, un Dios que promueve la libertad del ser humano; un Dios que salva, es decir, siendo una presencia gratuita y respetuosa en la historia humana, está atento única y exclusivamente a la promoción de esta.

2.2. Jóvenes que haLLan «dÓnde reclinar la cabeza» (cf. Lc 9,58)
Las encantadoras casas de Mickey y Minnie

A veces se puede pasar de una actividad increíble a una pasividad total cuando se llega al hogar. No me refiero a un espacio físico tangible sino a un ámbito intangible donde hay protección, quietud, ternura y colorido. Quizá algo así evoquen las casas de Mickey, Minnie y otros personajes clásicos de Disney.

“Han amado misericordiosamente mis fragilidades todos los miembros de mi familia y unos cuantos amigos. Es cierto, he tenido la suerte de contar con ellos cuando las cosas han ido bien y cuando se han torcido, cuando he brillado y cuando me he vuelto opaca. De estas experiencias he salido más humana y más íntegra, como si partes rotas se hubiesen compactado. A la vez constato que no puedo ir con mi fragilidad al desnudo porque también hay gente que me percibe como amenaza por mis fortalezas y me hace daño gratuitamente. La fragilidad queda reservada para ámbitos íntimos y situaciones esporádicas, si bien siento que tendría que tomar conciencia de ella más a menudo y aprender a gestionarla mejor para evitar caídas súbitas”
Asociamos joven con salidas de casa, con prisas yendo de un sitio a otro a la vez que se disfruta intensamente de actividades muy diversas azarosamente encadenadas unas con otras en espacios y tiempos. ¿Será esto más propio de los adolescentes? Conforme nos acercamos al límite superior de la franja de edad en la que hemos incluido a los jóvenes, la inclinación por saturar la agenda de acontecimientos diferentes va disminuyendo porque los intereses y gustos van radiando cada vez más en torno a algo que juega un papel principal, fruto de la criba de las amplias ofertas que nos han seducido.
Tarde o temprano nos topamos, aunque llevemos un ritmo muy acelerado o precisamente por ello, con las fragilidades personales, con grietas en nuestro sujeto. Por supuesto, un joven, como cualquier persona sana, no se ensimisma en ellas –más bien las tiene delante de sí de manera difusa, sin alcanzar a ponerles nombre-, pero va ganando conciencia de su presencia y experimentando la necesidad de manejarlas adecuadamente. ¿Cuáles son las más frecuentes en el ámbito juvenil? Me atrevo a nombrar tres: la amenaza constante de fracaso bajo la concepción de una vida en términos de aventura: o se gana o se pierde; la soledad –sin importar que se esté rodeado de mucha gente- dando toques una y otra vez al corazón; la aceptación de la dureza de la existencia humana en lo cotidiano.

Bajo este prisma, no es de extrañar el consolidado auge en la sociedad occidental del yoga o del zen para encontrar equilibrio emocional y paz mental. Tampoco que los jóvenes utilicen cada vez más el término karma en sus conversaciones. De igual manera, fluye la explicación de un recelo ante lo religioso atendiendo al panorama mundial de terrorismo fundamentalista y la cada vez más escasa transmisión de la fe como experiencia que da plenitud al ser humano a través de las instituciones tradicionales, a saber, familia, escuela e Iglesia. Si en este contexto situamos la llamada de Jesús de Nazaret a su seguimiento, con lo que tiene de urgencia y radicalidad, esta se puede entender como una sacudida que hace temblar los cimientos y que los que solo desean una vida tranquila se la tomen a mal y se resistan a ella.

Y pese a todo, el joven también siente atracción por las cuestiones últimas y se pregunta por la existencia o inexistencia de un Ser Supremo en términos de Gracia, Bondad, Descanso… Sin interés y sin perseverancia excesivas, la cuestión por Dios late en el trasfondo de la vida juvenil, más cuanto mayor es el recorrido que se ha realizado hacia la propia interioridad. Como bien se ha documentado en los últimos años en el campo educativo a partir de la teoría y de la praxis, desde la infancia hasta la juventud, las experiencias de interioridad propician el salto a las experiencias de trascendencia.

Existen jóvenes que buscando su hogar en medio de sus fragilidades y fortalezas personales aluden a experiencias de trascendencia. Sabemos que la Psicología Positiva de Peterson y Seligman considera la trascendencia una virtud humana, un hábito para vivir bien, y la asocia a unas determinadas fortalezas. Desde esta óptica, animémonos a tener presentes rostros concretos de jóvenes que peregrinan hoy por un camino con señales progresivas que marcan diferentes metas: la interioridad, la trascendencia y la espiritualidad. La vía de acceso a Dios está abierta tanto para jóvenes frágiles como para jóvenes fuertes, o lo que es más real, para jóvenes frágiles y fuertes a la vez. ¿Somos capaces de transitar a su lado y a su paso con la complicidad de ser ante sus ojos hombres y mujeres también frágiles y fuertes a la vez que transparentan que en Dios hallan la Roca sobre la que apoyar sus vidas (cf. 2 Sam 22,3)?
¿Dónde están las posibles fortalezas de estos jóvenes? Siguiendo el pensamiento de Peterson y Seligman, sus puntos de apoyo y potenciación están en su capacidad para percibir y apreciar la belleza de cualquier faceta de la vida; en ser personas agradecidas, conscientes de las cosas buenas que les suceden; en su inclinación a esperar lo mejor del futuro y trabajar para lograrlo aún siendo conscientes de la incertidumbre del tiempo presente; en su sentido del humor y atino para lograr ver el lado cómico de lo que sucede; finalmente, en su espiritualidad, pues poseen creencias coherentes sobre la razón y significado trascendente del universo, saben su lugar en el orden universal y se apoyan en estas creencias para actuar y sentirse reconfortados.

Quizá sea el momento de anotar qué entendemos por espiritualidad en este breve ensayo sobre la espiritualidad de diversos perfiles de jóvenes. De la manera más sencilla, diríamos que la espiritualidad es el dominio del espíritu. Lo interesante, para los agentes de evangelización, es preguntarse qué espiritualidad está suscitando el Espíritu Santo en los jóvenes con el propósito de verla nacer y acompañarla. A nuestro entender, una espiritualidad con tres rasgos fundamentales: marcada por el protagonismo de un Dios siempre mayor que va atrayéndole y moviéndole, impregnada de afecto y abierta a la sorpresa; que se juega en la vida, no consistiendo en imperativos éticos sino en un irse poniendo progresivamente de acuerdo con Jesús, por ejemplo, a coincidir con Él en su manera de mirar a las personas, desde la experiencia de filiación de Dios como Abba; que supone la alegría del encuentro y se da en la interioridad y en el encuentro con los otros, en la trama de lo cotidiano en toda su complejidad, desde la experiencia de la comunidad.

