JAVIER, SEMINARISTA NECESITAS ENCONTRAR TU SITIO – Luis Manuel Suárez

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Nos acercamos hoy a la vida de otro joven buscador. Es un joven adulto que lleva varios años recorriendo un camino para el que se ha sentido llamado. Él mismo se presenta: «Soy Javi Prieto, seminarista de Zamora. Tengo 33 años y estoy comenzando 5º de Teología en la UPSA. Vivo en Salamanca, en el Teologado de la Diócesis de Ávila, donde me formo con seminaristas de Ávila, Palencia, Plasencia, Salamanca, Segovia y Zamora. Antes de entrar al Seminario estudié Derecho- ADE, y trabajé en el ámbito financiero y cultural».

«Cristo vive y te quiere vivo»: ¿qué te sugiere esta frase?

Una llamada permanente a no perder de vista que nuestra fe es una fe viva y vivificante. La fe que nace de nuestra relación con el Resucitado tiene que llevarnos a mostrarle en nuestra vida y con nuestra vida, no podemos ser cobardes y esconderla.

¿Cómo llegaste a descubrir que Dios te podía llamar a ser sacerdote?

Es una suma de señales que en un momento unes y no puedes seguir ignorando. En mi caso va muy unido a la pregunta por cuál era mi lugar en el mundo. Había logrado la ansiada «salida profesional», pero necesitas algo más que una vida profesional, necesitas encontrar tu sitio. Un amigo me ayudó a preguntarme si la respuesta podría ser una vocación sacerdotal y me di cuenta de que esa respuesta había aparecido en muchos momentos puntuales de mi vida, donde me había sentido cuestionado por la vida sacerdotal.

Francisco, en un mensaje reciente, habla de «las cuatro palabras de la vocación: gratitud, ánimo, fatiga y alabanza». ¿Cuáles serían las palabras de tu vocación?

No es fácil escoger cuatro palabras representativas, pero ahora mismo diría: don, agradecimiento, camino y responsabilidad. Cuando uno entra en el seminario, al menos en mi caso, lo hace con muchas ideas preconcebidas que van cayendo al darte cuenta de que la vocación es un don, del que no eres merecedor por tus méritos y al que debes ir poco a poco haciendo sitio en tu vida. Vivir la vocación como don te hace darte cuenta de la necesidad de estar agradecido a todos los que cuidan de tu vocación de muchas y diversas maneras: familia, formadores, amigos, compañeros del seminario, muchas personas que van ayudándote a caminar. La vocación no es una meta que se alcance al entrar al seminario o al ordenarse, es un camino de vida en el que cada día debes atreverte a dar el paso siguiente, con la única seguridad de que el Guía sabe el camino. Por eso no puede vivirse sino desde la responsabilidad, la responsabilidad por el don recibido, por los que te ayudan a conservarlo y por tantos con los que estás llamado a compartirlo.

 

Muchas gracias, Javier, por tu vida y por tu testimonio de joven buscador, que quiere hacer de su existencia una respuesta al Amor grande de Dios, sirviendo 24/365 a la comunidad cristiana. ¡Mucho ánimo en tu camino!

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