3. De lo visible a lo invisible

3.1. Jóvenes que cuestionan: «y vosotros, ¿quiénes decís que soy yo?» (cf. Mc 8,29)
Celebra el carnaval Mardi Gras

En el Barrio Francés de New Orleans Square se celebra el carnaval Mardi Gras todo el año. Si esta movida no te va, puedes elegir visitar la Haunted Mansion y comprobar cómo los fantasmas aparecen y desaparecen ante ti invitándote a elegir entre ceder al miedo o permanecer irrisorio ante él. ¿Te ves en la piel de un Pirates of the Caribbean bravucón en busca de un tesoro enterrado?

“Soy una joven que quiere saborear los instantes que la vida me regala, doy la espalda a profetas forjadores de malos augurios y deseo asumir mi responsabilidad en la custodia de mi historia. Que nadie que nos mire mal a los jóvenes se equivoque: buscamos nuestra identidad, anhelamos responder a la pregunta quién soy sin dejarnos amedrentar por el chantaje de los numerosos fantasmas que acechan a nuestro alrededor. Ciertamente nos situamos en ocasiones, obligados por las circunstancias, como simples espectadores, ahora bien, espectadores con ojos bien abiertos que, en una situación determinada, podemos vernos marcados existencialmente y descubrir nuestra verdadera vocación, nuestra proyección existencial. No me importa decirlo por muy chocante que resulte: busco deliberadamente espacios de soledad y silencio para saber quién soy y quién quiero ser. Por supuesto, soy más que lo que muestra mi cuerpo, aunque lo primero que me dicen es que soy guapa y tengo un tipazo; mi cuerpo es estructura de acogida de mi ser, una estructura necesariamente cambiante y abierta… ¡no me obsesiona!”

Lo propio de los carnavales son los disfraces. En ellos, las máscaras suelen ser cuidadosamente seleccionadas. Puede que sepas que en la Grecia clásica el nombre dado a las caretas que colocaban sobre su rostro los actores -tanto para expresar emociones como para proyectar el sonido de sus voces- era prósopon; de él surge el término persona. Se puede distinguir entre personas que deambulan con máscaras sin ser época de carnavales y otras que optan por ir sin ellas permanentemente. Estas últimas emprendieron decididamente, entre fiesta y fiesta, el camino de la búsqueda de su verdadera identidad.

Un número considerable de jóvenes defienden que la vida puede vivirse en fragmentos donde uno puede cambiar de identidad sin hacerse problemas: se puede ser alumno ejemplar durante la mañana, cuidar de una abuela enferma por la tarde y vivir sin ningún tipo de límite la noche. Otros apuestan por una construcción integral de su singular identidad. En el fondo, todos tienen un deseo profundo de identidad, desean ser y se esfuerzan por existir plenamente.

Las identidades son dinámicas y abiertas, en relación constante con la ética como odisea de la libertad a lo largo de la vida. En la actualidad, la identidad la podemos adquirir comprándola en el mercado como cualquier otro producto; hemos pasado de ser individuos de iure a individuos de facto, diseñándonos la vida como si fuera un menú de opciones donde cada cual es soberano. Buen ejemplo de la posibilidad actual de construir nuestra identidad lo tenemos en la elaboración de nuestro propio avatar a través de los cuales nos identificamos en Facebook. Estamos en la cultura del avatar, y si nos descuidamos, podemos convertirnos en un alter ego que construimos a medida que lo mostramos en los chats o en las redes sociales; inclusive hay concursos en Facebook donde se premia la construcción del mejor avatar. Internet incita a cualquier usuario a ser otro diferente, a jugar con su subjetividad y la de otros; es escenario ideal donde el Juego del Ser puede desarrollarse y disfrutarse ampliamente. ¿Por qué deseamos construir identidades? Porque nos movemos en la cultura de la imagen, la cultura de los sentidos, la cultura del consumo, la cultura de la seducción. Los jóvenes, más que nadie, ponen en juego su libertad de elección para algo tan importante como la construcción de su identidad.

Hay un elemento integrador en la construcción de identidades algo olvidado: el silencio. Palabra y silencio son un binomio típicamente humano. Solo el hombre y la mujer saben conscientemente combinarlos. También podemos dividir a las personas entre aquellas que saben combinar el silencio y la palabra y otras que no lo saben hacer. Silencio y palabra son parte de una misma realidad, el lenguaje. Es notorio que, en nuestros contextos habituales, ha desaparecido el silencio. Incluso el espacio interior de los que callan más bien es tensión de una producción interior de palabras que, si no salen fuera, es solo por casualidad.

Hay jóvenes a los que el silencio les desconcierta. Hay otros a las que les tortura; estos buscan impulsivamente el ruido. Pero también hay jóvenes fascinados por el silencio que han advertido la trampa de la palabra. Sí, ya lo hemos señalado, en el umbral del tercer milenio han proliferado las ofertas para que, a través del silencio, se llegue a la relajación, al encuentro consigo mismo, al orden interior; porque el silencio lo que posibilita es el reencuentro del yo cuando, inevitablemente, por la actividad que llevamos y por todo lo que tenemos, nos perdemos en lo externo. Pascal hablaba agudamente de esto con la categoría divertissement, aquello que nos induce a perdernos en las cosas y a olvidar lo que realmente cuenta. En este sentido, la importancia del camino del silencio radica en que transitarlo nos permite poseernos a nosotros mismos. Digo lo que quiero y cuando quiero. Con frecuencia, un gesto muy sencillo nos delata: la mano sobre los labios cuando algunas palabras se nos han escapado; lo hace instintivamente quien se da cuenta de que ha dicho una tontería (Job 40,3-5). Este mismo gesto ayuda a atemperar las palabras –para que recuperen su espesor propio de comunicación-, para convertirlas en regalo, en vida.

A este perfil de jóvenes, que conscientemente buscan su identidad más genuina y aprecian el valor de la soledad y el silencio para ello, no les resulta disparatado -si antes se le ha abierto el apetito- la propuesta de conocer a Jesús de Nazaret a través de unos Ejercicios Espirituales acompañados. Dicha ocasión puede ser oportunidad para dejarse encontrar por Dios y reconocerse a sí mismo en relación con todo y con Él. ¿Estás convencido de que algunos jóvenes buscan saber quiénes son y que el Espíritu de Jesús Resucitado puede ofrecérselo? Hacer unos Ejercicios Espirituales es descubrir o redescubrir quién, qué y para qué somos, no como una lección recibida desde fuera, sino como una experiencia vivida desde dentro. Unos Ejercicios Espirituales despiertan y avivan el “deseo de anegarse en el Ser que nos da el ser”. El acompañante de los Ejercicios Espirituales puede aprovechar los puntos de partida, orientar en las acciones para trazar un camino, estar cercano en las interrupciones y caídas e ir ayudando a nombrar los frutos obtenidos.

3.2. Jóvenes que sOlo creen en el amor (1 Jn 4,8)
El triunfo del amor verdadero, Fantasyland

En Fantasyland conocemos a los héroes y los villanos de los cuentos de Disney, las luchas intrépidas que se establecen entre ellos en historias en las que el amor vence. Con el eco de la icónica canción “it’s a small world” se recorre un mundo plural donde instrumentos autóctonos de regiones muy diferentes – como gaitas escocesas, flautas peruanas y tambores tahitianos – tocan una sola melodía.

“Háblame de una persona con suficiente magnetismo como para ocupar un lugar privilegiado en el campo de fuerzas que configuran mis deseos y miedos, osadías y cobardías; de alguien que en la proximidad sea capaz de generar una experiencia que transforme mi vida; háblame de dónde reside su poder de seducción si me dices que a ti te ha seducido. Ya sé que es un personaje singular, ni héroe ni villano de tu cuento favorito; está escrito que es el Príncipe de la Paz, el Mesías esperado, el Hijo de Dios. ¡He escuchado y leído cosas! Dicen que con poderes mágicos provenientes de una apertura total a un Ser Supremo que dice ser su Padre, te invita a participar de la historia más maravillosa conocida, en la que el amor verdadero, a través de la pasión, triunfa. Háblame de Él si no tienes prisas y solo si eres feliz; con gente embaucadora y que desilusiona ya me he cruzado”

Me encanta la revelación que Dios hace de su propio ser a los seres humanos en términos personales: Jesús de Nazaret, su Hijo. ¡Qué mayor mensaje de esperanza puede proclamar un hombre de bien que la promesa de que algún día cantaremos en armonía perfecta todos los habitantes de este mundo antes de iniciar un gran banquete! ¡Y qué increíble que lo anticipase y lo hiciera real con la totalidad de su existencia! Palabras, silencios, gestos, actos… todo en la onda de ese único mensaje. ¿Qué harías si recibieras al menos uno de los siguientes whatshapp: Dios te invita a un fiestón, Una gran empresa te abre sus puertas, ¿Puedes encontrar la alegría que no se desinfla? ¿Reaccionarías preguntando quién, dónde, hay que pagar, quiénes van, cómo es eso, a mí por qué…? Dicen que “se va alzando aquí y allá, en las cuatro esquinas de nuestra doliente civilización, esa especie de murmullo de búsqueda de lo auténtico, de lo que es verdadero, de lo que recoge los sentimientos y anhelos más íntimos de cada ser humano”. Pero no vayamos con prisas, hablemos antes de dos elementos que marcan las relaciones afectivas de los jóvenes: la iniciativa y el temor.

Querer de verdad -con los gestos más que con las palabras- precisa vivenciar amor gratuito e incondicional, fiel y compasivo, impregnado cotidianamente de respeto y perdón; posteriormente, haber hecho de esa vivencia, a través de la reflexión pausada y afectiva, una experiencia. Cuando a los jóvenes se les distingue entre eros, filia y ágape, en relación a las cuestiones afectivas que dominan sus pulsiones, muchos confiesan que básicamente se mueven en el eros, otros también en la filia y, muy pocos, en el ágape. Indican que les falta recorrido, que aún se ven inmaduros para el verdadero amor, que les puede la cultura del sexo fácil y divertido. Lejos de adoptar una actitud pasiva en el amor, se encuentran más bien entre quienes se lanzan a `amar´. En este hecho, y en otros, muestran las características de su amor, prioritariamente erótico, que sabiamente fue expresado en una obra clásica, El Banquete de Platón: “En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre”. El mito platónico nos recuerda que el amor erótico fue concebido en una fiesta en honor del nacimiento de la belleza (Afrodita) por la pobreza (Penia) y el recurso (Poro). Podemos afirmar que es propio de la juventud buscar a tientas el ágape a través del eros. El cine, nutrido de realidad, lo refleja por ejemplo en Hermosa Juventud del Dir. Jaime Rosales (2015). En ella encontramos fragmentos significativos de una pareja de jóvenes sin recursos culturales de ningún tipo, desnortados, sin trabajo, a merced de los vientos que soplan.
Quizá sea más revelador de los signos de los tiempos actuales la necesidad de construir, mediante un diálogo abierto y acogedor de posturas diferentes, una nueva ética en el amor. Meditemos los siguientes datos:
a) La mayoría de las personas firmarían a favor de relaciones de pareja que durasen en armonía toda la vida, pero se observa un aumento en el número de separados, divorciados, con el consiguiente temor a un compromiso afectivo definitivo y excluyente; se habla de amor líquido por la fragilidad de los vínculos que se establecen (Z. Bauman).
b) En las sociedades más avanzadas se aboga por respetar e incluir en las legislaciones vigentes relaciones de pareja homosexuales, las familias monoparentales y la adopción de niños por personas del mismo sexo.
c) El voto de castidad es un hándicap insalvable para hombres con dones para el sacerdocio que se cuestiona, entre otras razones, por las consecuencias de la vivencia insana que a veces conlleva.

¿Podríamos deducir que hay un cierto caos social y eclesial en las diferentes posturas que podemos considerar válidas para colmar la vida afectiva a la vez que se respira una vuelta a lo esencial: el deseo de narrar en primera persona, lejos de prejuicios de todo tipo y sobre todo de temor (cf. 1 Jn 4,18), una historia de amor verdadero? Dice J. Melloni que el cristianismo, si es verdadero, tiene que estar al límite de la transgresión porque su mismo fundador fue un transgresor. En el terreno del amor, quizá la transgresión que esperan los jóvenes de los cristianos adultos es, por un lado, el testimonio de un amor comprometido hasta el extremo, y por otro lado, la apertura a nuevos intentos y formas de ser feliz en búsqueda de un amor verdadero.

En Jesús de Nazaret encontramos una luz guía para atravesar nuestras cegueras y poner nombre a nuestras torpezas en los anhelos de amar y ser amado. A su escucha, es posible aprender lo que es el amor y cómo amar. Más aún, ante Jesús de Nazaret podemos convencernos de venir de Dios e ir hacia Él en una vida sin morada donde el amor se concreta en obras de servicio. ¿Por qué está resultando tan difícil aprenderlo, vivirlo y transmitirlo a los jóvenes? Si creemos que la historia de la fe cristiana es la historia de una experiencia que se va transmitiendo de unas generaciones a otras, que esa experiencia es fruto del encuentro con Jesucristo que a través del Espíritu Santo nos habla de un Dios Amor, ¿por qué no logramos situar esta experiencia afectiva en el centro de nuestras acciones evangelizadoras con los jóvenes?

¿Dónde reside el poder de seducción de Jesús de Nazaret? En su libertad impregnada de amor y misericordia para con todos, en su capacidad de acogida y escucha para los excluidos y los sin voz, en su opción por el perdón incondicional ante lo que se juzga rápidamente como imperdonable; y sobre todo en la relación misteriosa que tiene con su Padre, al que se siente profundamente vinculado. Dejarte atraer llevará consigo que apliques los sentidos cuando estés ante Él y disponibilidad para que te transforme el corazón.

4. De la indecisión a la decisión
4.1. Jóvenes con altos niveles de adrenalina
Disfrutar una gran aventura, Frontierland

Subidos en un vagón de ferrocarril desbocado por una gran montaña sientes que has cometido una locura que te puede costar muy caro y te unes a los gritos de miedo y pavor que se oyen a tu alrededor. Lo curioso es observar a otros pasajeros que son capaces de contenerse y disfrutar a tope.

“Los deportes de riesgo se practican cada vez a edades más tempranas. De las diferentes modalidades de salto con cuerda, el puenting, el bungee jumping y el más rompedor, el rope jumping, al motocross, el paracaidismo o el skate… ¿Quién ha dicho que el miedo nos detiene a los jóvenes? Tengo la impresión de que el miedo habita cada vez más y detiene cada vez menos a las generaciones de jóvenes que se suceden. Con el impulso de las emociones, he aprendido vitalmente que lo más seguro no es siempre la mejor opción. Vibro cuando la adrenalina se dispara superando obstáculos que comportan riesgo e, incluso, defiendo que habituarse a experiencias peligrosas mejora la capacidad para evaluar los pros y los contras en las situaciones cotidianas”

Hablemos de la aventura de la conquista de la libertad desde una mente joven. “Si decidimos hacer de nuestra vida una aventura apasionante –salir de nuestra zona de seguridad, crecer, explorar y enfrentarnos a nuestros desafíos-, entonces experimentaremos lo que siente la gente cuando tiene una aventura apasionante: nuestro corazón se acelerará, nuestro cuerpo sudará, nuestro estómago se encogerá. El miedo se nos mostrará en todas su distintas variedades: desde la ansiedad hasta la inseguridad, desde el estrés hasta la duda acerca de nosotros mismos, desde la excitación hasta el pánico. Y a veces nuestra mente nos gritará: «¡Socorro!, ¡sacadme de aquí!, ¡quiero volver a atrás!, ¡esto es muy duro, no puedo con ello, no soy lo bastante bueno!». Sin embargo, si damos cabida a estos sentimientos, nos liberamos de esos pensamientos y nos comprometemos plenamente a actuar de acuerdo con nuestros valores, entonces seremos libres: libres para comportarnos como la persona que queremos ser; libres para hacer aquello que de verdad nos importa; libres para vivir nuestra vida con auténtica confianza”.

Por lo general, el joven se encuentra con un abanico abierto de posibilidades para ir encauzando su vida. Un elemento integrador vital para él será tomar decisiones, o lo que es lo mismo, salir de las indecisiones. Todos hemos experimentado que en algunas decisiones sentimos gravitar sobre nosotros un gran peso que nos atosiga. El ser humano se discierne en la decisión y se realiza en la acción, poniéndose de vez en cuando su plenitud en juego en opciones concretas. La premisa de cualquier decisión es la libertad interior. Sin libertad interior, el crecimiento humano se retuerce. Comprenderse y decidirse a partir de las cosas del mundo es existir inauténticamente, mientras comprenderse y decidirse a partir de sí mismo es existir auténticamente. ¡Ayudemos a los jóvenes a vivir desde la autenticidad! Podemos saber de nuestras ataduras internas por el desasosiego que nos producen. Hay que vencerlas y hacer opciones. Es la manera de ser cada vez más uno mismo. Hay que preguntarse: ¿me cuesta decidirme?, ¿en qué terrenos sobre todo?, ¿a qué se debe? Renunciar a hacer lo que importa es peor, en términos de salud, bienestar y satisfacción vital, que perseguir lo que importa y fracasar. De hecho, existencia inauténtica se corresponde con huida de sí, con dejarse prender por las cosas, vivir y perderse en las preocupaciones cotidianas, es la existencia del permanentemente atareado.

Hacer opciones conlleva diferenciarse. En el mundo juvenil está bien vista la indignación ante las injusticias y las acciones que de ellas se derivan. La solidaridad es aplaudida socialmente. Son también puestos en valor los jóvenes amantes de la naturaleza, lleguen a convertirse o no en defensores de ella perteneciendo a Greenpeace. Cada vez hay un mayor número de acciones evangelizadoras que cuentan con jóvenes solidarios o ecologistas siendo, solidaridad y ecología, las anclas para permanecer en la búsqueda de la experiencia personal de un Dios que puede resistirse.

En ambos campos, un evangelizador por excelencia, está abriendo puertas y siendo referente también para los jóvenes: el papa Francisco. Este `hombre normal´, se preocupa por todas las personas que lo rodean, desde un guardia suizo que no ha desayunado ni dormido, pasando por los niños que al calor del sol necesitan una gorra, hasta los prisioneros de una cárcel muy peligrosa, los inmigrantes que apuestan su vida en un travesía marítima, los cristianos que sufren en Siria… Además denuncia la «cultura del descarte» y convierte en noticia lo que los medios de comunicación ignoran por no reportar beneficios económicos. Un buen día, mucho antes de que se publicase Laudato si, pronuncia en una audiencia general un titular periodístico ideal: “la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana!”. Para él, ecología humana y ecología medioambiental van unidas.

Jóvenes solidarios y ecologistas pueden aportar novedad evangelizadora a través de iniciativas muy diversas, así como romper con el estigma de falta de compromiso que se asocia con los jóvenes. Vamos afianzándonos en la necesidad de cuidar el sentido de autoeficacia en los jóvenes para que sus aspiraciones sean altas y su compromiso fuerte con las metas que se establecen, así como descubriendo que transitar las interfaces –en este caso lo serían la solidaridad y la ecología a secas- como espacios de contacto, para abrir nuevas posibilidades de relación –fe y justicia-, es parte del actual desafío histórico.
4.2. Jóvenes que acogen una elección (cf. Jn 15,16)
Marcar el curso, Adventureland

Los aventureros no olvidan introducir una brújula en su mochila antes de embarcarse en intrépidas expediciones que prometen de entrada emoción e intriga. Es el caso de Indiana Jones en el templo perdido o de cualquiera que sea elegido para adentrarse en las tenebrosas junglas en The Jungle Cruise. Los grandes exploradores, aún con el peligro de quedarse solos en alguna encrucijada, saben que es mejor ir en grupo a buscar -con atrevimiento- el misterio.

“Ante nosotros existe una Presencia que es Luz oculta en la profundidad de lo real. Hay quienes al descubrirla se convierten en humildes portadores de ella. ¡Es formidable que estas personas se hayan cruzado en tu camino! Esta Luz ilumina espacios de vida, invita a transitar caminos de misericordia y se alía con verdades últimas a las que accedemos a trompicones por experiencias humanas. Yo la he descubierto y soy feliz dejándome iluminar por ella. No es cuestión de edad llegar a encontrarla. Es un regalo pero podemos tender la mano en espera de que nos lo den”.

Hay jóvenes que han oído: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). La persona de Jesús de Nazaret ejerce una atracción sobre ellos. Su luz les ayuda a poner nombre a sus necesidades ubicándolas en un contexto abierto y en relación con situaciones vitales diferentes, también les procura esperanza y dirección. De alguna manera esa luz se enciende en ellos convirtiéndoles en sus humildes portadores. Se trata de una experiencia compartida con otros. Esos otros son estímulo, refuerzo, compañía, don. Alguno de los jóvenes que han acogido la elección de Jesús de Nazaret ha mandado en estos días a las redes sociales una imagen con los logotipos de YouTube, Messenger, Facebook y Whatshapp y un simple texto: “Y dejando las redes lo siguieron…” (Mc 1,18).

5. Palabras finales

Lo real está en movimiento y, ante este hecho, nos podemos situar apostólicamente junto a Parménides, todos los cambios son transitorios, de ahí que no han de merecer especial consideración, es decir, de A a B lo que interesa no es el tránsito, sino A y B, o bien aproximarnos a Heráclito y emprender la aventura de hacer ciencia del devenir, porque consideremos que justamente lo que hay que tratar de explicar es el mundo del cambio, es decir, por qué A se convierte en B, cómo A se convierte en B, qué estructura coyuntural hace posible que A se convierta en B, qué circunstancias contingentes y cambiantes están determinando la despedida de A y la emocionada ceguera ante B… Se trata de una elección apostólica consciente y decidida entre Parménides o Heráclito, y nos decidimos, atendiendo a los signos de los tiempos actuales, por el segundo.

En la Evangelización de/con Jóvenes es necesario optar por disponerse a pensar sin certezas una realidad resultado de mutaciones constantes, analizando el tránsito, el paso, el puente, ya que se percibe que los nuevos escenarios en los que transcurren nuestras vidas, muy especialmente la de los jóvenes, están caracterizados por la movilidad, la flexibilidad, la conexión. El tiempo actual invita, a todo aquel que desea transmitir la fe en Jesús de Nazaret, a situarse como agente de evangelización que ofrece la realidad interpretada desde la óptica de una mirada joven, una versión entre las múltiples posibles, que ubique positiva y esperanzadoramente en los contornos aún imprecisos de una nueva cultura. Desde aquí se pueden detectar jóvenes evangelizadores en potencia. Hace tiempo que se acabó la época de la cristiandad; ahora están abiertas las puertas que ofrecen las posibilidades de la auténtica fe cristiana. La fe, como opción personal gracias a un encuentro con Jesús de Nazaret, se acentúa.

Benedicto XVI: “En el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas (…). Los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado”.

Para hablar de esta crisis de fe hoy no resultan del todo ajenas y extrañas las razones ya expuestas por el teólogo Karl Rahner (1904-1984) en la década de los años cincuenta: el pluralismo sociológico e ideológico –en el pluralismo de las convicciones y de las visiones del mundo, propio de una sociedad abierta, resulta más difícil transmitir la verdad cristiana-, la explosión de conocimientos -una ampliación de los conocimientos en todos los campos del saber hace particularmente difícil realizar una síntesis cristiana- y una especie de anquilosamiento de los conceptos teológicos que, tras siglos de rutina e incuria teológica, no responden ya a los interrogantes que surgen en las diferentes situaciones sociales y culturales. El quid de la cuestión es el mismo que en épocas pasadas: no se trata solo de saber, vivir y celebrar la fe, sino de comprender la vida que, dicho sea, en los últimos sesenta años se ha hecho más compleja y, por tanto, más enigmática.

Con el pontificado de Francisco (2013), asistimos a un interés creciente por el misterio de Dios o de lo divino y se abren las posibilidades de transmitir la auténtica fe cristiana a las nuevas generaciones en el ámbito eclesial de manera renovada, dejando situarse a Jesucristo en el centro. Los puntos de conexión los descubrimos en contacto con ellos: en sus interrogantes, miedos y capacidad de arriesgar, en aquello que les hace estar alegres y sentirse ellos mismos, en gestos misericordiosos y expresiones de amor… A partir de ahí se requieren ayudas humildes, amables, audaces, pacientes y con autoridad de verdaderos discípulos en la teología, la espiritualidad y la pastoral.

Las identidades son dinámicas y abiertas, en relación constante con la ética como odisea de la libertad a lo largo de la vida. En la actualidad, la identidad la podemos adquirir comprándola en el mercado como cualquier otro producto; hemos pasado de ser individuos de iure a individuos de facto, diseñándonos la vida como si fuera un menú de opciones donde cada cual es soberano. Buen ejemplo de la posibilidad actual de construir nuestra identidad lo tenemos en la elaboración de nuestro propio avatar a través de los cuales nos identificamos en Facebook. Estamos en la cultura del avatar, y si nos descuidamos, podemos convertirnos en un alter ego que construimos a medida que lo mostramos en los chats o en las redes sociales; inclusive hay concursos en Facebook donde se premia la construcción del mejor avatar. Internet incita a cualquier usuario a ser otro diferente, a jugar con su subjetividad y la de otros; es escenario ideal donde el Juego del Ser puede desarrollarse y disfrutarse ampliamente. ¿Por qué deseamos construir identidades? Porque nos movemos en la cultura de la imagen, la cultura de los sentidos, la cultura del consumo, la cultura de la seducción. Los jóvenes, más que nadie, ponen en juego su libertad de elección para algo tan importante como la construcción de su identidad.

Hay un elemento integrador en la construcción de identidades algo olvidado: el silencio. Palabra y silencio son un binomio típicamente humano. Solo el hombre y la mujer saben conscientemente combinarlos. También podemos dividir a las personas entre aquellas que saben combinar el silencio y la palabra y otras que no lo saben hacer. Silencio y palabra son parte de una misma realidad, el lenguaje. Es notorio que, en nuestros contextos habituales, ha desaparecido el silencio. Incluso el espacio interior de los que callan más bien es tensión de una producción interior de palabras que, si no salen fuera, es solo por casualidad.

Hay jóvenes a los que el silencio les desconcierta. Hay otros a las que les tortura; estos buscan impulsivamente el ruido. Pero también hay jóvenes fascinados por el silencio que han advertido la trampa de la palabra. Sí, ya lo hemos señalado, en el umbral del tercer milenio han proliferado las ofertas para que, a través del silencio, se llegue a la relajación, al encuentro consigo mismo, al orden interior; porque el silencio lo que posibilita es el reencuentro del yo cuando, inevitablemente, por la actividad que llevamos y por todo lo que tenemos, nos perdemos en lo externo. Pascal hablaba agudamente de esto con la categoría divertissement, aquello que nos induce a perdernos en las cosas y a olvidar lo que realmente cuenta. En este sentido, la importancia del camino del silencio radica en que transitarlo nos permite poseernos a nosotros mismos. Digo lo que quiero y cuando quiero. Con frecuencia, un gesto muy sencillo nos delata: la mano sobre los labios cuando algunas palabras se nos han escapado; lo hace instintivamente quien se da cuenta de que ha dicho una tontería (Job 40,3-5). Este mismo gesto ayuda a atemperar las palabras –para que recuperen su espesor propio de comunicación-, para convertirlas en regalo, en vida.

A este perfil de jóvenes, que conscientemente buscan su identidad más genuina y aprecian el valor de la soledad y el silencio para ello, no les resulta disparatado -si antes se le ha abierto el apetito- la propuesta de conocer a Jesús de Nazaret a través de unos Ejercicios Espirituales acompañados. Dicha ocasión puede ser oportunidad para dejarse encontrar por Dios y reconocerse a sí mismo en relación con todo y con Él. ¿Estás convencido de que algunos jóvenes buscan saber quiénes son y que el Espíritu de Jesús Resucitado puede ofrecérselo? Hacer unos Ejercicios Espirituales es descubrir o redescubrir quién, qué y para qué somos, no como una lección recibida desde fuera, sino como una experiencia vivida desde dentro. Unos Ejercicios Espirituales despiertan y avivan el “deseo de anegarse en el Ser que nos da el ser”. El acompañante de los Ejercicios Espirituales puede aprovechar los puntos de partida, orientar en las acciones para trazar un camino, estar cercano en las interrupciones y caídas e ir ayudando a nombrar los frutos obtenidos.

3.2. Jóvenes que sOlo creen en el amor (1 Jn 4,8)
El triunfo del amor verdadero, Fantasyland

En Fantasyland conocemos a los héroes y los villanos de los cuentos de Disney, las luchas intrépidas que se establecen entre ellos en historias en las que el amor vence. Con el eco de la icónica canción “it’s a small world” se recorre un mundo plural donde instrumentos autóctonos de regiones muy diferentes – como gaitas escocesas, flautas peruanas y tambores tahitianos – tocan una sola melodía.

“Háblame de una persona con suficiente magnetismo como para ocupar un lugar privilegiado en el campo de fuerzas que configuran mis deseos y miedos, osadías y cobardías; de alguien que en la proximidad sea capaz de generar una experiencia que transforme mi vida; háblame de dónde reside su poder de seducción si me dices que a ti te ha seducido. Ya sé que es un personaje singular, ni héroe ni villano de tu cuento favorito; está escrito que es el Príncipe de la Paz, el Mesías esperado, el Hijo de Dios. ¡He escuchado y leído cosas! Dicen que con poderes mágicos provenientes de una apertura total a un Ser Supremo que dice ser su Padre, te invita a participar de la historia más maravillosa conocida, en la que el amor verdadero, a través de la pasión, triunfa. Háblame de Él si no tienes prisas y solo si eres feliz; con gente embaucadora y que desilusiona ya me he cruzado”

Me encanta la revelación que Dios hace de su propio ser a los seres humanos en términos personales: Jesús de Nazaret, su Hijo. ¡Qué mayor mensaje de esperanza puede proclamar un hombre de bien que la promesa de que algún día cantaremos en armonía perfecta todos los habitantes de este mundo antes de iniciar un gran banquete! ¡Y qué increíble que lo anticipase y lo hiciera real con la totalidad de su existencia! Palabras, silencios, gestos, actos… todo en la onda de ese único mensaje. ¿Qué harías si recibieras al menos uno de los siguientes whatshapp: Dios te invita a un fiestón, Una gran empresa te abre sus puertas, ¿Puedes encontrar la alegría que no se desinfla? ¿Reaccionarías preguntando quién, dónde, hay que pagar, quiénes van, cómo es eso, a mí por qué…? Dicen que “se va alzando aquí y allá, en las cuatro esquinas de nuestra doliente civilización, esa especie de murmullo de búsqueda de lo auténtico, de lo que es verdadero, de lo que recoge los sentimientos y anhelos más íntimos de cada ser humano”. Pero no vayamos con prisas, hablemos antes de dos elementos que marcan las relaciones afectivas de los jóvenes: la iniciativa y el temor.

Querer de verdad -con los gestos más que con las palabras- precisa vivenciar amor gratuito e incondicional, fiel y compasivo, impregnado cotidianamente de respeto y perdón; posteriormente, haber hecho de esa vivencia, a través de la reflexión pausada y afectiva, una experiencia. Cuando a los jóvenes se les distingue entre eros, filia y ágape, en relación a las cuestiones afectivas que dominan sus pulsiones, muchos confiesan que básicamente se mueven en el eros, otros también en la filia y, muy pocos, en el ágape. Indican que les falta recorrido, que aún se ven inmaduros para el verdadero amor, que les puede la cultura del sexo fácil y divertido. Lejos de adoptar una actitud pasiva en el amor, se encuentran más bien entre quienes se lanzan a `amar´. En este hecho, y en otros, muestran las características de su amor, prioritariamente erótico, que sabiamente fue expresado en una obra clásica, El Banquete de Platón: “En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre”. El mito platónico nos recuerda que el amor erótico fue concebido en una fiesta en honor del nacimiento de la belleza (Afrodita) por la pobreza (Penia) y el recurso (Poro). Podemos afirmar que es propio de la juventud buscar a tientas el ágape a través del eros. El cine, nutrido de realidad, lo refleja por ejemplo en Hermosa Juventud del Dir. Jaime Rosales (2015). En ella encontramos fragmentos significativos de una pareja de jóvenes sin recursos culturales de ningún tipo, desnortados, sin trabajo, a merced de los vientos que soplan.
Quizá sea más revelador de los signos de los tiempos actuales la necesidad de construir, mediante un diálogo abierto y acogedor de posturas diferentes, una nueva ética en el amor. Meditemos los siguientes datos:
a) La mayoría de las personas firmarían a favor de relaciones de pareja que durasen en armonía toda la vida, pero se observa un aumento en el número de separados, divorciados, con el consiguiente temor a un compromiso afectivo definitivo y excluyente; se habla de amor líquido por la fragilidad de los vínculos que se establecen (Z. Bauman).
b) En las sociedades más avanzadas se aboga por respetar e incluir en las legislaciones vigentes relaciones de pareja homosexuales, las familias monoparentales y la adopción de niños por personas del mismo sexo.
c) El voto de castidad es un hándicap insalvable para hombres con dones para el sacerdocio que se cuestiona, entre otras razones, por las consecuencias de la vivencia insana que a veces conlleva.

¿Podríamos deducir que hay un cierto caos social y eclesial en las diferentes posturas que podemos considerar válidas para colmar la vida afectiva a la vez que se respira una vuelta a lo esencial: el deseo de narrar en primera persona, lejos de prejuicios de todo tipo y sobre todo de temor (cf. 1 Jn 4,18), una historia de amor verdadero? Dice J. Melloni que el cristianismo, si es verdadero, tiene que estar al límite de la transgresión porque su mismo fundador fue un transgresor. En el terreno del amor, quizá la transgresión que esperan los jóvenes de los cristianos adultos es, por un lado, el testimonio de un amor comprometido hasta el extremo, y por otro lado, la apertura a nuevos intentos y formas de ser feliz en búsqueda de un amor verdadero.

En Jesús de Nazaret encontramos una luz guía para atravesar nuestras cegueras y poner nombre a nuestras torpezas en los anhelos de amar y ser amado. A su escucha, es posible aprender lo que es el amor y cómo amar. Más aún, ante Jesús de Nazaret podemos convencernos de venir de Dios e ir hacia Él en una vida sin morada donde el amor se concreta en obras de servicio. ¿Por qué está resultando tan difícil aprenderlo, vivirlo y transmitirlo a los jóvenes? Si creemos que la historia de la fe cristiana es la historia de una experiencia que se va transmitiendo de unas generaciones a otras, que esa experiencia es fruto del encuentro con Jesucristo que a través del Espíritu Santo nos habla de un Dios Amor, ¿por qué no logramos situar esta experiencia afectiva en el centro de nuestras acciones evangelizadoras con los jóvenes?

¿Dónde reside el poder de seducción de Jesús de Nazaret? En su libertad impregnada de amor y misericordia para con todos, en su capacidad de acogida y escucha para los excluidos y los sin voz, en su opción por el perdón incondicional ante lo que se juzga rápidamente como imperdonable; y sobre todo en la relación misteriosa que tiene con su Padre, al que se siente profundamente vinculado. Dejarte atraer llevará consigo que apliques los sentidos cuando estés ante Él y disponibilidad para que te transforme el corazón.

4. De la indecisión a la decisión
4.1. Jóvenes con altos niveles de adrenalina
Disfrutar una gran aventura, Frontierland

Subidos en un vagón de ferrocarril desbocado por una gran montaña sientes que has cometido una locura que te puede costar muy caro y te unes a los gritos de miedo y pavor que se oyen a tu alrededor. Lo curioso es observar a otros pasajeros que son capaces de contenerse y disfrutar a tope.

“Los deportes de riesgo se practican cada vez a edades más tempranas. De las diferentes modalidades de salto con cuerda, el puenting, el bungee jumping y el más rompedor, el rope jumping, al motocross, el paracaidismo o el skate… ¿Quién ha dicho que el miedo nos detiene a los jóvenes? Tengo la impresión de que el miedo habita cada vez más y detiene cada vez menos a las generaciones de jóvenes que se suceden. Con el impulso de las emociones, he aprendido vitalmente que lo más seguro no es siempre la mejor opción. Vibro cuando la adrenalina se dispara superando obstáculos que comportan riesgo e, incluso, defiendo que habituarse a experiencias peligrosas mejora la capacidad para evaluar los pros y los contras en las situaciones cotidianas”

Hablemos de la aventura de la conquista de la libertad desde una mente joven. “Si decidimos hacer de nuestra vida una aventura apasionante –salir de nuestra zona de seguridad, crecer, explorar y enfrentarnos a nuestros desafíos-, entonces experimentaremos lo que siente la gente cuando tiene una aventura apasionante: nuestro corazón se acelerará, nuestro cuerpo sudará, nuestro estómago se encogerá. El miedo se nos mostrará en todas su distintas variedades: desde la ansiedad hasta la inseguridad, desde el estrés hasta la duda acerca de nosotros mismos, desde la excitación hasta el pánico. Y a veces nuestra mente nos gritará: «¡Socorro!, ¡sacadme de aquí!, ¡quiero volver a atrás!, ¡esto es muy duro, no puedo con ello, no soy lo bastante bueno!». Sin embargo, si damos cabida a estos sentimientos, nos liberamos de esos pensamientos y nos comprometemos plenamente a actuar de acuerdo con nuestros valores, entonces seremos libres: libres para comportarnos como la persona que queremos ser; libres para hacer aquello que de verdad nos importa; libres para vivir nuestra vida con auténtica confianza”.

Por lo general, el joven se encuentra con un abanico abierto de posibilidades para ir encauzando su vida. Un elemento integrador vital para él será tomar decisiones, o lo que es lo mismo, salir de las indecisiones. Todos hemos experimentado que en algunas decisiones sentimos gravitar sobre nosotros un gran peso que nos atosiga. El ser humano se discierne en la decisión y se realiza en la acción, poniéndose de vez en cuando su plenitud en juego en opciones concretas. La premisa de cualquier decisión es la libertad interior. Sin libertad interior, el crecimiento humano se retuerce. Comprenderse y decidirse a partir de las cosas del mundo es existir inauténticamente, mientras comprenderse y decidirse a partir de sí mismo es existir auténticamente. ¡Ayudemos a los jóvenes a vivir desde la autenticidad! Podemos saber de nuestras ataduras internas por el desasosiego que nos producen. Hay que vencerlas y hacer opciones. Es la manera de ser cada vez más uno mismo. Hay que preguntarse: ¿me cuesta decidirme?, ¿en qué terrenos sobre todo?, ¿a qué se debe? Renunciar a hacer lo que importa es peor, en términos de salud, bienestar y satisfacción vital, que perseguir lo que importa y fracasar. De hecho, existencia inauténtica se corresponde con huida de sí, con dejarse prender por las cosas, vivir y perderse en las preocupaciones cotidianas, es la existencia del permanentemente atareado.

Hacer opciones conlleva diferenciarse. En el mundo juvenil está bien vista la indignación ante las injusticias y las acciones que de ellas se derivan. La solidaridad es aplaudida socialmente. Son también puestos en valor los jóvenes amantes de la naturaleza, lleguen a convertirse o no en defensores de ella perteneciendo a Greenpeace. Cada vez hay un mayor número de acciones evangelizadoras que cuentan con jóvenes solidarios o ecologistas siendo, solidaridad y ecología, las anclas para permanecer en la búsqueda de la experiencia personal de un Dios que puede resistirse.

En ambos campos, un evangelizador por excelencia, está abriendo puertas y siendo referente también para los jóvenes: el papa Francisco. Este `hombre normal´, se preocupa por todas las personas que lo rodean, desde un guardia suizo que no ha desayunado ni dormido, pasando por los niños que al calor del sol necesitan una gorra, hasta los prisioneros de una cárcel muy peligrosa, los inmigrantes que apuestan su vida en un travesía marítima, los cristianos que sufren en Siria… Además denuncia la «cultura del descarte» y convierte en noticia lo que los medios de comunicación ignoran por no reportar beneficios económicos. Un buen día, mucho antes de que se publicase Laudato si, pronuncia en una audiencia general un titular periodístico ideal: “la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana!”. Para él, ecología humana y ecología medioambiental van unidas.

Jóvenes solidarios y ecologistas pueden aportar novedad evangelizadora a través de iniciativas muy diversas, así como romper con el estigma de falta de compromiso que se asocia con los jóvenes. Vamos afianzándonos en la necesidad de cuidar el sentido de autoeficacia en los jóvenes para que sus aspiraciones sean altas y su compromiso fuerte con las metas que se establecen, así como descubriendo que transitar las interfaces –en este caso lo serían la solidaridad y la ecología a secas- como espacios de contacto, para abrir nuevas posibilidades de relación –fe y justicia-, es parte del actual desafío histórico.
4.2. Jóvenes que acogen una elección (cf. Jn 15,16)
Marcar el curso, Adventureland

Los aventureros no olvidan introducir una brújula en su mochila antes de embarcarse en intrépidas expediciones que prometen de entrada emoción e intriga. Es el caso de Indiana Jones en el templo perdido o de cualquiera que sea elegido para adentrarse en las tenebrosas junglas en The Jungle Cruise. Los grandes exploradores, aún con el peligro de quedarse solos en alguna encrucijada, saben que es mejor ir en grupo a buscar -con atrevimiento- el misterio.

“Ante nosotros existe una Presencia que es Luz oculta en la profundidad de lo real. Hay quienes al descubrirla se convierten en humildes portadores de ella. ¡Es formidable que estas personas se hayan cruzado en tu camino! Esta Luz ilumina espacios de vida, invita a transitar caminos de misericordia y se alía con verdades últimas a las que accedemos a trompicones por experiencias humanas. Yo la he descubierto y soy feliz dejándome iluminar por ella. No es cuestión de edad llegar a encontrarla. Es un regalo pero podemos tender la mano en espera de que nos lo den”.

Hay jóvenes que han oído: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). La persona de Jesús de Nazaret ejerce una atracción sobre ellos. Su luz les ayuda a poner nombre a sus necesidades ubicándolas en un contexto abierto y en relación con situaciones vitales diferentes, también les procura esperanza y dirección. De alguna manera esa luz se enciende en ellos convirtiéndoles en sus humildes portadores. Se trata de una experiencia compartida con otros. Esos otros son estímulo, refuerzo, compañía, don. Alguno de los jóvenes que han acogido la elección de Jesús de Nazaret ha mandado en estos días a las redes sociales una imagen con los logotipos de YouTube, Messenger, Facebook y Whatshapp y un simple texto: “Y dejando las redes lo siguieron…” (Mc 1,18).

5. Palabras finales

Lo real está en movimiento y, ante este hecho, nos podemos situar apostólicamente junto a Parménides, todos los cambios son transitorios, de ahí que no han de merecer especial consideración, es decir, de A a B lo que interesa no es el tránsito, sino A y B, o bien aproximarnos a Heráclito y emprender la aventura de hacer ciencia del devenir, porque consideremos que justamente lo que hay que tratar de explicar es el mundo del cambio, es decir, por qué A se convierte en B, cómo A se convierte en B, qué estructura coyuntural hace posible que A se convierta en B, qué circunstancias contingentes y cambiantes están determinando la despedida de A y la emocionada ceguera ante B… Se trata de una elección apostólica consciente y decidida entre Parménides o Heráclito, y nos decidimos, atendiendo a los signos de los tiempos actuales, por el segundo.

En la Evangelización de/con Jóvenes es necesario optar por disponerse a pensar sin certezas una realidad resultado de mutaciones constantes, analizando el tránsito, el paso, el puente, ya que se percibe que los nuevos escenarios en los que transcurren nuestras vidas, muy especialmente la de los jóvenes, están caracterizados por la movilidad, la flexibilidad, la conexión. El tiempo actual invita, a todo aquel que desea transmitir la fe en Jesús de Nazaret, a situarse como agente de evangelización que ofrece la realidad interpretada desde la óptica de una mirada joven, una versión entre las múltiples posibles, que ubique positiva y esperanzadoramente en los contornos aún imprecisos de una nueva cultura. Desde aquí se pueden detectar jóvenes evangelizadores en potencia. Hace tiempo que se acabó la época de la cristiandad; ahora están abiertas las puertas que ofrecen las posibilidades de la auténtica fe cristiana. La fe, como opción personal gracias a un encuentro con Jesús de Nazaret, se acentúa.

Benedicto XVI: “En el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas (…). Los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado”.

Para hablar de esta crisis de fe hoy no resultan del todo ajenas y extrañas las razones ya expuestas por el teólogo Karl Rahner (1904-1984) en la década de los años cincuenta: el pluralismo sociológico e ideológico –en el pluralismo de las convicciones y de las visiones del mundo, propio de una sociedad abierta, resulta más difícil transmitir la verdad cristiana-, la explosión de conocimientos -una ampliación de los conocimientos en todos los campos del saber hace particularmente difícil realizar una síntesis cristiana- y una especie de anquilosamiento de los conceptos teológicos que, tras siglos de rutina e incuria teológica, no responden ya a los interrogantes que surgen en las diferentes situaciones sociales y culturales. El quid de la cuestión es el mismo que en épocas pasadas: no se trata solo de saber, vivir y celebrar la fe, sino de comprender la vida que, dicho sea, en los últimos sesenta años se ha hecho más compleja y, por tanto, más enigmática.

Con el pontificado de Francisco (2013), asistimos a un interés creciente por el misterio de Dios o de lo divino y se abren las posibilidades de transmitir la auténtica fe cristiana a las nuevas generaciones en el ámbito eclesial de manera renovada, dejando situarse a Jesucristo en el centro. Los puntos de conexión los descubrimos en contacto con ellos: en sus interrogantes, miedos y capacidad de arriesgar, en aquello que les hace estar alegres y sentirse ellos mismos, en gestos misericordiosos y expresiones de amor… A partir de ahí se requieren ayudas humildes, amables, audaces, pacientes y con autoridad de verdaderos discípulos en la teología, la espiritualidad y la pastoral.

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